Entrevista | Manuel Campo Vidal Periodista y doctor en Sociología
"Hay una parte de la España rural que no se resigna a que la llamen vaciada"
"Culturalmente, siempre ha parecido que al final los listos eran los que se iban a las ciudades y los tontos los que se quedaban en el pueblo"

ZAMORA. CLUB LA OPINION MANUEL CAMPO VIDAL / JOSE LUIS FERNANDEZ
El estudio de la despoblación y la búsqueda de soluciones para erradicarla es la batalla en la que lleva años lidiando el periodista y doctor en Sociología Manuel Campo Vidal. Un trabajo muy activo, traducido en la producción de libros y documentales o en la creación de la institución Next Generación o la Red de Periodistas Rurales. Todas esas herramientas están enfocadas a un mismo objetivo, pero el aragonés subraya que no se conseguirá sin la colaboración de partidos políticos, administraciones y sociedad civil porque se trata de un reto que afecta a todos.
–¿Qué término le parece más adecuado: la España Vacía o la España Vaciada?
–Ninguno de los dos, porque tenemos que ir quitando adjetivos negativos en torno a esta cuestión. Hace más de veinte años recuerdo estar hablando con José Antonio Labordeta y Marcelino Iglesias sobre esta situación, porque yo soy natural de esa zona del Pirineo donde existe el gran problema de la despoblación. Por aquel entonces, la llamábamos la España interior, pero es que hay que tener en cuenta que en el centro de esa España se ubica una bomba de relojería llamada Madrid, con un PIB similar al de Portugal. Tuvo que venir Sergio del Molino para hablar con su libro de la España Vacía, que fue todo un éxito pero, tiempo después, el movimiento de Teruel ayudó a que lo cambiaran por España Vaciada. Yo también saqué un libro que hablaba, en este caso, de la España despoblada.
–¿Por qué esa nueva nomenclatura?
–Porque me parecía más humano que el adjetivo vacío. Y el documental que he presentado hace unas semanas lleva por título "España rural viva", porque creo que es verdad que, aunque no todo está vivo, hay una parte de la España rural que no se resigna a que la llamen vacía o vaciada.
Cuando me fui de mi pueblo, con nueve años, a Barcelona, había 600 habitantes; ahora se cuentan solo 139 vecinos
–¿Cómo surge ese creciente interés por la despoblación, que ha protagonizado muchos de sus trabajos en los últimos años?
–En mi caso, soy hijo de la despoblación. Cuando tenía nueve años, mi familia emigró de Camporrélls, provincia de Huesca, a Barcelona. Y siempre he mantenido el contacto con el pueblo. Cuando yo me fui, tenía 600 habitantes y ahora tiene 139. No he fallado, salvo contadas excepciones, a la fiesta mayor, voy tanto como puedo y hablo mucho con la gente del pueblo. La casa donde vivían mis padres, que era de alquiler, la han convertido en casa rural y allí es donde duermo, en la misma habitación en la que nací, con la consiguiente recarga emocional que eso supone. Hace cinco años, Frances Boya, que por aquel entonces era el presidente de la Asociación de Pueblos de Montaña en España y más tarde pasó a ostentar el cargo de presidente del valle de Arán, me convocó por estar tan vinculado al pueblo. Reconocía que en los medios, salvo los provinciales, no les hacían caso y querían saber qué se podía hacer. Así que nos pusimos en marcha para dar un empujón a todo esto.

Manuel Campo Vidal, en el Club LA OPINIÓN-EL CORREO. | J. L. F. / B. Blanco García
–¿Y cuál ha sido el resultado?
–De aquel empujón salió la creación de la cátedra de Despoblación y Reto Demográfico y la constitución de la asociación Red de Periodistas Rurales, donde intercambiamos crónicas de las provincias e ideas. Más tarde, en la manifestación conocida como la revuelta de la España Vaciada, en marzo 2019, tuve el honor de leer el manifiesto junto con la periodista Paloma Zuriaga, que es de Teruel.
–Como periodista, al estar en continuo contacto con la gente, ¿se tiene una sensibilidad especial hacia estos temas?
–Yo toda mi vida he tenido una actividad cívica y social. Estaba en el movimiento antifranquista cuando queríamos la democracia y después en movimientos en favor de la sociedad, pero es cierta esa sensibilidad de la que hablas. Además, en mi caso, soy doctor en Sociología y en mis estudios voy incorporando aspectos de todos estos escenarios. Hay mucha labor sociológica aquí y luego, como profesor, también encargo trabajos de esta naturaleza. Aprendes de unos y de otros y de los intercambios. Y aprecio que ahora mismo haya un movimiento marcado por esa manifestación de 2019.
El hogar de mi infancia es ahora una casa rural y cuando voy, duermo en la misma habitación en la que nací
–¿Considera que este asunto forma ya parte de la agenda política?
–Antes no, pero ahora ya sí, afortunadamente. Incluso diría que no solo el Gobierno de España, que creó la Secretaría General de Reto Demográfico, sino también algunos gobiernos autonómicos a los que les ha costado mucho mirar a sus territorios, como los casos de Valladolid o Zaragoza, por citar algunos. Ha habido comunidades que no han sido, a mi modesto juicio, todo lo sensibles que sería necesario respecto a la situación que tienen en sus territorios.
–¿La política es una herramienta indispensable para trabajar en la solución de este problema social?
–Totalmente de acuerdo. Por ejemplo, que Teruel Existe sacara un diputado fue decisivo en el Gobierno para la investidura, algo que, probablemente, se repetirá en las elecciones de este año, para saber quién va a gobernar Aragón después del 28 de mayo. También son importantes los de Soria Ya y todos ellos no solo han ayudado directamente, sino que han hecho que los otros dos grandes partidos, PSOE y Partido Popular, se tomaran mucho más en serio todo esto.
–¿Hay que estar alerta por si los grandes partidos aprovechan este problema como arma electoral para luego olvidarse de él?
–Mientras vayan haciendo cosas tangibles, me lo iré creyendo. De momento, es verdad que en aquel debate que organizamos desde la Academia de la Televisión, en noviembre de 2019, Pedro Sánchez dijo que crearía un ministerio, aunque al final fue un añadido, que me vale. Así que, mientras haya política que esté en el Boletín Oficial del Estado, es decir, que se apruebe en el Consejo de Ministros, significará que avanzamos. Otra cosa es que a mí me gustaría que funcionara todo y se avanzara más rápidamente. Queremos esto porque si no, habrá cada vez más pueblos que, a una proyección de diez años vista, es más que probable que no tenga futuro.
–¿Qué opina de los nuevos grupos políticos que han nacido tras el empuje de Soria Ya o Teruel Existe?
–Hay que tener en cuenta que estos dos grupos llevan más de veinte años trabajando. Luego ha habido otros que han salido diciendo que son como ellos, pero no, porque no llevas dos décadas sembrando y careces de su credibilidad. Y además, muchos de estos grupos nuevos de ahora los montan los enfadados de otros partidos, literalmente, con todos mis respetos. Por ejemplo, alguien que sale de listas en el que había sido su partido hasta esa fecha. En todo caso, todo agita y, si se hace en buena dirección, es positivo.
–Desde su experiencia alrededor de la despoblación, ¿se trata de un problema exclusivo o más acuciante en España que en otros países?
–El Parlamento Europeo hace unos años creía que esto de la despoblación se daba solo en Laponia, el norte de Europa y las tierras altas de Escocia, pero hubo una enmienda que creo recordar que comenzó Ramón Luis Valcárcel, presidente de Murcia, y a la que contribuyó luego Susana Solís y algunos diputados más. Entre todos, consiguieron que se aprobara el reconocimiento de que la despoblación es general de Europa, pero sobre todo en el sur. Hay despoblación en Italia, Francia, Portugal y, especialmente, en España.
–¿A qué se debe estar a la cabeza de este problema?
–Porque viene de muy atrás. Llevamos un siglo y medio enviando gente a América y a otros lugares de Europa. Antes de que acabara el XIX, un millón de gallegos fueron a América y en las dos primeras décadas del XX otros 900.000 salieron de Galicia. En el siglo XX, dos millones de personas fueron desde cualquier provincia de España, incluida Zamora, a Cataluña. Todo eso es despoblación. En España está mucho más pronunciada, porque además se sumó el gran abandono que por parte de los gobiernos nacionales, autonómicos y provinciales hubo respecto a los pueblos que languidecían, sin ningún tipo de ayuda. Después, está el tema cultural.
He tenido una gran actividad cívica; estuve en el movimiento antifranquista pidiendo la democracia
–¿A qué se refiere?
–Pues que parecía al final que los listos eran los que se iban a las ciudades y los tontos los que se quedaban en el pueblo. Por eso es tan oportuna la frase del alcalde de Cabra cuando dijo que hay más paletos en Madrid que en muchos pueblos.
–Considera que la educación es otra herramienta importante para combatir la despoblación, a tenor de la creación de la institución Next Educación que ha creado.
–Ahí tenemos un título de diplomado de Territorio Rural Inteligente. Son veinte horas de formación, aparte de unos talleres demostrativos para ver cómo se combate esto a través de la digitalización, de la creación de energía, de las comunidades energéticas locales…. Yo creo que, sobre todo, falta formación, no reglada, sino para que todos hablemos el mismo lenguaje y para que concejales, diputados provinciales, miembros de los grupos de desarrollo rural y cualquier persona sensible a la cuestión hablemos el mismo lenguaje y entendamos que es fundamental la digitalización, la sostenibilidad y, desde luego, la gestión de la energía que se pueda generar y podamos producir de forma particular. Estamos en ese proceso de formación y creo que sin formación no haya recuperación.
–¿El periodista también puede ser un actor del cambio?
–El periodista es fundamental en todo este proceso. Si los medios de comunicación no intervienen, esto no se mueve. Cuando se cierra un periódico, se apaga una provincia, igual que cuando en un pueblo se cierra el bar, muere la conversación. Yo propugno para salir de esto una gran alianza, donde estén todas las administraciones: ayuntamientos, diputación, comunidad autónoma, Gobierno de España y también la Comisión Europea, que ya interviene a través de distintos fondos que la administración estatal distribuye en preferencia al mundo rural, algo muy positivo. Pero una alianza entre todos estos actores, con organizaciones de la sociedad civil y con los medios de comunicación es esencial para salir adelante.
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