Vicente Rueda: 90 años con la mordaza franquista

La familia del comunista zamorano restituye su memoria: "Fusilado por el dictador, ni pistolero ni asesino del director del Heraldo"

Los Rueda en una comida familiar.jpg

Los Rueda en una comida familiar.jpg / Jose Luis Fernández/ Cedidas

"Un pistolero, un asesino, un desecho humano". Durante casi un siglo, la losa de esta sentencia ha aplastado la dignidad del joven comunista de Zamora Vicente Rueda Fernández, sin que pudieran alzar la voz la madre, los hermanos y sobrinos de la conocida familia de comerciantes Rueda, con tienda en la capital desde 1879.

La mordaza de la dictadura de Franco fue más allá de los 40 años de duración, siguió bien atada en la transición y en estos 45 años de democracia para sepultar la verdad sobre el fusilamiento del joven zamorano de 27 años el 9 de agosto de 1940, militante del Partido Comunista de Zamora desde 1933.

Vicente no apretó el gatillo del arma que mató al director del Heraldo de Zamora, de Luis Calamita, afín al bando franquista, preso en Madrid en el primer año de la Guerra Civil. "Ni había rencillas entre los Rueda y los Calamita porque compitieran en el sector de la imprenta", los Rueda nunca tuvieron negocio en ese sector, confirma la documentación recogida por la periodista y escritora María Castro Hernández.

La escritora y periodista ha ayudado a los sobrinos y sobrinas del militante de Radio Comunista de Zamora y del Partido Comunista a arrancar las páginas de una historia falaz e inventada, "en un juicio sumarísimo, posiblemente de los denominados de viudas", para llevar al paredón a los rojos en ese empeño del dictador Franco por fulminar la ideología de izquierdas.

90 años con la mordaza franquista

90 años con la mordaza franquista / Susana Arizaga

El vituperio y el pisoteo, la infamia

El vituperio y el pisoteo del apellido Rueda de Zamora, del tío Vicente, rebeló a Marori León Rueda, hija de su hermana Fidela, "¡ay, mi hermano, ay mi hermano!". La hija, Marori León Rueda, la recuerda llorando por el fusilado. Ese dolor heredado y arraigado, "la represión del silencio como un muro de protección" frente al dictador y sus acólitos, normalizado, revolvió a la sobrina y la desgarradora historia buscó a la periodista María Castro Hernández la primavera de 2019 en Barcelona, donde reside la sobrina del zamorano fusilado por el régimen de Franco "sin un juicio con garantías".

La investigadora no dudó en ayudar a terminar con las infamias, "comencé a investigar conmovida por Marori, por el sufrimiento que mostraba. Sientes una apelación personal porque es un momento muy intenso, de mucho dolor para ella". La mujer llevaba ese día en sus manos la última carta que Vicente escribió a María Rueda, una de sus hermanas, en la que lamentaba comunicar que le fusilarían el 9 de agosto de 1940.

La columna del escritor zamorano Juan Manuel de Prada publicada en 2007 en un medio de tirada nacional volvía a vapulear la memoria de su tío en la que describía a "un Vicente cainita que no se parecía en nada al de la carta", apunta María Castro. Aún así, habían transcurrido doce años desde que esa columna del autor zamorano vio la luz, basada en la reescritura de la historia de José Javier Esparza "sin documentar", expone María Castro en su libro.

"El caso de Vicente es un ejemplo de cómo funciona la represión, de persona sentenciadas en juicios militares, consejos de guerra, procesos muy similares a la inquisición. No sabían de qué les acusaban, se declaraba bajo tortura, en muchos casos"

María Castro Hernández

— Periodista y escritora

"De Prada hizo mucho daño a la familia, mucha angustia y mucho dolor aún vivían los hermanos de Vicente, se reunieron y pesaron en denunciarlo por difamación", apunta la autora, "el escritor zamorano recoge de Esparza una serie de acusaciones que demuestro que son falsas y otras se basan en meros rumores", afirma para indicar que el caso "sirve de ejemplo de cómo funciona la represión, es un caso más de una persona sentenciada en juicios militares, consejos de guerra, procesos muy similares a la inquisición. No sabían de qué les acusaban, se aceptaban declaraciones obtenidas bajo tortura en muchos casos. Sistemas que, hoy en día, se considerarían inaceptables en un país democrático".

La carta del adiós

La escueta misiva de puño y letra del zamorano militante del Partido Comunista rezaba: "Es tan fuerte la noticia, que no he querido comunicársela a mi queridísima madre porque me falta valor para ello. Sufrir yo, pero que no sufran mis criaturas queridas". Ese encabezamiento da título al libro de la periodista e investigadora, "Es tan fuerte la noticia", presentado en la librería Semuret de la capital con el apoyo del responsable del Foro para la Memoria de Zamora, Eduardo Martín, un acto abierto para curar heridas al que se desplazaron a la capital zamorana los sobrinos y sobrinas Marcos y Raúl Crespo Rueda, José Carlos Rueda Fernández, Marori León Rueda y su hija; Gonzalo y Rafael Crespo Rueda.

La escritora achaca a ese miedo a hablar y contar, "no vamos a decir nada, no sabemos qué va a pasar", el que los Rueda, tras valorar el caso, acordaran no denunciar por injurias al escritor zamorano. Una consecuencia más de "la represión del silencio al que se sometió a los españoles durante todo el franquismo y que ha perdurado durante la transición y estos 40 años de democracia, ese miedo interiorizado y el “no quiero molestara a nadie”. Hablamos de atropellos", sentencia la escritora para manifestar que "no se puede seguir insultando, como en el artículo de Prada", artículo que ya ha desparecido del archivo del periódico pero que la familia Rueda conserva.

La periodista dedica el libro está dedicado "a Marori León Rueda, por las lágrimas de Fidela", su madre y hermana de Vicente y de Gonzalo Rueda Fernández, este último militante de Izquierda Republicana, represaliado y encarcelado durante años, al que su novia Tránsito, con la que pudo cartearse desde presidio, le esperó hasta que pudo volver a disfrutar de la libertad.

"Escribir desde el rigor y sin la patada a alguien"

La indagación en los archivos de la autora del libro describe a Vicente como "un joven comunista activo que no se amedrentaba con facilidad, lesionado en los incidentes de 27 de mayo del 36" en Zamora capital. Antonio Pertejo, militante de izquierdas, también participa en ellos y acaba fusilado en agosto de 1936, pues no quiso huir a Portugal tras el levantamiento, como hicieron otras muchas personas. Durante su entierro, se producen disturbios en la capital zamorana.

Afiliado número 15 de Radio Comunista de Zamora, Vicente Rueda "Iglesias" (por error se le coloca el apellido de su padre en el sumario del tribunal de guerra), pasó al Partido Comunista en 1933, según su propia declaración al ser detenido. María Castro reconstruye los hechos durante cuatro años largos, con dificultades para acceder a los archivos por las restricciones del COVID. Pero satisfecha porque "así es como hay que escribir, desde el rigor, conociendo los hechos, desde la honestidad, con los documentos en la mano y no desde el insulto y la patada a alguien".

El libro es un empeño personal por lograr "la reposición de la vida de estas personas". Quiere que sirva como "una llamada de atención sobre cómo seguimos negándoles el derecho a su memoria". Tiene bien presente el encomiable trabajo desarrollado por las asociaciones o foros de memoria "que me han ayudado mucho, han investigado muchísimo, como el zamorano Eduardo Martín". Como sociedad estamos obligados a reescribir sobre las historias falaces de los "vencedores" franquistas, de sus historiadores, remarca, "se lo debemos a tantas víctimas", no puede ser que todas las iniciativas partan de los particulares, de los herederos de la familia para pedir investigaciones".

"Mi libro quiere reponer la vida de las personas represaliadas, es una llamada de atención sobre cómo seguimos negándoles el derecho a su memoria. Se lo debemos como sociedad"

María Castro Hernández

— Periodista y escritora

Vicente Rueda, en el muro del Cementerio de la Almudena

En el cementerio de la Almudena de Madrid, sobre un ramo de flores, el retrato de Vicente recuerda que fue una víctima del franquismo, uno más de los asesinados solo por su ideología comunista. Sobre ese muro vaciado por el Ayuntamiento de Madrid de la placa que recordaba a los "rojos" asesinados impunemente, sobre el ladrillo vista, los Rueda rinden homenaje a su tío.

"Es tremendo que se quitaran los nombres de esas personas", reprocha la escritora, "tenemos una deuda seria como sociedad, como ciudadanos y con la responsabilidad moral respecto del futuro, de la historia de España porque somos la última generación que tiene contacto con las historias más cercanas, las que nos han contado. Lo que no se haya recogido se perderá porque la gente se ha acostumbrado al silencio, todavía tiene miedo, no quieren hablar".

María Castro apunta que "tardé casi dos semanas en poder hablar con la familia del zamorano Sixto Fernández, con una hija. El zamorano también estuvo acusado por la dictadura, pero pudo huir a México". De nuevo, el muro franquista.

No fue fácil investigar, indagar para reconstruir la historia de Vicente Rueda porque "es como reconstruir un puzzle por ese silencio". La periodista se remite al hermano mayor y al padre que militaban en Izquierda Republicana en 1938, a la que también pertenecía el hermano de Amparo Barayón, "mataron a todos en Zamora. El padre de Vicente estuvo en la cárcel de Toro, se libró de morir, pero con 54 años salió en libertad ya envejecido se murió".

En 1942, su hermano Gonzalo, comunista, entra en la misma cárcel, en 1944 sale en libertad provisional y vuelve a prisión hasta 1946. Tiene suerte: "Hitler pierde la guerra y Franco reduce sentencias de muerte". Los Rueda "se han pasado la vida preservando a sus hijos para que no les marcaran social y políticamente, evitarles la represión. Cuando te han sometido a juicios tan injustos quedas marcado y crees que en cualquier momento pueden venir a casa y acusarte".