Sus padres barajaban dos nombres. Dani si era niño. Alicia si era niña. Al final fue Dani. Pero ahora es Alicia. O, quizá, siempre lo fue. "Yo fui la primera sorprendida. "Pero las cosas llegan, y un día te das cuenta de quién eres y no lo puedes parar", cuenta por teléfono.

Alicia Vatra está de estreno. La cantante zamorana transgénero afincada en Madrid lanza su segundo disco, titulado 'A fuego', un año y medio después de tomar la decisión. "¿Decisión? No es una decisión. Es un paso, un cambio, pero no una decisión porque yo no lo decidí", precisa. "Simplemente llegó un día en el que dije: No puedo seguir identificándome como un hombre, no puedo".

En 2018, escribió la letra de una canción que decía: "Vuela todo lo alto que quieras (...) Desátate y cásate contigo, sé tu propio abrigo, ha llegado el día de mirarse al ombligo, acaríciate, desnúdate y mira qué bien se te ve". Iba dedicada a una amiga que estaba atravesando "una situación vital complicada", según sus propias palabras, pero en realidad parecía que se la había escrito a sí misma sin saberlo. Un día comenzó a sentir que su nombre y su cuerpo no se correspondían con su identidad. Y ahí comenzó su transición de género. "Dani estaba bien, pero Alicia está mejor", escribía en su página oficial de Facebook.

Su nuevo disco refleja este cambio, no solo en el plano personal sino también a nivel musical. "Personalmente, el disco habla de la experiencia que he vivido durante estos últimos meses. Musicalmente, he asumido cierto riesgo pero con mucho cuidado". ¿Con qué? "Con la electrónica. Es que a la gente le asusta mucho, pero la electrónica es mucho más que chunda chunda. Sobre ella he hecho las bases aplicando todo lo que he aprendido de música". Que es mucho: jazz, reggae, cumbia, afrotrap, latineo y un largo etcétera.

Todo comenzó a los diez años, cuando empezó a tocar la flauta. Se sacaba de oído las canciones de los anuncios que sonaban en la tele y su hermano dijo: A esta chica hay que llevarla a clases de música. Ella quería estudiar guitarra, pero los profesores le recomendaron empezar por piano. A los trece, ya se hacía sus versiones y sus "cosas" con un teclado que tenía en casa.

A los quince, escribió sus primeras letras. Y en plena adolescencia, gracias a una beca internacional en la que fue seleccionada entre más de 500 candidatos solo en España, se marchó a cursar Bachillerato a Mostar, la ciudad de Bosnia-Herzegovina famosa por su implicación durante la Guerra de los Balcanes. Allí, en 2010, se subió por primera vez a un escenario a cantar versiones de pop-rock animado por un amigo. "No tenía casi canciones propias, entonces elegí las versiones que mejor funcionaban, como alguna de Boikot. Pero claro, allí nadie las conocía", recuerda entre risas.

Fue un 18 febrero, fecha elegida para que justamente una década después vean la luz los diez temas que componen 'A fuego' y que narran su tránsito casi de forma cronológica, entre ellos el de 'Vuela todo lo alto que quieras' con el que hizo pública su nueva identidad. "Nunca había tenido tantas ganas de sacar un disco, de contarlo todo, de poner en común tantas cosas. Por eso, esta vez vamos a fuego", relata Vatra.

Al igual que su nombre de pila y la fecha de lanzamiento, el apellido artístico tampoco ha sido elegido al azar. "Vatra significa fuego en bosnio", explica.

Todo está hilado. Ahora solo falta el apoyo económico para poder publicar su segundo álbum tras su debut con 'Buen viaje' en 2017. "Quiero expresar lo que solo puede salir cantando, poner en común mi realidad, que es la de tantas otras personas y visibilizar lo invisible. Pero también quiero daros algo con lo que bailar, gozar con canciones bien cuidadas y ofrecer una música que ayude a sanar", resume.

Con este objetivo, la cantante zamorana, que sufre una discapacidad visual, ha iniciado una campaña colaborativa de "crowdfunding" o micromecenazgo —en su traducción del inglés— para financiar el proyecto: la grabación del disco en un estudio profesional, la impresión de los CDs y el rodaje de dos videoclips, fundamentalmente. El modo de colaborar es sencillo, a través de la web de Verkami.com que a cambio incluyen el disco o incluso la celebración de un concierto, además de camisetas y bolsas de tela que realizarán con mimo los usuarios de la Fundación Personas de Morales del Vino. A falta de un par de días para que concluya la recaudación, ya se ha conseguido casi la mitad del dinero requerido. "Es muy bonito, ya son muchas personas las que forman parte del disco", expresa agradecida.

Lejos de ser un proyecto valiente, como muchos ya se han apresurado a tildar, Alicia Vatra vuelve a puntualizar. "Esto de ser quien realmente eres no es un acto de valentía, que nadie use esa palabra, es una necesidad". Y añade: "Os invito a que hagáis lo que necesitéis, que os exprimáis hasta el final para quedaros a gusto, que os cambiéis de nombre, de casa o de corte de pelo hasta estar en paz. No nos resignemos a ser lo que quieren que seamos, no hagáis ni caso a los monstruos que siempre acechan, despertemos, y no volvamos a cerrar los ojos nunca más".