Entrevista | Ainhoa Aranguren Presidenta del Consejo de Alcaldes de Zamora
"Cuesta mucho fijar población porque no tenemos vías para generar empleo"
"Los habitantes de los pueblos no quieren alquilar sus casas porque tienen miedo a que se las destrocen o a que no les paguen"

Ainhoa Aranguren, en la zona de San Martín. / Emilio Fraile
Ainhoa Aranguren (Vitoria, 1976) se convirtió el miércoles en la nueva presidenta del Consejo de Alcaldes de Zamora. De la mano del socialista Miguel Alejo, la regidora de Villarrín de Campos, afincada desde hace años en este pueblo zamorano, tratará de liderar una etapa integradora en el seno del órgano y darle la utilidad que siente que le ha faltado en el mandato anterior. Con esa voluntad de unión y con los primeros objetivos claros, la responsable popular se conforma con resolver, al menos, uno de los grandes problemas que afectan a todos los dirigentes locales de la provincia.
–Usted comanda ahora un órgano que, según su partido, venía de una época de "paralización", quizá influida por la presencia mayoritaria de regidores del PP en una provincia con un presidente de Ciudadanos. ¿Ha percibido esa falta de actividad desde su posición en estos años?
–Hablé con la persona anterior a mí, con Maribel Escribano, y me comentó que el tema estaba muy parado y que tampoco había iniciativa. Nosotros intentaremos moverlo. Es verdad que todos los alcaldes tenemos prácticamente las mismas inquietudes y problemas. En especial, que fijar población cuesta mucho trabajo, porque no tenemos alternativas para generar empleo. Aparte de eso, los habitantes de los pueblos no quieren alquilar las casas, porque tienen miedo a que se la destrocen o a que no les paguen. Las casas del Ayuntamiento yo las tengo ocupadas, no hay ninguna vacía, pero no puedo ofrecer más. Este verano nos ha llamado muchísima gente, pero las personas tienen miedo y es normal según estamos ahora mismo.
–Con todo, Villarrín no parece el lugar que peor está de la provincia.
–No, nosotros tenemos la residencia, las casas rurales, la gasolinera, un campo de golf de nueve hoyos, el centro de salud 24 horas que es un lujo... Creo que debemos centrarnos en mantener lo que tenemos, que ya nos cuesta trabajo, porque a la vez que pierdes población pierdes servicios, pero yo creo que es primordial conservar eso.
–¿Qué labor se puede prestar desde el Consejo de Alcaldes, que no deja de ser un órgano consultivo?
–Nosotros hemos habilitado un correo electrónico y cuando los alcaldes nos manden sus sugerencias o sus necesidades vamos a ejercer como intermediarios. Vamos a intentar que la Diputación y la Junta nos escuchen, hacer más fuerza e ir a pedir lo que nos solicite la mayoría de los pueblos. Es difícil, vamos a ser claros, pero lo vamos a intentar. Buscaremos la manera. ¿Qué es lo que más se demanda? Hay muchas casas en ruinas en los pueblos que se están cayendo, que son de 25 familiares y que nadie se quiere hacer cargo. Cuando los llamas te contestan mal, a pesar de que intentas ayudar en lo que puedas. Nos ha pasado de todo, pero si se cae y le hace daño a alguien tenemos un problema. Habría que lograr que alguna institución nos apoyara un poco, aunque fuera con los trámites.
–En la sesión de apertura de mandato del consejo, tanto el presidente de la Diputación como la delegada territorial de la Junta vinieron a reconocer que los alcaldes tenían muchos problemas. ¿Cree que ustedes, como dirigentes municipales, se enfrentan a un cierto desamparo?
–Yo, con la Junta y la Diputación, no he sentido ningún desamparo. Lo que ocurre, y a mí me pasó, es que es difícil para los nuevos. Esta semana, dos personas me hablaron después del Consejo de Alcaldes para plantearme que acababan de entrar y que tenían dudas que se tienen que preguntar. A mí, en mi mancomunidad, un alcalde me dijo en su momento: Ainhoa, aquí estoy. Llevo 40 años y para lo que necesites. Yo siempre he tenido alcaldes y a mi diputado de zona que me han ayudado.
–¿Hacen falta mecanismos para apoyar a esos alcaldes que entran con el ánimo de luchar por su pueblo sin tanto interés por la política?
–La sensación de entrar es como cuando tuve a mi primer hijo, llegué a casa y dije: ¿Y ahora qué hago? Tienes miedo de hacer algo mal. Nosotros teníamos claro que íbamos a ayudar a todos los vecinos, a explicar lo que no se puede hacer y a no engañar; siempre soy clara. Lo que es verdad es que es muy ingrato, porque aunque hagas las cosas a tu parecer siempre hay un pero. Yo hago mucha vida social en el pueblo y llego a tomar el café y me paran en el bar. Es difícil, pero luego haces algo por ayudar, como en nuestro caso con el abastecimiento, y tienes la ilusión de haber podido arreglar un problema. Al final, protestan cuatro.
–Yendo a los problemas que tiene que afrontar la provincia en general, y muchos de los pueblos en particular, ¿ve posible frenar la sangría de la despoblación?
–Yo creo que frenar sí se puede frenar. La pandemia nos ha ayudado en ese sentido, porque la gente ha valorado la vida en el pueblo. A mi zona han venido a vivir familias que no tenían vinculación previa con el municipio, que ni conocían Zamora. O han cogido una casa, porque viven en Madrid, y vienen los fines de semana. Si la gente sigue viniendo, los niños hacen amigos, y teniendo amigos quieren venir al pueblo. Todo eso hace que la gente se anime. Aun así es algo muy complicado porque no podemos ofrecer trabajo. La mayoría de la provincia está dejando de tener ganado y queda la agricultura, pero ahí ya no contratan a nadie para trabajar, lo hace el propio agricultor. Entonces, lo veo complicado, pero hay que intentarlo. Nosotros preparamos actividades todo el verano para que la gente quiera venir. Tenemos 404 habitantes, en invierno somos poquitos, pero en verano es exagerado. Todos los pueblos tendríamos que incentivar que la gente quiera seguir viniendo, aunque sea en vacaciones.
–En todo caso, esa fluctuación de la población genera problemas en la prestación de los servicios por parte de los ayuntamientos, acostumbrados a atender a su número habitual de vecinos. ¿Qué se puede hacer en estos casos?
–En temas como los de los médicos es complicado para pueblos que pasan de 50 a 700 habitantes. Es lo que más difícil tenemos, pero el problema es que no hay profesionales. La gente dice que no quieren contratar, pero es que no hay. Yo, en la primera reunión que tuve con el coordinador de mi centro de salud, me dijo que si conocía un médico que quisiera venir a trabajar se lo presentara, que al día siguiente le hacía un contrato. Yo llamé, pero me dijeron que no había gente. No me lo podía creer. Que tengas un contrato encima de la mesa y que no tengas médicos. No sé cuál es la solución. Hay que luchar, al menos, por mantener lo que tenemos y dar alternativas para que la gente quiera venir.
–¿Se les pide a los alcaldes ser también ciertamente creativos?
–Yo creo que es lo que hay que hacer. Tienes que incentivar que a tu pueblo quieran venir. Nosotros preparamos todos los años cuatro o cinco actividades y, con la fiesta de los quintos, la gente viene y nos dice que ni les dejamos descansar. Nos tenemos que mover.
–Otro de los asuntos que afecta ahora a los pueblos es el de la instalación de energías renovables y la implantación de negocios como las macrogranjas. ¿Hay alguna manera de abordarlo desde el consejo o es algo que tiene que ir más ayuntamiento por ayuntamiento?
–Es un tema muy complicado. Unos están a favor por la creación de empleo y, en definitiva, porque es un negocio; otros señalan lo negativo. Yo creo que hay que estar en el medio, no podemos ponernos en ningún extremo, porque al final tienes que comprender que, si yo monto una macrogranja y doy trabajo a tres personas, estoy generando empleo. Tiene sus cosas, como todo. Es igual que lo de las placas solares. Hay gente que está a favor y gente que está en contra porque dice que se están quitando los cultivos y que se está convirtiendo todo en campos de placas. No es ni llenar todo de placas solares ni dejarlas sin poner. A mí me escribieron para ponerlas en mi zona y lo miré. Las habría puesto, pero en esta zona de reserva es imposible. Aquí no tenemos casi nada que nos genere dinero y era una forma de tener más ingresos. Tampoco se trata de protestar por todo. Pienso que estamos un poco más susceptibles que hace algunos años. Antes de protestar hay que ponerse en el lugar del otro.
–Con el tema de la llegada de inmigrantes, que se plantea como otra solución para los pueblos, ¿cree que sería factible convencer a las familias de que ir a Madrid puede ser peor que marcharse a un pueblo?
–El problema es el trabajo. Nosotros tenemos dos familias que están viviendo en el pueblo y estamos con las puertas abiertas a que vengan más. Pero insisto en el problema del trabajo y de las casas. Si no, con las familias que no vengan a buscar problemas, estamos abiertos. Y yo creo que se va a llegar a eso. Yo misma vine de una ciudad, de Vitoria, y me trasladé a un pueblo que ahora mismo no cambio por nada. Mis hijos tampoco quieren ir a la ciudad; salen a la calle todos los días. La calidad de vida del pueblo no tiene nada que ver.
–Yendo al tema de su nombramiento, ¿cómo surgió la opción?
–Pues fue una sorpresa, me lo dijeron prácticamente en la víspera, y me ha hecho mucha ilusión que hayan confiado en mí. Tengo ganas, un poco de miedo, dudas sobre cómo gestionar algunas cosas, pero trabajaremos para solucionar los problemas.
–Va a tener al lado a Miguel Alejo. ¿Cómo va a ser la relación entre ustedes dentro del órgano?
–Lo conocí el miércoles. Me ha transmitido confianza y me ha parecido una persona sensata. Cuanto tengamos correos y haya temas que tratar, me pondré en contacto con él y trabajaremos.
–Los alcaldes son mayoritariamente del PP, pero los hay del PSOE y de otros partidos. ¿La presencia de Alejo busca que los miembros de otras fuerzas se sientan cómodos en el consejo?
–Yo creo que esto es lo que se debe hacer. Lo han planteado bien. Si tú tienes a alguien de tu partido ahí, te sientes amparado. Vamos a dialogar, llegaremos a acuerdos y los de su partido, los del mío y los demás van a estar arropados. Eso debería ser así a este nivel y en los más altos.
–Si nos vamos cuatro años más allá en el tiempo, en 2027, ¿con qué sentiría que ha cumplido con su labor en el consejo?
–Con conseguir que se trabaje en algo, que solucionemos un problema fuerte y general que tengan los alcaldes.
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