08 de noviembre de 2019
08.11.2019

¿Arde Castilla y León? De incendios, fuegos y combustiones en la España Vacía

Nos pasamos el día escuchando remedios mágicos, más propios de charlatanes y vendedores de feria que de aspirantes a gestores públicos

08.11.2019 | 08:18
¿Arde Castilla y León? De incendios, fuegos y combustiones en la España Vacía

Hace unos días, hojeando un diario local en León, leí una noticia que hablaba de la realización de un simulacro de incendio en la catedral. El fuego que arrasó las cubiertas de "Notre Dame" en París el pasado verano, motivó esta acción preventiva en su homóloga leonesa. El simulacro llegaba pocos días después del incendio que casi calcina el pueblo de Peñalba de Santiago, en el corazón del valle del Silencio, y su pequeña "catedral" mozárabe, pero el artículo solo hacía referencia al fuego parisino,sin mencionar para nada -si quiera por cercanía provincial-, el caso berciano.

El asunto de Peñalba, que pudo devenir en una tragedia humana y patrimonial de mayor dimensión, ha pasado extrañamente desapercibido pero es de una gravedad extrema. El incendio se complicó por la demora en el inicio de las tareas de extinción, debido al tiempo que los vecinos tardaron en poder avisar a los bomberos por la falta de cobertura de móvil en la localidad, algo que llevan denunciando varios años. La rapidez de actuación en estos casos es primordial, recordemos el fuego que en 1591 arrasó la fachada norte y el claustro gótico de nuestra catedral y que se agravó, entre otras razones, por el retraso del concejo en hacerle frente.

Detrás de ese incendio, que conmovió a los habitantes del valle, no se esconde la ciudad de dos mil años de la canción de Ana Belén, pero sí un asentamiento de más de un milenio. Las tierras de Peñalba de Santiago sedujeron desde antiguo a numerosos anacoretas como San Genadio y San Fructuoso, y fue tal la concentración de santuarios, monasterios y eremitorios, que el padre Florez la comparó con elValle de Tebas, bautizándola como la "Tebaida Leonesa" en su obra "España Sagrada".

A pesar de su importancia histórica y culturalsupongo que el valle del Silencio es poco rentable para que las empresastelefónicas desplieguen sustodopoderosasredes de cobertura.Y es que algo que puede ser interesante para desconectar del mundo para los que vamos de visita unos días, puede convertirse en un problema serio para los que luchan cada día por sobrevivir -o regresar-, a su tierra.

Detrás de ese incendio de Peñalba no existe el mar, como en la canción, pero todas aquellasfamilias bercianas que embarcaron en el puerto de A Coruña rumbo a América, saben muy bien que no está lejos. Si entonces fueron las malas condiciones de vida las que empujaron a tanta gente a emigrar y buscar un futuro más halagüeño lejos de su tierra, hoy es la ausencia de las más esenciales infraestructuras de comunicación, las que lastran la supervivencia de los pocos que quedan. Llueve sobre mojado. "(..) Detrás de ese incendio que te mueve, no queda ni un invierno, ni un verano, detrás de ese incendio, dicen, que nadie puede escapar (€)". Y este es uno de los problemas de esta frontera de la "España Vacía", título del acertado ensayo de Sergio del Molino ("La España vacía: viaje por un país que nunca fue"): que somos pocos y pobres, y por tanto poco rentables para las grandes corporaciones económicas.

Es absolutamente inconcebible que un territorio de nuestra región carezca de cobertura de telefonía y de un adecuado acceso a internet, más aún cuando la propia administración obliga a realizar determinados trámites exclusivamente a través de la red. Si la instalación de los recursos necesarios para ello no es rentable para las empresas en algunos lugares, tendrán que compensarlo con aquellos territorios donde sí lo es.

Igual aquello de los servicios públicos, que nos hemos ido cargando poco a poco, no estaba tan mal después de todo. En cualquier caso, en la gestión de las licencias está la clave, y eso está en manos de esos administradores que elegimos cada cierto tiempo (aunque últimamente lo hacemos con demasiada frecuencia, quizás porque no sabemos elegir y elegimos mal€). "¿Arde París?" es, además del título de la canción que el grupo Suburbano compusiera para Ana Belén en los 80, el de la película francesa realizada en 1966 por René Clément -basada en la novela homónima de Larry Collins y Dominique Lapierre-, y que narra la liberación de París de las tropas nazis.

El título responde a la pregunta hecha por Hitler a sus generalesreunidos en Rastenburg el 25 de agosto de 1944, tras dar la orden de destruir la ciudad por medio de cargas explosivas localizadas en los principales monumentos de la ciudad. Nos pasamos el día escuchando remedios mágicos, más propios de charlatanes de feria que de aspirantes a gestores públicos: planes contra la despoblación, informes y estrategias contra el reto demográfico y un amplio abanico de propuestastan vacías como esta España interior, y que ya llegan demasiado tarde.

Pero al final "mucha lumbre y poca brasa". Cuando Ramón Carnicer, en el viaje cuyas notas dieron forma al libro "Cuando Las Hurdesse llaman Cabrera", se encuentra con el indiano de Sigüeya -emigrado a Venezuela-, éste le dice que no ve más solución para la comarca que sacar la gente de los pueblos y quemarlo todo, para que nadie tuviera la tentación de volver.

Pareciera que nuestros representantes en Valladolid, Madrid, Estrasburgo o Bruselas conocieran los planes de este indiano y asisten como espectadores a los fuegos cotidianos que nos consumen, al estilo del Nerón que la leyenda popular sitúa tocando la cítara mientras disfrutaba del incendio de Roma; como convidados de piedra que llegado el caso llaman a "provincias" y preguntan ¿arde (ya) Castilla y León? "(€) Detrás de ese incendio que te mueve, apenas cabe el eco de una estrella, detrás de ese incendio, dicen, vive el duende del cristal (€)". Lo que profetizaba el indiano de Carnicer, es una distopía cada vez más cercana. Desde el último censo, la provincia de Zamora ha perdido mil electores. Cada vez somos menos y cada vez más pobres, y por tanto menos rentables para los nuevos dioses del IBEX.

Las vanidades posmodernas del estado del bienestar, de la redistribución social, de la justicia territorial, de la igualdad de oportunidades y en definitiva de la prosperidad de los ciudadanos, arden mejor que los libros (sí, en España hay incendios más allá de las calles de Barcelona).Y eso lo saben bien todos esos apagafuegos aprendices de Savonarola, o de bombero pirómano -al más puro estilo de "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury-, que cada día, como en la canción, ven arder Castilla y León, sobre el fuego de nuestras espaldas. El 5 de octubre las campanas de los pueblos de esa "España Vacía" sonaron al unísono reclamando su lugar en el mundo y un verdadero pacto de estado -real-,sobre la despoblación. Podrían seguir tocando eternamente a muerto, a arrebato o a fuego sin que pasara nada, como el otro día en Peñalba, tañendo a gritos mientras nuestros gestores tocan la cítara hipnotizados por la magia del fuego. El pasado viernes, víspera del Día de Difuntos, comenzaba una nueva campaña electoral y ningún partido la inició, a nivel nacional, en ninguno de los territorios de esa "España que nunca fue", de la que escribe Sergio del Molino.

Era previsible, parece que tampoco somos electoralmente rentables, pero somos, a pesar de todo, y de momento -y contra todo pronóstico-,seguimos siendo. "(€) Detrás de ese incendio que te mueve, se ahogan los principios de la guerra, detrás de ese incendio, dicen, muere el bien y el mal (€)". Ya lo escribía el poeta inglés John Donne en 1624, en su Meditación XVII de la obra "Devotions Upon Emergent Occasions", aunque este versículo se hiciera famoso tras ser incluido, por Ernest Hemingway, en su novela dedicada a la Guerra Civil Española "Por quién doblan las campanas", a la que, además, dio título: "(€) Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la masa. Si el marse lleva un terrón, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa señorial de uno de tus amigos, o la tuya propia.

La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti". Y mientras tanto€ arde Castilla y León, y como en la canción, en nuestra piel se quema el tiempo.

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