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Entrevista | Wilbur Payaso

"Yo reivindico el término payaso y hago el tonto en tres dimensiones"

"Una lesión en un brazo me cambió de carril en la vida y me llevó a la profesión que realmente mejor se me ha dado, hacer el bobo"

Wilbur en una de sus actuaciones.

Wilbur en una de sus actuaciones. / Cedida

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Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

El payaso, como a él le gusta que le denominen, Víctor Ortiz actúa con su personaje Wilbur el viernes día 2 de febrero en el Teatro Ramos Carrión de Zamora.

–Usted mezcla las acrobacias con el humor.

–Desde niño me gustaba la comedia y hacer reír sin quererlo. Yo era el tonto de la clase, el tonto del gimnasio, el tonto en mi casa... Siempre me ha gustado hacer el bobo y hacer reír y lo hacía sin que nadie me enseñara. Tuve la suerte de que mi padre en la mili descubrió la gimnasia masculina. Tenían unas anillas colgadas y un potro y descubrió un deporte que le gustaba. Él lo practicó de manera amateur. En Alicante, de donde yo soy, había un gimnasio de gimnasia que llevaba muy poco tiempo abierto y mi padre me apuntó cuando tenía 7 años. Tuve la suerte de que se me daba bien, era un chico muy elástico y con bastante orientación en el aire. Pasé por las escuelas, luego me ficharon por un club y vinieron las competiciones autonómicas y los campeonatos de España. Fue lo primero que hice y estuve desde los 7 hasta los 23 años compitiendo. Tuve una lesión en un brazo y me tuve que retirar.

–De algo malo siempre hay que sacar algo bueno ¿qué fue en su caso?

–Te lesionas y en principio fue una putada, pero esa putada me cambió de carril en la vida y me llevó a la profesión que realmente mejor se me ha dado, hacer el bobo. Seguí yendo al gimnasio, porque era algo que llevaba haciendo toda la vida, y en él conocí a una persona que hacía circo. Le vi actuando y me di cuenta de que eso era lo que yo quería hacer. Muchos de los acróbatas del Circo del Sol son gimnastas retirados que tienen unas cualidades óptimas y una forma física idónea para el circo. Yo conocí a esta persona que hacía circo, congeniamos bien y montamos una compañía pequeña que tenía su propio show con el que recorrimos la Comunidad Valenciana durante un par de años. Era una mezcla de humor, malabares y acrobacias. Luego di el salto a Madrid, monté otra compañía con otro compañero y surgió trabajar con el Circo del Sol.

–¿Qué tal fue la experiencia en el Circo del Sol?

–Muy bien, pero entré como acróbata y venía de dar un millón de vueltas. Fue una etapa muy corta porque yo prefería hacer reír con mi compañía pequeñita frente a ser acróbata con el Circo del Sol. Yo siempre he sido payaso y llevo viviendo de ello desde hace muchos años. Al principio de mi trayectoria hacía más acrobacias que humor porque venía de competir y tenía muy buena forma, poco a poco fui bajando el nivel acrobático e incluyendo más humor.

–¿Cómo se le ocurrió el personaje de Wilbur, un hombre tan singular?

–La verdad es que creo que lo he tenido siempre dentro. Cuando empecé a trabajar, no tenía personaje. Al verme en vídeos poco a poco fui afilando hasta dar con el personaje, que es muy parecido a mí, pues soy yo sin censura y pasado de vueltas. Es un personaje muy excéntrico, pero no dista mucho de lo que a mí me gusta hacer. Yo he visto muchas películas de artes marciales y de acción por lo que es una mezcla de lo que vi de pequeño, un lenguaje más excéntrico.

–¿Se ha asqueado de él?

–No no, yo le tengo mucho cariño porque me ha dado mucho. Este personaje es una armadura a la hora de salir al escenario. Con Wilbur sube la confianza y el estado anímico, surge magia actuando. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que crea una cercanía con el público en directo.

–¿Cómo le llega la oportunidad de trabajar en el Gran Prix?

–Como surgen ahora muchas cosas, por las redes sociales. Uno de los directores del programa también trabajó en "Un país para reírse" y es fan mío. Cuando salió la posibilidad de volver el Gran Prix me llamaron para incluirlo en el concurso. Para mí fue muy fuerte porque yo recuerdo haber visto el programa de niño.

–¿Qué le ha supuesto profesionalmente?

–Ahora viene muchísima gente a verme en los teatros, sobre todo niños. Mis espectáculos han sido muy familiares, pero ahora los teatros se me llenan de niños, algo que me encanta. Wilbur siempre ha sido Wilbur y me siento muy cómodo con familias completas en el patio de butacas, lo que para mí es fantástico.

–¿Cómo será el espectáculo que presentará usted en el Teatro Ramos Carrión?

–Hago un equilibrio entre acrobacias y humor. El espectáculo es un cóctel de muchas cosas que me gustan, desde el monólogo hasta el propio personaje de Wilbur, que tiene una postura corporal, un andar y una forma de hablar muy característico. Las acrobacias están en momentos determinados y dentro de un sentido. El personaje de Wilbur es acróbata, te hace reír... El público podrá ver un espectáculo muy divertido, donde habrá mucha risa, habrá acrobacias, participación con el público, gimnasia, canto... es un batiburrillo de muchas que me gustan llevado por un personaje un tanto excéntrico pero que tiene un gran corazón. "Piensa en Wilbur" es un espectáculo brutalmente tierno.

–Usted es acróbata, cómico, le gusta hacer el tonto ¿se identifica con el término payaso?

–Sí y lo reivindico. Me encanta la palabra payaso y creo que es el término que mejor me engloba porque cómico o monologuista me limita. Yo hago el tonto en tres dimensiones porque utilizo la cara, el cuerpo, el gesto, la voz hago chistes y bromas. Me identifico con el término antiguo de payaso y como también me disfrazo...

–¿En qué proyectos está enfrascado?

–El espectáculo "Piensa en Wilbur" está en gira y cuenta con fechas en Madrid en la Sala del Humor en Fuencarral. También hago el show "Fuego Salvaje" que está fijo los jueves en Gran Vía. También salgo en un programa de cocina y estamos preparando el Gran Prix. Las grabaciones la retomamos a lo largo de la primavera y es lo único que haré en tele.

–La grabación, ¿estresa?

–Es realmente muy intenso. Si me das a elegir prefiero el teatro a la televisión. En televisión todo va muy rápido, si yo tengo en un programa unas nueve salidas muy rápidas de un minuto, para hacerlas estás todo un día de trabajo porque todo lleva un orden. Realmente me lo paso muy bien y me gusta, pero el ritmo es realmente intenso. En teatro actúas mucho más tiempo, pero te subes al escenario y en un par de horas acabas, la televisión tiene otro ritmo de trabajo.

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