Sucesos en Zamora
La asistenta acusada de estafa en Zamora dice que fue la dueña quien le dio la tarjeta y el pin
Su abogado cree que se le imputan compras y extracciones bancarias en Benavente que pudieron hacer otras personas

La acusada de estafa, en el juicio celebrado en la Audiencia de Zamora / J.N.
La Audiencia Provincial de Zamora ha dejado visto para sentencia el juicio contra D.D.S.M., una empleada de hogar acusada de utilizar la tarjeta bancaria de la anciana a la que cuidaba en Benavente para sacar 25.180 euros del cajero automático del banco y gastar otros 8.700 euros en compras mediante este medio electrónico de pago. La acusación ha llevado a la Fiscalía a pedir dos años de prisión por estafa y a la acusación particular elevar la pena a 4 años, en tanto que el abogado defensor solicita la libre absolución de su patrocinada.
Y es que según la acusada siempre que realizó algunas compras en comercio o sacó dinero del cajero lo hizo con la tarjeta que le facilitaba la anciana a la que asistía, que le proporcionó también el PIN e incluso una autorización por si le ponían pegas en algún establecimiento al no coincidir el titular del documento bancario con la identidad de la persona que lo estaba utilizando.
La acusada reconoció haber realizado compras que pagaba con la tarjeta para la persona a la que atendía, como una bicicleta, otras adquisiciones para cosas propias con esa misma tarjeta, siempre con autorización de su titular y devolviéndole el dinero y por último, extracciones bancarias para entregárselas inmediatamente a su empleadora.
La versión de la víctima
La presunta víctima, T.L.P.P., de 89 años en el momento de los hechos, aunque conserva toda su lucidez, explicó que D.D.S.M. trabajaba para ella sobre todo en la limpieza de la casa un par de horas durante tres días a la semana por un precio de 12 euros (15 según la empleada) que abonaba mensualmente. La denunciante solo reconoció que le había dejado la tarjeta y el pin a su asistenta para comprar unos yogures, aunque también admitió que la adquisición de la bicicleta se hizo con tarjeta, pin y autorización y de hecho el dueño del establecimiento le llamó personalmente para cercionarse de la licitud de la compra.
Sin embargo, esta señora y su abogado acusan a la asistenta de haber realizado otras muchas compras y retiradas de efectivo, de las cuales D.D.S.M. solo reconoce aquellas en las que hay pruebas de que fue ella la que realizó las operaciones: uso de un cajero para sacar dos mil euros (en el resto de casos las imágenes ya se habían borrado por el tiempo transcurrido), el cambio de dos ruedas para el coche de su novio, la compra de un reloj Apple en León para su hijo o la adquisición de pintura. También indicó que compraba cremas por Internet para su empleadora, que le servían a la anciana en su domicilio.
Además, le imputan muchas más compras y retiradas de efectivo de las que no hay pruebas fehacientes pero sí indicios. Por ejemplo, la compra de comida para perros, cuando la dueña de la tarjeta no tiene mascotas y la asistenta sí. Es lo que creen también los investigadores de la Guardia Civil que se hicieron cargo del caso.
La conclusión, para el abogado de la acusación, es que estamos ante un delito de estafa reiterada con la agravante de abuso de confianza, debido a la relación que mantenía la asistenta con la anciana, que llevó a esta a bajar la guardia sin percatarse de que podía estar birlándole el dinero de la cuenta hasta un día que acudió al banco a realizar una gestión y la empleada le alertó sobre las continuas compras y retiradas de efectivo con la tarjeta que le hacían sospechar que era víctima de una estafa.
El resultado serían cuatro años de prisión, multa de diez meses a razón de 20 euros diarios y el pago de una indemnización de 33.880 euros a la estafada.
La hipótesis de otra persona usuaria de la tarjeta
El abogado defensor, por su parte, entiende que su patrocinada ha explicado perfectamente como sucedieron los hechos en todas y cada una de las operaciones probadas. Pero es que, además, constata que existen otra serie de operaciones que se intentan atribuir a D.D.S.M. Y a mayores de esas otras muchas más compras en un rosario de establecimientos de la ciudad y retiradas de efectivo que según la dueña de la tarjeta ella no hizo, pero que tampoco se le atribuyen a su asistenta. Es decir, según su versión está claro que había alguien más que utilizó la tarjeta para compras y retirada de efectivo en el año 2020, bien sea en marido de la empleadora o bien otras personas que tuvieran acceso al domicilio, caso de los sobrinos.
Es esta falta de pruebas plantea la petición de libre absolución de su patrocinada, que en ningún caso podría ser condenada por estafa agravada por el abuso de confianza, que no es automático entre un anciano y su empleada doméstica. De hecho la propia perjudicada declaró que su empleada se dedicaba solo a las tareas domésticas o acompañarla al médico o a alguna compra, pero se aseaba y vestía sola, recordó el letrado.
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