Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Goyo Jiménez Humorista

"El orgullo de lo nuestro no debe ser patrimonio de una ideología"

"El humorista tiene el deber de ser empático y entender que la gente viene a su espectáculo para salir mejor de lo que entró"

Goyo Jiménez

Goyo Jiménez / PALACIO DE FESTIVALES - Archivo

B. Blanco García

B. Blanco García

Goyo Jiménez regresa a Zamora para corroborar que sigue siendo un experto en asuntos americanos con la tercera entrega de su espectáculo "Aiguantulivinamérica", que ha colgado el cartel de "no hay entradas". Monologuista con denominación de origen, actor, presentador y director, entre otras facetas, reconoce que sobre el escenario, frente al público, es donde saca lo mejor de sí mismo.

–No hay dos sin tres y este jueves los zamoranos disfrutarán en el Teatro Ramos Carrión de "Aiguantulivinamérica 3". ¿Le queda algo por contar sobre los americanos?

–Y podría haber una cuarta, porque, de hecho, este espectáculo salió a la par que el segundo. Llevaba muchos años sin hacer nada sobre el asunto, porque el primer espectáculo tiene más de veinte años y después había hecho otros totalmente diferentes, pero la gente me pedía más cosas de americanos, insistentemente. Así que me puse, pero me imponía mucho, por el gran éxito del primero. Al final, saqué tal cantidad de material que me dio para dos entregas más y así es como se convirtió en trilogía, que además ahora es algo que está en boga.

–Y es algo muy americano.

–Además de un gran reto por plantearlo en tres días seguidos, con lo que estoy en un teatro tan grande como es el Capitol, donde juntas a cerca de 4.000 espectadores todos los fines de semana. De momento, estoy emocionado, porque ha ido funcionando y ya es hora de mostrarlo fuera de Madrid.

–Aquí el Ramos Carrión no llega a ese número de espectadores, pero ya se han agotado las entradas. ¿Se convierte en una responsabilidad?

–Lo es, lo es. De hecho, después de la pandemia soy más consciente todavía de lo que representa que la gente vaya a verte, porque estamos todos muy tocados del ánimo y necesitamos la inyección de buen rollo constantemente. Y yo soy responsable de esto, porque la gente pone su tiempo, su ilusión y su dinero en verte y no puedes defraudar. Vienen esperando no solo pasarlo bien, sino pasarlo muy bien, así que lo que ofrezcas tiene que ser trepidante y, de momento, nadie se me ha quejado, así que estoy tranquilo.

–¿El modelo del "stand up", tan americano, por cierto, ya está asentado en España?

–Como género ya se ha quedado, pero sí que es cierto que se han introducido muchos cambios, como ha ocurrido en otros países, porque, como decía Heráclito, nada es estático. Ahora además la gente lo selecciona, como ocurre, por ejemplo, con la cultura del vino, que no se toma uno cualquiera, sino que elige el que más le gusta. Pues también hay una cultura del "stand up" que, por suerte para mí, tiene unas denominaciones que están por encima de otras, con lo que estoy encantado. Y que dure.

–¿Cuál es el secreto para subirse a un escenario y ganarse al público solo con la palabra?

–En mi caso, haber pasado por todos los palos del teatro, desde la actuación hasta la dirección. Pero aun teniendo esto, debes ser una persona muy jugona, es decir, a la que le haga feliz jugar con la diversión de los demás, porque si a ti no te gusta divertir al resto ni tienes esa vocación, no sirves, por muy buen actor que seas y muy buenos chiste que se te ocurran. Esto es como un juego, como un niño que se sube al escenario para divertirse. Ese concepto lo han entendido muy bien americanos e ingleses, porque a los que se suben encima de un escenario los llaman "player", es decir, jugador, no actor, ya desde tiempos de Shakespeare, igual que al guion lo denominan "play". Todo esto ya te da una pista de por dónde va: hay que salir a jugar, no a interpretar, sin tener en cuenta el público, porque ellos también son parte de ese juego. Decía Lope de Vega que el teatro son dos personas, una pasión y una manta, es decir, se necesita, al menos, a uno jugando y a otro viendo cómo juega y jugando con él desde abajo.

–En su currículo hay teatro, cine y televisión, pero ¿es sobre el escenario, con sus monólogos, donde se siente más cómodo?

–Ante todo, es donde más desarrollo, porque cómodo estoy en todas partes, soy un bendito (risas). Me encanta, por ejemplo, hacer radio y ahora estoy con Alsina, o me encanta que me llamen para presentar un programa. Pero donde de verdad yo me saco el partido y me exprimo es haciendo mis shows, es donde mejor resultado tengo de todo lo que sé hacer, pero al final no son más que años y años trabajando en esto. Los jóvenes que llegan ahora queriéndose dedicar a los monólogos me piden consejo y siempre les digo que esto se trata de una formación constante para mejorar y observar cada día los errores para pulirlos, como cualquier otro artesano.

–Volviendo a "Aiguantulivinamérica 3", ¿los españoles tenemos algo que envidiar del sueño americano?

–No hay que olvidar que los españoles también somos constructores de ese sueño pero que, además, hemos inventado la siesta española (risas). Algunas cosas sí que podemos aprender de los americanos, como el estar orgullosos de los grandes logros que hemos tenido. Los americanos son capaces de lo mejor y de lo peor, pero ven siempre más lo primero, al contrario que los españoles.

–¿A qué se puede deber?

–En parte por ignorancia y en parte por miedo a quedar como patriotas. Parece que el orgullo de lo nuestro se queda como patrimonio de una ideología y eso es algo absurdo. Es decir, cuando tienes un grupo y está cohesionado y hace cosas buenas, hay que estar orgulloso de ello. Por ejemplo, este país es el mayor donante de órganos del mundo y eso es algo de lo que estar orgulloso y sacar pecho. Y eso no tiene que ver con ninguna ideología, sino con que somos un grupo de gente donde, mayoritariamente, predomina la empatía y los buenos sentimientos hacia los demás. Así que, deberíamos estar orgullosos de ser buena gente y tenerlo claro.

–Y respecto al humor, ¿nos cuesta reírnos de nosotros mismos?

–El español se ríe de uno mismo siempre que uno mismo sea otro. Cuando tú ya te ves identificado en la foto o la caricatura que se está sacando en el escenario, te empiezas a molestar. Y yo el primero, porque como humorista me ha costado muchas reflexiones y autocontrol para aguantar las bromas de otros, porque somos muy inseguros. Nos duele que nos hagan crítica y más a través de la broma. Esa es otra ventaja que tienen los americanos, que tienen shows en los que vas a que te dan cera, pero aquí algunos no entienden que están en un espectáculo de comedia. Es como quejarte tras haber comprado entradas en primera línea de campo para ver un partido de fútbol y llevarte un balonazo; forma parte del juego.

–Pero humor todavía nos queda, ¿verdad?

–No se puede generalizar, pero siempre hay que ir con cuidado. Si yo me pongo este jueves a hacer bromas de Zamora, tengo que saber hasta dónde puedo llegar. Creo que el humorista tiene el deber de ser empático y entender que la gente viene al espectáculo para salir mejor de lo que entró. Hacer humor es como hacer el amor: primero hay que seducir, gustar y atraer y ya el resto lo haces a través de la caricia, nunca de la imposición. Como espectador, donde me incluyo, hay que ser bastante más abierto, porque al final lo que hace grande a una sociedad es la capacidad de reírse de sí misma de verdad.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents