El teletrabajo ha impulsado el regreso a Zamora de muchos jóvenes emigrados en otras zonas del país, tanto trabajadores como estudiantes. Sin embargo, la juventud reclama soluciones que vayan más allá, como el desarrollo del tejido productivo, la digitalización igualitaria en todas las poblaciones, una sanidad rural de calidad y la mejora de las infraestructuras de transporte. De la observación de problemas como estos nació, en octubre del año pasado, el grupo Jóvenes de Castilla y León en Madrid, formado por personas de todas las provincias de la comunidad.

Una de sus integrantes, Tamara Montero, natural de Villaseco del Pan, aunque siempre ha vivido en la capital zamorana, ha teletrabajado desde el comienzo de la pandemia, y su intención es quedarse en su tierra. Montero llegó a Madrid hace siete años, después de finalizar sus estudios de Ciencias Ambientales, “al ver que allí tenía más oportunidades en ese sector”, señala. Actualmente, trabaja en una ONG y, a pesar de que todo apunta a que se quedará en la provincia, “el teletrabajo puede influir en la vuelta de algunas personas, pero no es la solución porque siempre requiere volver a Madrid en algún momento, porque allí está la empresa”, indica. Además, “Internet es lento, yo misma tardé más de un mes en acceder a una buena conexión”, añade.

Como Tamara,_Alberto Zamorano, estudiante de Ciencias Sociales en Madrid, ha vuelto a la capital durante la pandemia. Al estar en la ciudad, no ha tenido problemas de conexión para continuar el cuatrimestre universitario. El próximo año, “podré estar más en Zamora, ya que el curso será semipresencial”, comenta. En su caso, lo más difícil son las conexiones y el tiempo de viaje, ya que únicamente dispone de autobuses para transportarse. “Para muchas personas, quizá compensa más el teletrabajo, al final es menos costoso que vivir en Madrid”, añade.

También Silvia del Río, estudiante de Telecomunicaciones que ha pasado el confinamiento en un pequeño pueblo de Segovia donde creció, destaca “la baja conexión a Internet para estudiar a distancia y la necesidad de mejora de los transportes, pues el viaje hasta Madrid en autobús son dos horas”.

Otro castellanoleonés, Javier García, de Ávila, ha teletrabajado desde la región, “con una vida completamente diferente a la de la ciudad, sin restricciones horarias durante la cuarentena, y valorando más la naturaleza frente a una ciudad tan masificada y con contaminación”, apunta. García también ha notado la lentitud de la conexión a Internet, y ese es uno de los motivos por el cual, por ahora, no se plantea volver.

La necesidad de digitalizar la zona y de mejorar las conexiones se unen al problema de la despoblación, de la sanidad o la falta de industria. Así, Jóvenes de Castilla y León en Madrid se sostiene sobre tres pilares: “en primer lugar, que las personas no se vean obligadas a emigrar y puedan quedarse; que las que se han ido tengan la oportunidad de volver; y que la única opción no sea tener que marcharse”, apunta María José Pérez, una de las impulsoras del grupo, natural de Almaraz de Duero, que se trasladó a Madrid para especializarse en Museos y_Patrimonio Cultural, tras finalizar el grado en Historia del Arte y no encontrar salidas laborales. “Después de la crisis del 2008, la demográfica y la actual, se corre el riesgo de que no solo se pierda esta generación, sino también la región, porque sin jóvenes no hay futuro”, sostiene Pérez. Así, los miembros del conjunto juvenil se han reunido en varias ocasiones con representantes de las administraciones públicas, con el objetivo de ver hechas realidad sus propuestas, sin quedarse únicamente en las reivindicaciones.

Para muchos, emigrar es una gran experiencia, “porque se conocen lugares nuevos y te puedes desarrollar personalmente, pero para mí ha sido forzado, no me gustaría haberme movido, aunque sabía que en algún momento tendría que hacerlo”, relata Tamara Montero. A ello se añade la difícil adaptación a una ciudad como Madrid, donde “todo es más caro y cuesta hacerse un hueco”.

Tamara, María José, Alberto, Silvia o Javier, entre otros jóvenes, se unen ahora para dar lugar, juntos, a unos retos de futuro que garanticen el progreso de una región, a ojos de muchos abandonada, pero anhelada por todos aquellos que se han marchado al no ver cumplidas sus expectativas, quienes mantienen la ilusión de regresar más tarde o más temprano. Como indica Alberto Zamorano, “me gustaría volver a mi ciudad, y tengo la esperanza de que, con el movimiento en torno a la España vaciada, pueda haber algún cambio”.

En definitiva, unidos por un territorio con una identidad propia que se mantiene.