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El sueño americano a la española

El historiador Miguel Ángel Hernández Fuentes profundiza en tres artistas que emigraron a Nueva York en el XIX

Rafael Guastavino en las obras de la Biblioteca Pública de Boston. | Boston Public Library

Rafael Guastavino en las obras de la Biblioteca Pública de Boston. | Boston Public Library

Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

Lugar donde reside, lugar donde profundiza en su historia. Esta máxima la aplica el historiador zamorano Miguel Ángel Hernández Fuentes, quien durante cuatro años vivió en Estados Unidos.

Durante su estancia en Nueva York, el sacerdote, además de ejercer su labor eclesial en la Sacred Heart Church al sur del Bronx, comenzó un pormenorizado estudio de la colonia española en La Gran Manzana desde la independencia de Estados Unidos hasta la guerra hispano-estadounidense de 1898.

El historiador zamorano Miguel Ángel Hernández con su libro en las manos. | Alba Prieto

El historiador zamorano Miguel Ángel Hernández con su libro en las manos. | Alba Prieto

En su rastreo se topó con empresarios, periodistas, escritores, profesores de universidad e incluso anarquistas, pero hubo tres artistas "de los que empecé a descubrir una información muy interesante" y cuando indagó en lo publicado sobre ellos "lo escrito era bastante confuso", de ahí surgió su mayor interés por las figuras de Fernando Miranda, Domingo Mora y Rafael Guastavino, cuyas vidas, trabajos y vivencias publica en el volumen "Del Mediterráneo al Hudson. Artistas españoles en Nueva York, pioneros en Norteamérica".

Fernando Miranda en su estudio. | Archives of American Art

Fernando Miranda en su estudio. / Archives of American Art

El título comienza con una introducción donde pone en relación la emigración en el siglo XXI y la labor actual de profesionales españoles en la ciudad de los rascacielos con aquella que hicieron los españoles que se asentaron en Nueva York en los años 80 del siglo XIX.

Además, en un primer capítulo ofrece una minuciosa radiografía de la colonia española en esos momentos, condado por condado. Cómo llegaban, a qué se dedicaban sin olvidar la presencia de prensa española o una rápida pincelada por los artistas españoles que vivía en la ciudad están presentes en esas primeras páginas.

Escultura de Cervante planteada por Miranda que no llegó a realizarse.

Escultura de Cervantes planteada por Miranda que no llegó a realizarse. / Cedida

El corpus del libro, publicado gracias a una beca otorgada por el Instituto Franklin dependiente de la Universidad de Alcalá de Henares, se dedica a Fernando Miranda, Domingo Mora y Rafael Guastavino que tienen que común que "los tres van a Estados Unidos, ven las posibilidades del país, se asientan allí y mueren allí. Reflejan el sueño americano adaptado por tres españoles", cuando lo habitual entre los españoles era emigrar a Argentina, a Cuba, a México, explica Miguel Ángel Hernández.

Una de las ilustraciones efecuadas por Fernando Miranda.

Una de las ilustraciones efecuadas por Fernando Miranda. / Cedida

Fernando Miranda era natural de Valencia. Fue un artista polifacético que cuando llegó a Nueva York supo introducirse en el ámbito de los negocios. "Comenzó en el mundo de los negocios inmobiliarios, fue promotor, entre otras muchas más cosas". Como artista, el investigador pone en valor "su labor como cronista de Nueva York". "Creo que sus dibujos no son artísticamente de una altísima calidad, había otros ilustradores mucho más reconocidos, pero él refleja muy bien la sociedad, el contraste entre las clases" sintetiza el zamorano. "Fue un fino observador de la ciudad de Nueva York" remarca el investigador que acompaña el libro con más de una veintena de ilustraciones efectuadas por Miranda quien también estuvo en Londres o París.

Una de las ilustraciones de Miranda.

Una de las ilustraciones de Miranda. / Cedida

El historiador, además, subraya otra vertiente de valenciano. "Fue un hombre que sirvió de catalizador con otros artistas. Humanamente refleja muy bien el sueño americano porque tuvo una gran personalidad, fue un gran artista reconocido de primera fila, pero también fue una persona muy reputada en su tiempo".

Domingo Mora

Domingo Mora / Cedida

La siguiente figura a la que saca del anonimato corresponde a Domingo Mora, un escultor de Barcelona de quien destaca "su capacidad para dejar obra en muchos edificios de la ciudad, desaparecidos en gran parte". Y es que este artista dejó su impronta en muchísimas fachadas de la ciudad neoyorkina "en un momento en que gustaba mucho decorar con los estilos historicistas, ya que las fachadas tenían muchísima decoración".

Guastavino

Rafael Guastavino Moreno "fue el arquitecto de Nueva York, como lo definía la prensa" copa el tercer análisis detallado. Fue "un hombre que tanto, humanamente y artísticamente, supo rehacerse una y otra vez. Fue un luchador infatigable, hombre muy ingenioso y muy habilidoso que se arruinó varias veces y supo introducir su obra en todos los círculos" resume Hernández Fuentes, quien, entre otros detalles, cita de la importancia del violín para este hombre.

Retrato de Rafael Guastavino.

Retrato de Rafael Guastavino. / Cedida

El maestro de obras valenciano que intervino en la construcción de más de un millar de edificios y que ha centrado una novela y un documental, empezó a hacer casas en Estados Unidos, pero "se dio cuenta de que así no iba a progresar". Su familia se dedicaba a hacer bóvedas tabicadas en España y sabía construirlas y llegó a patentarla en EEUU.

Conocedor de la obsesión de la sociedad norteamericana por el fuego el valenciano efectuó construcciones a prueba de fuego. "Como arquitecto fue muy fino en saber cuál era su sitio, lo que propició que su obra despegara y que haya más de mil edificios que tengan bóvedas de Guastavino" subraya el historiador que a lo largo de las páginas explica infinidad de detalles curiosos sobre los tres artistas mediante una escritura muy ágil repleta de datos tanto técnicos como personales que enriquecen estas semblanzas que se alejan de ser las típicas biografías al uso.

Miguel Ángel Hernández ojea el libro.

Miguel Ángel Hernández ojea el libro. / Alba Prieto

"Del mediterráneo al Hudson" se ha gestado a lo largo de diez años buceando en archivos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, de la Real Academia de San Carlos en Valencia, pero fundamentalmente rastreando de una manera exhaustiva "la prensa del momento" tanto físicamente en la Biblioteca Pública de Nueva York en sus estancias en la gran urbe como posteriormente, tras la pandemia, de manera remota.

Su investigación le lleva a afirmar que "todos se relacionaban entre ellos y tenían tertulias comunes" señala Hernández que gusta que pasear por los lugares sobre los que escribe "porque te permite hacerte una idea distinta de las cosas", pero en este caso le ayudó a comprenderlos el haber vivido en sus carnes haber sido un migrante en la gran ciudad.

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