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Entrevista | Juan Manuel de Prada Escritor

"La literatura está para plantear retos, no para ser complaciente"

"Doy una perspectiva insólita de un falangista cínico y amargado en la Francia ocupada"

El escritor Juan Manuel de Prada en la presentación de su libro en Zamora. | Miguel Ángel Lorenzo

El escritor Juan Manuel de Prada en la presentación de su libro en Zamora. | Miguel Ángel Lorenzo

Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

El escritor Juan Manuel de Prada ha publicado "Mil ojos esconde la noche", una novela que, en menos de un mes, ya va por su tercera edición.

–La novela está planteada en dos volúmenes de 800 páginas cada uno, escrita a mano, de momento se ha editado uno. El protagonista es Fernando Navales, un escritor falangista, resentido que vive en el París ocupado por los nazis. Toda una propuesta contracorriente.

–Sí, sin duda, pero la literatura está tomando unos derroteros que serán letales para ella. Escribir novelas complacientes para que la gente se entretenga y sienta una sensación plácida es la muerte de la literatura. Además, toda esa gente, no nos engañemos, tarde o temprano más temprano que tarde, va a optar por ver series en Netflix. La literatura te tiene que remover, te tiene que inquietar, te tiene que cautivar, aunque sea a veces un cautiverio un poco áspero. Los pocos lectores que vayan quedando, que cada vez serán menos al no ser que hay un cambio en esta deriva en la que estamos, serán personas que vayan buscando en la literatura experiencias más fuertes y revulsivas.

–Su novela, sin duda, remueve al lector.

–Yo lo que persigo con esta novela es contar una historia la de los artistas y periodistas españoles en París. Quiero que esa novela responda a la realidad de los hechos, no a las mitificaciones tonterías y las mitificaciones de las películas de nazis. He decidido dar una perspectiva insólita y, en cierto modo, incómoda de un falangista cínico y amargado, resentido en el año 1940, lo cual hace que la novela tenga un tono que no tienen nada que ver con las "novelitas" de nazis que se escriben habitualmente. La literatura está para plantearnos retos.

El escritor zamorano.

El escritor zamorano. / Miguel Ángel Hernández

–La estética es otra singularidad de su propuesta.

–Tiene una estética esperpéntica y escatológica que algo insólito hoy en día. La picaresca también está presente en el texto. Es una novela que reúne todas las cosas que están mal vistas ahora.

–¿Qué le mueve a recuperar al personaje de Fernando Navales que ya era el narrador de "Las máscaras del héroe"?

–Yo siempre quise escribir una continuación de "Las máscaras del héroe" y durante mucho tiempo pensé más centrarla en la Guerra Civil, dado que ese libro concluye al inicio de la Guerra Civil. Me había planteado escribir la historia de Navales en los años de la contienda civil, pero si esta novela plantea retos, una novela sobre la Guerra Civil contada por un falangista sería todavía más brutal.

Una novela en serio sobre la Guerra Civil tiene sus complicaciones. Todavía estás hurgando en heridas muy fuertes, es un avispero.

–¿Por qué no lo ha hecho?

–En parte porque sería una novela que podría ser malinterpretada o acarrearme problemas y porque documentar una novela en serio sobre la Guerra Civil tiene sus complicaciones. Todavía estás hurgando en heridas muy fuertes, es un avispero.

–Y... ¿no se quiso meter?

–Ahora no me importaría meterme, pero en el momento de mi vida en el que comencé con la escritura de esta novela, no me apetecía. No obstante, esa novela, si Dios me da salud, la acabaré escribiendo. El planteamiento de "Mil ojos esconde la noche" me parecía mucho más sugestivo porque es un episodio mucho más desconocido. Es una historia que tiene sus ribetes incómodos y dolorosos, pero es una historia mucho menos trillada, que domino muy bien y sobre la que reuní mucha documentación y me permite que el lector esté en la novela. Me pareció una idea más atractiva.

De Prada durante la presentación de su último libro en Zamora.

De Prada durante la presentación de su último libro en Zamora. / Miguel Ángel Lorenzo

–La novela está escrita en primera persona del singular, ¿resulta una dificultad añadida?

– Sí, tienes que crear la voz narrativa que es la misma que "Las máscaras del héroe", pero más resabida por el paso del tiempo. Una vez que creas la voz narrativa tienes que crear un universo que sea coherente, que sea visto por ese personaje. Ese narrador configura su mundo.

–Un universo muy variopinto por el que pasan todo tipo de artistas, periodistas e incluso hasta políticos, como Serrano Suñer, y a todos parece odiar.

–Él va derramando bilis, pero no creo que odio. Es un hombre cruel, malvado y fracasado que, de alguna manera, vomita su resentimiento sobre aquellos que, en cambio, tienen que desarrollar su trabajo.

–Sin embargo con las mujeres tiene cierto grado de condescendencia.

–El retrato que hace de las mujeres no es malo. El otro día me decía un amigo que parecía un falangista feminista (risas). Ana de Pombo, Ana María Martínez Sagi, María Casares y Nana de Herrera aparecen bien tratadas. También hay algún hombre bien tratado como Mateo Hernández, a quien reconoce su valía. Navales despotrica contra todo el mundo, pero en el trabajo de Hernández descubre la grandeza de un hombre que se pelea con la piedra, o en el anarquista Fontserè, al que le toma cierta simpatía porque no se anda con tapujo y dice lo que piensa. Hay otros personajes a los que odia como a Gregorio Marañón al que sale al final como un personaje noble porque tiene la gallardía de decir cosas muy indigestas para los nazis. En cuanto al personaje de Ana María Martínez Sagi lo he estudiado mucho y soy más benigno con ella, a pesar de que ella estuvo en ese mundo sórdido de las falsificaciones con el periodista César González Ruano, que aparece mucho y casi todas las cosas que dice están tomadas de sus artículos y memorias. Navales trata mejor a las personas que van más a su aire, quizá porque es un lobo solitario y siente afecto, de alguna manera, con quienes no buscan el cobijo bajo una ideología.

–Por lo que dice la novela se cimienta en hechos reales.

–Sí porque cuento historias muy escabrosas, de colaboración con la Falange y de colaboración con los nazis e historias muy íntimas. Lo que cuento es verdad y solo he escrito sobre las personas que tenía una documentación irrefutable. Así alrededor del pintor Antoni Clavé se ha montado una leyenda antifascista cuando participó en las actividades culturales y exposiciones montadas por Falange, sin duda, lo hizo porque las circunstancias eran muy duras y había salido pies en polvorosa de una guerra, por lo que era normal que lo hiciera. Además, todos los personajes que aparecen de la novela con rigurosos. Así en la carta con la que se inicia la novela hay frases de cartas de Pedro Urraca a sus superiores, a quienes les escribía unos informes impresionantes, sin tachaduras y con una letra muy clara. Este hombre muy atildado, que escribía unos informes terribles donde delataba a todos los "rojillos", que decía él, es el policía encargado de trasladar hasta la frontera a los políticos republicanos que entregaba a las autoridades españolas y que muchos fueron fusilados, como el presidente Companys.

Cuento historias muy escabrosas, de colaboración con la Falange y de colaboración con los nazis e historias muy íntimas. Lo que cuento es verdad y solo he escrito sobre las personas que tenía una documentación irrefutable.

–El ritmo es frenético ¿la escritura lo fue así?

–Es una novela escrita con mucha pasión y con la que me vacié totalmente. Es una novela que escribí en un trance, con mucha intensidad porque quería escribir una novela que perdurara y que me trascendiera. Como toda mi obra de creación, la he escrito a mano. Para una novela de este tipo es mucho mejor porque ha sido escrita con ganas de dar lo mejor.

–Y ¿con muchas ideas desechadas?

–Sí, es una novela que hubiera podido tener 2.500 páginas en vez de 1.600. Deseché muchos personajes, algunos con gran dolor de mi corazón como el escultor zamorano Baltasar Lobo porque en ese momento no era un hombre relevante y no existe documentación sobre él. Además, él también fue muy cuco y no legó. Una de las cosas más valiosas de estos personajes y de esa época son las cartas. Hay personajes que guardaron sus misivas, que ahora están en archivos y esos textos son maravillosos porque te dan mucha información, que, a veces, les perjudica. Así Emilio Grau Sala cuenta sus amoríos, la relación con su mujer a la que ha abandonado en España con un niño de corta edad. Las cartas te abren a la vida íntima de personas que llevan muertas muchos años.

El autor en la presentación.

El autor en la presentación. / Miguel Ángel Lorenzo

–Los críticos califican a "Mil ojos esconde la noche" como una obra maestra.

–Es una novela que creo que va a ser importante, pero, no nos engañemos, perdurará si le gusta a los lectores.

–¿Cuál ha sido el mayor reto de este proyecto?

–La labor de documentación porque quería que los acontecimientos históricos se respetasen. Luego me he tomado libertades en algunos detalles. Al encararla tenía muy claro al personaje y los asuntos e hitos sobre los que quería escribir. Con todo eso y la documentación fueron saliendo los capítulos.

–En este libro y en otros anteriores aparecen personajes desgraciados y apartados de la sociedad.

–Es un tema que me gusta porque creo que las personas en esa situación son más humanas. Las personas que tienen dinero, que viven bien, que son aplaudidas socialmente tienen mucho menos interés humano y, por lo tanto, menos interés literario.

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