Entrevista | Victoria Gullón Pregonera de la Feria del Libro de Zamora
Victoria Gullón | Pregonera de la Feria del Libro de Zamora: "La tradición oral parece estar dormida, pero siempre vuelve a brotar"
"Pronunciar el pregón de la Feria del Libro de Zamora es un gran premio, aunque el ofrecimiento al principio me asustó"

La romancera Victoria Gullón. | Miguel Ángel Lorenzo
La narradora Victoria Gullón pronuncia el jueves 23 de mayo (a las 18.00 horas en la plaza de la Constitución) el pregón de apertura de la Feria del Libro de Zamora que homenajea a las mujeres que han transmitido la narración oral.
–Usted es la última romancera, pero ¿de qué manera se acercó al género?
–Fue en mi infancia. Yo nací y viví tres años en Puebla de Sanabria, pero mi familia es de Ferreras de Abajo. Luego nos fuimos a Mámoles porque mi padre era guardia civil. Transitamos por muchos pueblos hasta que ya con 16 años nos trasladamos a Zamora. Hasta entonces estuve en contacto con los romances. Tuve la suerte en la Sierra de la Culebra de tener unas abuelas, mi abuela María La colorada y mi abuela Joaquina, de las que aprendí los romances. Las mujeres han sido fundamentales en la transmisión de la cultura tradicional.
–Ese periplo por la provincia ¿le hizo tener una querencia hacia la narración?
–No, era yo muy consciente de ello. Cuando me vine a la capital los romances pasaron a otro punto. Incluso formé parte del grupo de teatro Ramos Carrión que dirigía Felipe de Castro. Todas las tradiciones que viví, las dejé aparcadas. Con 21 años me traslade a Barcelona. En ese momento se te olvidan tus raíces.
–¿Cómo se encuentra con la narración?
–Ya viviendo en Madrid la vida me dio un vuelco total cuando tenía 38-39 años. Me puse a estudiar técnica vocal, canto, oratoria a raíz de tener un problema en la vista. Un día que fui a ver a una sala una obra de teatro. Tuvieron unos problemas técnicos, no hubo función y me invitaron a ir a una sala contigua donde había una sesión de narración oral. Acudí y me quedé maravillada. Era hacer ante el público todo lo que estaba yo aprendiendo y además de manera directa. Me sorprendió tanto que estuve un año asistiendo a clases en "La cuarta pared". Empezamos a contar al aire libre en la Casa de Campo o en el Retiro en los años 90.
–¿En aquel momento qué recepción había a la narración oral?
–Todo era muy novedoso. No se había extendido al gran público. De hecho, recuerdo haber actuado en Zamora de la mano de Charo Jaular en un bar, lo mismo que sucedía en Madrid. Luego vino el paso de las bibliotecas, donde existían las tardes del cuento. Contábamos con las editoriales para hacer animación a la lectura. Fue un momento en el que se fue avanzando.
–Fue un ir subiendo peldaños según explica.
–Efectivamente, porque fue poco a poco. Pasamos de hacerlo de manera sencilla a que empezaran a montarse festivales. Cuando empezó a brotar no paró hasta llegar a la publicación de cuentos, de narraciones bilingües.... En uno de los pubs me vio Ana Herreros, una narradora de León, que me vio contar un cuento tradicional y ella me animó a centrarme en los romances que me contaban mis abuelas y mi madre. Ella me dijo que tenía que contar romances, la escuché y me convenció.
–¿Y qué hizo?
–Volví a Ferreras y me caían solos. Recordé todo, pese a que no estaban las personas que a mí me lo habían transmitido. El problema es que tenía recuerdos, pero cuarteados. El siguiente paso fue ir a la Diputación, las bibliotecas y a las librerías pidiendo todos los libros existentes sobre romances de Ferreras de Abajo. Me acuerdo que había un señor que trabajaba en concentración parcelaria que me remitió a ir a hablar con el señor Sabino y la señora Juana. Y regresé al pueblo y hablé con ellos. También iba a los pueblos con "Habas verdes" los fines de semana y les escuchaba, gracias a ellos puede recuperar canciones. Siempre tienes que estar en el camino. Si preguntas, siempre alguien te enseñará.
Esos recuerdos vinculados a la tradición que mamamos en la infancia nunca los perdemos, quedan dormidos hasta que tú quieras sacarlo.
–¿Qué supuso para usted el reencontrarse con el romance?
–Me cambió la vida. Empecé con tres romances, el de Gerineldo, que me cantaba mi abuela; me acordaba del romance de la doncella de Herrera, que todos conocemos, la historia de la doncella que fue a la guerra; y de Mambrú, pero todo troceado. Recordaba retazos, emociones y hasta olores, pero durante ese período de tiempo que yo me distancié hubo tanta gente que los documentó y me nutrí en las partes que no recordaba completamente. Fue una suerte esas instituciones y las personas que fueron entonces con sus casetes para grabar a las fuentes, lo mismo que hice yo a mis 40 años. Esos recuerdos vinculados a la tradición que mamamos en la infancia nunca los perdemos, quedan dormidos hasta que tú quieras sacarlo. Todo lo que es tradición es nuestra memoria ancestral. Se ve muy claro en personas que tienen demencias, les cantas un romance y son capaces de seguirlo. Lo que sembró de pequeño no lo olvidas.

Victoria Gullón / Miguel Ángel Lorenzo
–Usted se ha nutrido de la tradición, pero también ha bebido de contemporáneos como Agustín García Calvo.
–Por su puesto. Fue de los primeros a los que fui. En mi disco de "Vitón vitonga" parte del romance de Gerineldo es de mi abuela, pero como no me acordaba del resto y lo mismo le sucedía a mis tías y a mujeres maravillosas de Ferreras de Abajo, como la señora Isabel, la señora Magdalena o la señora Oliva, cayó entre mis manos un libro de romances de Agustín García Calvo, donde está Gerineldo, y lo completé, y La Montaraza, que lo haré en el pregón. También tenía algunos recogidos por Isabel Escudero que se los había oído a su abuela. A ambos los conocí en Madrid e incluso a Agustín le dije que una parte de mi Gerineldo era suyo, algo que sucedió cuando había contado su Gerineldo ya en América Latina. Este romance había entusiasmado al público y recuerdo que le pedí que me cantara La Montaraza para conocer la melodía que él recordaba y logré que me lo cantara (risas).
–¿Usted ha dado el paso de la escritura?
–Con los años. En el recorrido que hice en las bibliotecas de Madrid durante diez años representábamos poesía, cantábamos romances y luego hasta los representábamos. Cuando no había un romance apropiado, yo me lo inventaba, la propia vida te lleva a eso.
–En el siglo XXI, ¿resulta laborioso que el público se aproxime al romance?
–No. Es nuestra memoria ancestral, la tradición oral tiene temporadas que parece que está dormida, pero siempre vuelve a brotar.
–Y en Zamora hay muchos brotes con una gran cantidad de narradoras, ya que la mayoría son mujeres, e incluso un festival de oralidad.
–Efectivamente y se reconoce la tradición oral en la Feria del Libro.
–¿Qué ha supuso para usted el encargo del pregón?
–Cuando me llamó la concejala de Cultura, María Eugenia Cabezas, quien me vio actuar el pasado año en el Teatro Principal, realmente me pegó un susto porque nunca había pronunciado ningún pregón. Lo pensé, pero todo va unido y todo forma parte de todo. A mí me costó el venir a contar a Zamora.
La que me consiguió traer fue Rufi Velázquez (la primera directora de las bibliotecas municipales) que se empeñó. Me daba pudor el venir a Zamora
–¿Por qué?
–Me fui con 21 años y luego regresé a recopilar y no había contado nunca. Los narradores venían a Zamora a las bibliotecas y la que me consiguió traer fue Rufi Velázquez (la primera directora de las bibliotecas municipales) que se empeñó. Me daba pudor el venir a Zamora a cantar lo que había aprendido en la provincia. Eran muchas emociones. Me acuerdo que actué por primera vez en una Feria del Libro que vino Juana Ginzo. En esa ocasión volví a Mámoles y tras más de 40 años se acordaban de mí y hasta me decían la señora Angelita y la señora Agustina que era una niña que iba contando todas las novedades. Era ya entonces un poco pregonera (risa). El pregón para mí supone un premio, pero lo comprendo ahora porque al principio me asustó. En mi intervención empezaré con mi madre Juliana y un romance que ella cantaba cuando era pequeña.
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