Sucesos en Zamora
"¡Mis dos besos!", el saludo obligado del industrial de Villaralbo a las menores
El acusado de violar y abusar sexualmente de seis niñas les hacía regalos para reclamarles "me debes una visita en mi casa", afirman

El acusado,Pedro F.R., a su llegada desde Topas al juicio celebrado en la Audiencia. / Batide Machado (Archivo)
La bienvenida a las fiestas de pijamas en su domicilio se iniciaba siempre con la misma petición por parte del industrial de Villaralbo a las menores de edad: "¡Mis dos besos!". La frase de Pedro F.R. colocaba en alerta a las seis niñas, confesaron en el juicio celebrado contra quien era el padre de dos de sus amigas ante la Audiencia de Zamora, acusado de violarlas y abusar sexualmente de ellas. Las seis recordaron que el imputado solía acabar estampando el beso en su boca porque giraba la cara de forma imprevista para conseguirlo.
A ese beso de bienvenida, siguió el deslizamiento de la mano en el culo de las menores, otra forma de acercamiento que las incomodaba y que terminó, según relataron las denunciantes, en tocamientos en pechos, culo, vagina y penetración con los dedos disfrazados de falsos masajes, delitos que podrían dejar en la cárcel a Pedro F. R. durante 54 años a petición de la Fiscalía de Zamora.

El procesado minutos antes de inciarse la primera jornada de la vista oral. | Jose Luis Fernández (Archivo)
Los regalos de teléfonos móviles caros, de tablets, la compra de ropa o la entrega de dinero para sus caprichos terminarían siendo otra moneda de cambio, apuntaron las menores. A cada entrega, le seguía un "me debes una visita en mi casa" que escondía otro abuso sexual u otra violación, afirmaron las niñas a preguntas de la Fiscalía y de los abogados de la acusación.
Sin perder la compostura, Pedro F.R. escuchó a cada una de las niñas sin mostrar un ápice de conmoción por los horrores descritos durante el juicio celebrado la semana pasada. Casi siete horas de interrogatorio de las menores para describir al detalle cómo iban cayendo en las manos del procesado, del industrial experto informático en su casa de Villaralbo, desde que las menores tenían entre 9 o 10 años y hasta que denunciaron, con 16 años la mas mayor.
"Su hija me dijo "por favor no subas a su habitación", por eso me libre de los abusos y violaciones"
Las fiestas de pijamas, en principio inocentes, que él mismo organizaba y en las que solo estaba él como adulto, terminarían siendo la trampa perfecta para niñas, según el auto de imputación del Juzgado y la acusación de la Fiscalía de Zamora que subraya que a esas edades tan cortas desconocen todo del sexo y no comprenden qué está pasándoles, qué hace ese adulto en el que confían, que les hace regalos, les da dinero..., todo con un único fin, "me debes una".
Algo más que masajes, según la Fiscalía
La advertencia comenzaría a cobrar sentido, según las acusaciones pública y particulares, cuando ese supuesto peaje de Pedro F. R. pasaba por visitar su dormitorio durante esas fiestas para recibir masajes "que se convirtieron en algo más y derivaron en abusos sexuales".
La única menor que declaró en el juicio a petición del acusado, contó ante el Tribunal que se libró de esa terrible experiencia porque cuando el empresario la llamó a su habitación, sus hijas la detuvieron: "Por favor, no subas". La madre de esa menor, presente en las cuatro sesiones del juicio en las que acompañó a las progenitoras de las presuntas víctimas, no dejaba de repetirlo, "mi hija se libró porque no fue a la habitación", desencajada y muy afectada por los relatos de las seis niñas.
El acusado pretendía con esta declaración demostrar que los testimonios de las amigas de sus hijas eran una invención, que se habían puesto de acuerdo para contar tales mentiras que confiaba en que esta testigo confirmara al declarar a su favor, no calculaba que conocía lo que sus amigas decían al respecto.
Los desgarradores testimonios no daban tregua al escaso público de la sala de vistas, despavorido al igual que las psicólogas que tratan aún a las menores, con gesto desencajado; las propias madres desoladas e impotentes, que pedían "que se sepa lo que ha hecho a nuestras hijas, las ha destrozado". Y el padre de una de las menores, el mismo que gritó al procesado el primer día del juicio "¡miserable, cabrón, hijo de puta!". Un gesto que explica la ausencia de más progenitores, "es que si vienen, ¡le matan!", declaraba una de las madres.
Sin imágenes de abusos en su empresa "porque tenía las cámaras hacia el techo"
La sala de vistas de la Audiencia permaneció prácticamente vacía durante las cuatro jornadas del juicio, salvo por la presencia de algunos familiares que apenas podían contenerse al escuchar al acusado durante sus cuatro largas de interrogatorio. Desde los bancos del público, impresionaba especialmente la actitud del hermano de la hija del socio de Pedro F.R., quien apenas podía contener la rabia, las ganas de vengar a su hermana cuando el procesado negaba las agresiones sexuales y explicaba que detrás de la denuncia había intereses económicos. Se refería con ese comentario a al padre del joven y de una de sus supuestas víctimas, el otro accionista de la empresa de Villaralbo.
"¡Si vienen al juicio los padres de las niñas, lo matan!"
"¡Mentiroso!", repetía el joven en voz baja sin dejar de removerse en el sitio, al igual que cuando el procesado aludió a que no había imágenes en su despacho que dejaran constancia de esos abusos cuando la menor visitaba la empresa, "porque las tienes hacia arriba, hacia el techo. Cuéntalo, ¿cómo van a grabar?", replicó el hermano de esta niña.
"Me pedía perdón, decía que era un errror y no volvería a pasar, pero sí"
Una de las denunciantes contó en el juicio que, tras agredirla sexualmente, "Pedro me pedía perdón, me decía que era un error y que no volvería a pasar, pero siempre pasaba". A pesar de que el acusado era el mejor amigo de su padre desde hacía años y de que conocía a la niña desde bebé, la menor describió episodios en los que él se valía para imponerse de esa confianza, de su 1,90 metros de altura y sus 120 kilos de peso, descripción que él mismo realizó en el interrogatorio, "si te negabas, lo hacía igual".
Esta denunciante contó que "decía que no me iban a creer si lo contaba" y así fue cuando se lo relató a su padre, que al final de la conversación sí me creyó, "¡lo mato, dónde está que lo mato!". Esta niña, que acaba de cumplir la mayoría de edad, intentó salvar a otras amigas para lo que llegó a decir al industrial "si no tenía bastante con el daño que me estaba haciendo conmigo".
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