12 de noviembre de 2019
12.11.2019
Josep Maria Esquirol | Filósofo

Entrevista a Josep María Esquirol, filósofo | "Las cosas más hondas han de poderse expresar con un lenguaje comprensible"

"Pese a que el tipo de sociedad que estamos confeccionando no tiene demasiado interés en ubicar la reflexión y una cierta pausa en un lugar importante, la partida no está perdida"

11.11.2019 | 18:48
Josep Maria Esquirol durante su intervención en la Biblioteca Pública.

El filósofo Josep Maria Esquirol, quien mantiene un estrecho diálogo con autores contemporáneos, ha abierto las jornadas "Tiempo y leyenda" dedicadas al último poemario del poeta Claudio Rodríguez, organizadas desde el Seminario Permanente que vela por la divulgación y el conocimiento de la obra y la vida del creador zamorano.

–¿Qué es para usted la filosofía?

–Es lo que refiere al pensar. Las personas pensamos, en el sentido de intentar profundizar en aquello que más nos afecta que son la vida y la muerte, porque es lo que más nos afecta y porque el sentido profundo de lo que más nos afecta no está claro. El pensar es una especie de aproximación a algo que se nos escapa, aunque se nos escape, consigue algo. La proximidad con los más profundo, que no su dominio, tiene algo de beneficioso que es lo que uno percibe cuando lee a un gran filósofo. La hondura a la que ha llegado puede ayudar a orientar nuestra vida.

–Habla de hondura en unos momentos de vida acelerada, de prisas, de mensajes a través de aplicaciones frente a la comunicación verbal...

–En la sociedad contemporánea que se está estructurando muy acelerada y densa, con mucha distracción y mucha pantalla evasiva el ejercicio de pensar no se adhiere demasiado bien, es verdad, pero por eso yo hablo de resistencia. Este tipo de actitud ante las cosas y ante la vida propia está erosionada. No tienen muchos elementos a favor, pero el que algo no esté en el centro de la actualidad, que esté al margen de la moda de nuestro tiempo, no significa que no sea muy valioso e incluso que en fondo no tengamos necesidad de ello. La bondad de la reflexión, al final, se echa en falta y aunque hablemos a menudo de la sociedad del bienestar hay un malestar de fondo latente.

–¿Podrá acabarse con él?

–Yo no hago pronósticos, ojalá que eso que ahora mismo es marginal vaya adquiriendo un mayor protagonismo, ojalá los márgenes sean capaces de fecundar el conjunto. Si una cosa es valiosa, aunque sea marginal merece la pena dedicarse a ella.

–¿Apuesta por una filosofía que se despoje de fórmulas elevadas?

–Filosofía práctica sí, pero en el sentido de los antiguos. No filosofía práctica como una especie de rebajamiento del rigor especulativo y elevado, incluso no entiendo el ensayo filosófico como una divulgación del pensar más elevado. Desde mi punto de vista las cosas más hondas han de poderse expresar en un lenguaje comprensible. En demasiadas ocasiones esta especie de academicismo y de aparente erudición esconde bastante banalidad. Personalmente me parece que en el mundo de las ciencias sociales hay un exceso de retórica academista.

–Usted centra su interés en lo cercano, en lo próximo, en aquello cotidiano.

–Yo he utilizado para caracterizar mi propio camino de pensamiento la filosofía de la proximidad, que tiene una articulación semántica que se refiere a la cotidianidad, a gestos en apariencia poco relevantes y repetitivos, como el compartir la mesa o el dar los buenos días. He focalizado sobre la hondura de estos gestos y la importancia que tiene para orientar nuestras vidas algunas de las reiteraciones cotidianas, algunas de las cuales que se están perdiendo, pero cuando hablo de proximidad también me refiero al movimiento mediante el cual hacemos del otro nuestro prójimo. Proximidad alude a la capacidad de convertir a los demás como verdaderamente prójimos, algo presente en todas las tradiciones culturales.

–En nuestra sociedad mensajes como el suyo logran calar, como evidencia que sus ensayos cuenten con múltiples ediciones.

–Pese a que el tipo de sociedad que estamos confeccionando no tiene demasiado interés en ubicar la reflexión y una cierta pausa en un lugar importante, la partida no está perdida. Muchas personas no han desconectado absolutamente. Cuando este planteamiento se hace, muchos individuos se sienten reconocidos en él. No planteo algo innovador, sino en el fondo recupero algo que está ahí, en un espacio marginal todavía valioso. Es esperanzador que haya personas que leen ensayos filosóficos, que son quienes tienen ya una receptividad.

– Y ¿las nuevas generaciones son receptivas a su pensamiento?

–Yo doy clase en la facultad de filosofía de Barcelona desde hace 30 años, pero mi parecer no es significativo porque las personas que vienen a esta facultad ya forman parte de esa marginalidad. (Se sonríe). Quizá otros estudios se hacen de una manera más inercial, Filosofía es muy vocacional, de ahí que tenga la suerte de que mis alumnos siempre tengan este interés.

–¿Y ha fluctuado mucho la matrícula?

–No, hubo un momento en el que bajó un poco al inicio de los años 2000, pero luego se estabilizó frente a algunos estudios humanísticos que tocaron fondo en la Universidad de Barcelona. Incluso en los últimos cursos ha aumentado porque cada vez son más las personas que estudian Filosofía tras haber cursado previamente otra carrera. Además, la emisión de una serie de televisión protagonizada por un profesor de filosofía hizo que entre los jóvenes calara y algunos han descubierto la posibilidad de cursar este estudio, aunque es un motivo pasajero. Son personas que van formar parte de esa marginalidad resistente, lo que yo he llamado la solidaridad de los conmovidos, concepto que aprendí de un filósofo checo.

–Esa solidaridad de los conmovidos choca directamente con el destierro de la filosofía en los planes de estudio.

–Es un problema porque lo que ocurre en el fondo es que los estudios de Secundaria tienen un currículum muy amplio y cada grupo de especialista presiona para que su materia tenga un mayor espacio. Sin embargo, el pensar es otra cosa que no está en el mismo nivel, si esto se entendiera no habría este panorama. Es una situación que guarda relación con la escasa tradición filosófica de España. Ojalá hubiera gente con influencia en el ámbito educativo que tuviera una mayor porosidad.

–Usted ha participado en unas jornadas dedicadas a profundizar en un libro de un poeta. ¿Es lector asiduo de poesía?

–Sí, aunque no puedo leer todo lo que quisiera porque el tiempo es limitado. En los versos encuentro unas pistas que son muy preciosas. Aunque hay mucha complicidad la diferencia entre la poesía y el discurso filosófico es que éste suele ser un poco más abstracto. Los conceptos son un poco más áridos, por eso a mí me interesa acompañar los conceptos filosóficos de imágenes o de referencias experienciales que concretan lo abstracto.

¿Se reconoce como lector de Claudio Rodríguez?

–No lo era, pero cuando Luis Ramos me invitó a participar en las jornadas comencé a leerlo. Tuve curiosidad por saber qué había escrito y ha sido todo un hallazgo. Me he encontrado con un tipo de poesía que me ha gustado y su lectura se notará en lo que estoy escribiendo porque varias ideas de su poesía las voy a incorporar.

–¿En qué está trabajando en estos momentos?

–Yo recorro un único camino que va teniendo tramos y cada uno lo publico en forma de ensayo. Existe una continuidad y hasta una ampliación del camino. Cada uno de mis ensayos es una continuación del interior. Ahora estoy trabajando en las líneas expuestas, recapitulando y profundizando en el tipo de gesto que cuidan y orientan nuestras heridas existenciales, en donde encaja la poesía de Claudio Rodríguez.

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