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Entrevista | José Manuel Gasca Doctor en Geología y paleontólogo

"La cuenca del Duero estaba llena de cocodrilos y tortugas hace 40 millones de años"

"El investigador tiene la responsabilidad de compartir conocimientos con el público general"

El investigador José Manuel Gasca, en una excursión por la sierra de Salamanca. | Cedida

El investigador José Manuel Gasca, en una excursión por la sierra de Salamanca. | Cedida / B. Blanco García

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B. Blanco García

B. Blanco García

"Cocodrilos de ayer y dinosaurios de hoy" es el título de la conferencia que José Manuel Gasca imparte este miércoles, dentro del ciclo Pint of Science. Profesor de Geología en la Universidad de Salamanca, es doctor en Geología por la Universidad de Zaragoza y tiene una amplia experiencia investigadora dentro de la paleontología que incluye el descubrimiento de nuevas especies.

–¿Por qué siguen interesando los dinosaurios millones de años después de su desaparición?

–Dentro de los temas científicos, las ciencias naturales son bastante atractivas y los fósiles y vida del pasado los más llamativos, con los dinosaurios a la cabeza. Son los más mediáticos, se siguen haciendo películas sobre ellos e incluso centros temáticos. Apasionan a los niños, así que no pasan de moda. Estamos en una buena época para la cotización de los dinosaurios.

–Aparte de este éxito social, ¿los investigadores siguen descubriendo nuevos aspectos de ellos?

–Desde luego, todos los años se están descubriendo especies nuevas. El estudio de los dinosaurios se inició hace 200 años, precisamente este 2024 se celebra el aniversario de la descripción del primer resto encontrado en Inglaterra, el megalosaurus, aunque por entonces no sabían que era un dinosaurio. Conocerse y estudiarse en profundidad se lleva haciendo desde mitad del siglo XX y se siguen descubriendo nuevos yacimientos y nuevas especies en todo el mundo, también en España. Cada vez se conoce más sobre su biología, ecosistemas, comportamiento, tamaño, aspecto externo, relaciones con otros organismos o su metabolismo. Y solo es un fragmento muy pequeño, porque forman parte de unos ecosistemas del pasado sobre los que se conocen cosas de forma sesgada a través de los yacimientos y fósiles.

–¿Se está evolucionando también en ese aspecto?

–Sí, se han llegado a encontrar esqueletos completos y siempre hay nuevos hallazgos y nuevas técnicas que nos permiten conocer cosas más concretas, así que es un campo en auge y en pleno desarrollo. No está agotado en absoluto desde el punto de vista del interés social ni desde el punto de vista científico.

Información bien sepultada

–¿Cómo se puede saber tanto de huesos enterrados hace millones de años?

–El estudio de los dinosaurios se aborda desde la paleontología, pero bebe de muchas fuentes distintas. El material básico de estudio son los fósiles, aunque la forma de conocerlos e interpretarlos es gracias a mucha información alrededor. Se puede comparar con parientes actuales, hay muchas observaciones por comparación anatómica y de organismos análogos que pueden reinterpretar observaciones de la actualidad en esos fósiles. La biología tiene mucho que decir, pero donde se entiende todo esto es en el paradigma de la evolución.

La geología aporta ese conocimiento de la Tierra y la evolución de sus paisajes

–¿En qué sentido?

–Todo el estudio de los dinosaurios se entiende dentro del concepto general de la evolución y de que unas formas están relacionadas con otras, comparten caracteres o rasgos que se observan en diferentes grupos animales, con formas que son extintas y otras que han tenido descendientes y linajes que todavía perviven en la actualidad. Por eso las fuentes de información son variadas. Las técnicas cada vez son más refinadas y se llegan a ver que fósiles que parecen rocas conservan estructuralmente la forma de las células originales. También hay yacimientos que se denominan de conservación excepcional, en los que los restos no se destruyen, sino que se preservan, porque no son degradados. Incluso podemos recuperar restos de partes blandas, plumas, escamas o marcas y rasgos de cómo eran sus colores.

La riqueza de Castilla y León

–¿Esta tierra es rica en este tipo de yacimientos?

–En Castilla y León hay un patrimonio paleontológico muy importante con yacimientos de vertebrados fósiles. En el entorno de Zamora no vas a encontrar dinosaurios, pero hay yacimientos de otra época posterior, hace 40 millones de años, en la cuenca del Duero, cuando había unos paisajes diferentes a los actuales, con bosques tropicales y climas más cálidos, con la zona llena de cocodrilos, tortugas y fauna totalmente diferente a la actual. Son unos ecosistemas que relevaron a ese otro mundo dominado por los dinosaurios.

Los fósiles y la vida del pasado son los temas más llamativos de las ciencias naturales

–En su caso, ¿dedicarse a la paleontología ha sido cumplir un sueño infantil?

–No era de los niños que jugaban con muñecos de dinosaurios, pero sí de los que tienen padres de pueblo, en la provincia de Teruel, una región muy rica en fósiles. A mí de pequeño lo que me gustaban eran las ciencias naturales e intentar entender la presencia de organismos en el campo que poco tenían que ver con el terreno que estaba pisando. Porque yo iba por la montaña, pero ahí me encontraba fósiles de caracolas y moluscos. Quería saber qué había pasado y por qué se había formado todo eso. Y ahí estaba la geología, que aporta ese conocimiento de la Tierra y la evolución de sus paisajes. Y también la paleontología, para conocer las formas de vida del pasado.

Una sensación "impagable"

–Ha participado en el descubrimiento de nuevas especies. ¿Es de lo más satisfactorio como investigador?

–Una cosa es el estudio de los fósiles y los descubrimientos que se publican en las revistas científicas, un trabajo más reflexivo que lleva tiempo y al final aporta resultados satisfactorios, porque se contribuye a descubrir nuevas especies. Pero lo más bonito es estar en el campo y descubrir fósiles, encontrar restos inesperados de ejemplares que luego hayan servido para descubrir una especie nueva. El ir por el campo viendo rocas y encontrar restos fósiles donde menos te lo esperas, como un cráneo completo de un cocodrilo al abrirse una roca, eso es impagable, una satisfacción enorme. He tenido esa suerte y es lo que más me llena, esa parte de aventura, que es la más divertida.

–¿Qué le parece el formato de Pint of Science para divulgar la ciencia en los bares?

–Será mi primera experiencia aquí y me resulta muy interesante, porque llevas la ciencia a un contexto más informal e inusual. El tema de la divulgación científica es algo muy importante y el compartir conocimientos desde los ambientes más especializados al público general es una responsabilidad para los investigadores. Personalmente, aparte de mi labor académica y profesional, siempre intento aportar y participar en actividades de este estilo.

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