El turismo posterior al confinamiento no arranca. Los hoteles de la capital, acostumbrados a un continuo entrar y salir de viajeros —máxime en los últimos años, en los que los datos de turistas que han llegado a Zamora no han dejado de aumentar— están hoy a medio gas. Alojamientos acostumbrados a presentar un buen aspecto en los meses de verano ven ahora vacías la mayoría de sus habitaciones y los principales puntos de interés de la capital, como sus iglesias románicas y museos, pasan el día a día dando la bienvenida a pequeños grupos de veraneantes —familias en la mayoría de los casos— que llegan desde lugares de origen relativamente cercanos.

Los datos permiten averiguar que el golpe económico que la parálisis del turismo deja en la provincia de Zamora se podrá sentir durante varios años. Solo en el primer semestre del año, con España confinada durante muchas semanas, Zamora dejó de recibir cerca de cien mil turistas si se comparan los datos con los del año pasado. Seguramente, podrían haber sido más, puesto que el año 2020 también comenzaba con una tendencia alcista. Entre enero y junio de este año llegaron a la provincia 28.905 personas, la mayoría en los meses de enero y febrero. En junio el Instituto Oficial de Estadística registró la llegada únicamente de 2.992 personas, aunque es cierto que los desplazamientos entre provincias estuvieron prohibidos hasta antes del día 21.

Aunque los datos mejorarán en los próximos meses, lo delicado de la situación sanitaria —con brotes y rebrotes que se extienden a lo largo de toda la geografía nacional— hace que el sector se tema un otoño “muy duro”. En el segundo semestre del año pasado llegaron a Zamora un total de 157.400 viajeros, siempre según los datos que elabora el Instituto Nacional de Estadística. Evidentemente, esta cifra es hoy por hoy inalcanzable, y lo será posiblemente también en los próximos años. Las previsiones, indican fuentes del sector, apuntan a mantener el cincuenta por ciento de esos visitantes en el mejor de los casos, aunque las perspectivas parecen pecar de optimistas viendo la evolución de la pandemia. De ser así, la hostelería zamorana se conformaría con mantener a 80.000 de los cerca de 160.000 viajeros que llegaron en la segunda mitad del año pasado. Es decir, se conformaría con perder 80.000 visitantes más en un año en el que ya ha perdido más de 92.000.

Evidentemente, la llegada de turistas tiene unas implicaciones que van mucho más allá de ver con más o menos vida los principales puntos del centro de la ciudad. Muchos negocios viven directamente de ellos. La estimación que hacen desde el sector es que cada turista gasta una media de más de cien euros al día en la provincia de Zamora, cantidad en la que se engloban gastos como el alojamiento, comidas, visitas a los bares y compras de “souvenirs” o recuerdos, entre otras cosas. Si los turistas no vienen, su dinero tampoco. Dando por buena la estimación de cien euros diarios por persona, una pérdida de 200.000 visitantes se traduce en una merma de ingresos para la provincia de cerca de veinte millones de euros, un buen “bocado” a un PIB provincial que depende excesivamente del sector público y de los negocios del sector servicios. El sector mira preocupado al mes de otoño, cuando la bajada de las temperaturas y la vuelta a la rutina laboral reducen aún más el flujo de visitantes. “Los próximos meses pueden ser muy duros, podemos estar ante un buen número de cierres”, aseguran las mismas fuentes.