El arquitecto Marco Antonio Martín Bailón se encuentra al frente del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo desde hace un año. El centro de estudios locales es una institución inmersa en muchos cambios siempre con la premisa de divulgar y velar por la cultura y el patrimonio de la provincia de Zamora.

-Se cumple en estos días un año desde que asumió la dirección del IEZ Florián de Ocampo ¿qué balance realiza?

-Creo que muy positivo. Estamos alcanzando algunos de los objetivos que nos planteamos ya no hace un año, sino cuando entramos en la junta directiva en 2016. El anuario sale con regularidad y con artículos de extraordinario rigor, como el estudio sobre del ladrillo de Numancia en 2017, que ha gustado a nivel nacional. Después de años de trabajo y ajuste, acabamos de relanzar el programa de becas, que es algo fundamental para un centro de estudios e investigación. Y pronto ya contaremos con el nuevo entorno digital, página web si se quiere, que garantizará el acceso universal a los contenidos que genera el instituto y dará buena muestra de la amplitud del mismo. Creo que estamos próximos a ser un centro del siglo XXI.

-Su junta directiva cuenta con caras nuevas.

-En las pasadas elecciones se incorporaron Félix Iglesias como vicesecretario, Rubén Sánchez como vocal de Etnografía y Toñy Mezquita como vocal de Lingüística y Literatura. Son personas muy activas que están volcadas con el Florián. A los miembros de la junta directiva se le pide, por un lado, que conozcan bien nuestra tierra, los nichos de estudio que se nos ofrecen y que estén atentos a trabajos o publicaciones que se están realizando; y por otro, estar al día de cómo está funcionando la comunidad científica a nivel nacional e internacional. Es un perfil complicado de cuadrar porque exige mucha dedicación. Hemos encontrado un equilibrio intergeneracional con mucha experiencia y brío a la vez. Tuve claro que había que actuar como puente entre la generación que se nos está yendo por fallecimiento o por jubilación a una segunda línea y las generaciones que están llegando a la investigación.

-¿Qué ha supuesto la puesta al día en la publicación de los anuarios?

-El anuario es el medio de expresión del instituto, de su día a día. Si se mantiene firme, el Florián será firme. El rigor de cualquier revista lo da la seriedad en los plazos y el nivel de exigencia en el proceso de selección y corrección. Al cumplir estos requisitos, se empieza a apreciar un aumento en la calidad de los artículos remitidos. En este trabajo le debemos mucho a Sergio Pérez, nuestro secretario general, y a todos cuantos colaboran en la evaluación de los artículos.

-La periodicidad se perdió años atrás...

-Una revista exige mucho esfuerzo y es fácil retrasarse. La junta directiva trabaja desinteresadamente, hacemos una aportación al instituto y por extensión a la sociedad zamorana. Somos el músculo cultural de la Diputación de Zamora con el único interés común del estudio y defensa de nuestra cultura, por eso son necesarios los relevos generacionales. De este relevo se estaba aquejando el Florián, no por culpa de sus responsables sino por la situación que vive la provincia. Creo que cualquier responsable de asociación, club o grupo en Zamora sabe mucho al respecto.

-Varios de los últimos números de su publicación han conllevado en homenaje a figuras importantes fallecidas ¿seguirán en esta línea?

-Tenemos 36 años de trayectoria cultural y se nos está yendo gente que merece un reconocimiento. Hacerlo a través del anuario nos parece una forma sincera de perpetuar su memoria. Lo hicimos primero con Miguel de Unamuno en 2016, cuya familia quedó muy agradecida. Con esa experiencia positiva, hemos repetido en 2018 con Quintín Aldea, saldando una deuda que teníamos desde su fallecimiento. Como toda institución de largo recorrido, el Florián debe dedicar tantos esfuerzos a cuidar su propio legado y el de sus socios como a abrir nuevos caminos y seguir escribiendo su propia historia.

-Otra de las patas para ponerse al día la representa la digitalización de los fondos, ¿cómo va este proceso?

-El anuario ya está indizado en Dialnet y remitidas las separatas en PDF, pero el proceso para subirlas es lento. En la próxima web se tendrá acceso a los índices generales del anuario para búsquedas rápidas y a las separatas de las actas de los dos congresos de historia de Zamora. Figurará también un índice de las becas concedidas, si bien su consulta debe estar motivada y realizarse en la sede. También se están digitalizando algunos libros agotados y otros fondos singulares.

-¿Cuándo estará disponible la nueva web?

-Estamos trabajando para presentarla antes de fin de año.

-¿La modernización de la que habla conlleva una mayor presencia en las redes sociales?

-Quizás sí o no..., no sé. Las redes serían una forma de llamada de atención sobre nuestro entorno web que tiene que estar preparada para que la persona interesada pueda encontrar los contenidos.

-Ha aludido en varias ocasiones a los congresos de historia de Zamora, ¿el Instituto de Estudios Zamoranos baraja organizar un tercero?

-Primero tendremos que concluir la puesta a punto y entonces tendremos al instituto preparado para asumir nuevos retos, pero, ¿por qué no? El segundo congreso fue en 2003 y desde entonces han sucedido muchas cosas... la llegada de una generación nueva de investigadores y estudiosos, el acceso digital a fondos y archivos nacionales o internacionales, el proyecto cultural Zamora Románica, las excavaciones arqueológicas en la ciudad y provincia vinculadas a las nuevas dotaciones e infraestructuras... sin duda hay aportaciones sobradamente interesantes como para convocar a la comunidad científica.

-Recientemente han anunciado la recuperación de las becas ¿cómo ha sido el proceso para conseguirlo?

-La coyuntura económica y los traslados de sede provocaron la paralización del programa en 2011, con la XXVI convocatoria. Desde entonces se ha hecho un esfuerzo por ajustarnos al nuevo presupuesto y ahora por fin podemos relanzarlo, aunque de manera más humilde y con ciertos ajustes. Por un lado se convocan solo tres becas de temática libre, pero mejor dotadas con 3.000 euros cada. Como novedad, ponemos en marcha un premio de investigación con una cuantía económica de 6.000 euros. Este premio tiene un planteamiento diferente, con un tema ya fijado y con un desarrollo dirigido desde el propio Florián de Ocampo.

-¿Qué les mueve a convocar este premio?

-Conocemos cómo está el campo de la investigación actualmente. Existen muy pocas fuentes de financiación y las que hay tienen una enorme concurrencia. Si desde la Diputación de Zamora, a través de Florián de Ocampo, no se impulsan las becas de investigación muy difícilmente en el ámbito nacional e internacional se va a investigar sobre Zamora, salvo contadas excepciones o trabajos generales que de manera tangencial rocen la provincia. Es un ejercicio de soberanía. Con la instauración del premio pretendemos fijar o traer talento y que los investigadores se sientan realmente incentivados.

-La primera convocatoria estudiará la figura de Florián de Ocampo. ¿Por qué?

-La junta directiva acordó que la primera edición versara sobre la figura del humanista del siglo XVI Florián de Ocampo, que da nombre al instituto. A pesar de su relevancia, no existen demasiados trabajos que aborden su figura y su producción.

-La poesía está unida a la existencia del Florián de Ocampo a través de la convocatoria del premio internacional Claudio Rodríguez y del apoyo de la institución a las jornadas dedicadas al poeta que impulsa el Seminario Permanente.

-La poesía está unida al instituto y en ello tiene mucho que ver la huella de Miguel Gamazo. Hoy nuestra vocal de Literatura, Toñy Mezquita, es la persona encargada de coordinar el reputado galardón y además se ha incorporado al Seminario Permanente, por lo que establecemos un nexo directo entre el Florián y la asociación, una manera de caminar juntos muy interesante como lo van a demostrar las jornadas de este noviembre.

-Aludía a abrir nuevos caminos. ¿Qué nuevas sendas emprenderá el centro de estudios locales?

-Dentro de nuestro entorno web figurarán cuatro proyectos que se van desarrollando en el tiempo. Se mantiene el proyecto sobre fray Juan Gil de Zamora, con una dirección científica y que conllevará nuevas publicaciones. A iniciativa de los socios en la última asamblea, se está creando un grupo de trabajo para abordar la obra de Pedro María Laperal. También queremos ahondar en la figura del músico Miguel Berdión, después de la experiencia tan positiva que ha supuesto su rescate del olvido con motivo de 50 aniversario de su fallecimiento. El último de los proyectos corresponde a autores zamoranos. Desde mi punto de vista en instituto puede jugar un papel decisivo en el legado de los creadores zamoranos del siglo XX. Tenemos varias publicaciones en las que se hacen estudios críticos y semblanzas sobre ciertos autores, pero intuyo que el Florián puede elaborar y consensuar una suerte de "biografías autorizadas" de creadores zamoranos.

-El Instituto de Estudios Zamora es un órgano vinculado a la Diputación, pero ¿qué otros cometidos asumen desconocidos para la sociedad zamorana?

-Además del asesoramiento que brindamos a la Diputación, desde 2013 la Junta de Castilla y León nos reconoce como órgano consultivo en la tramitación de expedientes BIC al amparo de la Ley de Patrimonio Cultura. De manera que los expedientes de las Semanas Santas de Bercianos y de Zamora o los inmuebles de Santa Lucía de Zamora y Santa Sofía de Toro han pasado por aquí. Desde el Ayuntamiento de Zamora se nos ha requerido un representante para el Consejo Sectorial de Cultura. También es cierto que gran parte de la labor del instituto es silenciosa, pero constante. Nuestras actividades y publicaciones salen al paso de la realidad patrimonial y cultural que vive la provincia.

-En el área de Cultura de la Diputación Provincial de Zamora, de la que depende económicamente el Florián, ha habido cambios. ¿Qué relación existe ahora?

-He tenido la fortuna compartir con Pedro García tres años de junta directiva como su vicepresidente. En ese tiempo he sido testigo directo de la excelente sintonía que existió con José Luis Bermúdez al frente de Cultura, con Mayte Martín Pozo como presidenta. Ahora este área la asume Jesús María Prada y existe un vínculo similar muy positivo. Desde hace muchos años acude asiduamente a nuestros actos y desde su llegada nos ha ayudado en toda la tramitación administrativa. Las personas van y vienen, pero las instituciones permanecen, y esto es algo que tanto el presidente Francisco Requejo como el diputado tienen claro.

-Habla de una buena sintonía que ¿podría materializarse en un incremento de la partida presupuestaria del Florián de Ocampo?

-El centro nace en el seno de la Diputación de Zamora y aunque a lo largo de su trayectoria otras administraciones y entidades han colaborado, es la Diputación la que lo sostiene económicamente. Actualmente nuestras necesidades están cubiertas con la contribución de una subvención de la Diputación de 130.000 euros y los 10.000 euros que aportan las cuotas de socios y a la venta de publicaciones.

-La Diputación es una institución provincial y desde el Florián de Ocampo en los últimos años se ha hecho un esfuerzo por mirar más a la provincia.

-El Florián mira a la provincia, la estudia y la defiende. Las últimas publicaciones como la Colegiata de Toro o el estudio de la Toponimia lo demuestran, pero quizás debemos deslocalizar más nuestra actividad cultural. Las Jornadas de Estudios Locales se retomaron con esa idea en el lago de Sanabria en 2017, las Lagunas de Villafáfila en 2018, y este 2019 serán sobre los Arribes del Duero. Cierto es que también realizamos una labor colaborativa en toda la provincia con las jornadas sobre León Felipe en Tábara, con el Centro Ledo del Pozo en Benavente o nutriendo los fondos de las bibliotecas provinciales.