23 de junio de 2019
23.06.2019
Luis González | Propietario de la librería decana de Zamora, Semuret, que cerrará el próximo día 29 de junio

"El cierre de los comercios pequeños convertirá Zamora en una ciudad incómoda para vivir"

"La toma del Cuartel Viriato demostró que la sociedad se podía unir, ahora la gente busca su beneficio particular y el colectivo queda en segundo plano"

22.06.2019 | 21:38

Es la cara visible de la librería decana de Zamora y una de las diez más antiguas que existen en el país, que, si no nadie lo remedia, echará el cierre definitivo el 29 de junio, un día que décadas atrás era la jornada de más movimiento del año. Luis González repasa sus más de 50 años de trabajo entre y por los libros, de los que habla con verdadera pasión.

–¿Cuál es su primer recuerdo vinculado al libro?

–Recuerdo que en Reyes mi madre me decía que pasara por el regalo por casa de mi tío Luis y yo no quería porque era un libro. (Risas). Mi relación con el libro se produjo por saturación de la familia en el negocio. Estudié tres años de Derecho, regresé a Zamora y me pusieron a trabajar. Como mis primos y mis hermanos estaban en el otro negocio a mí me mandaron a la librería con mi tío cuando tenía 21 años.

–¿Cómo fue ese desembarco?

–Comencé como aprendiz porque no tenía ni idea, pero me empezó a picar un poco la curiosidad pues los clientes me preguntaban por libros. Yo me fijaba donde iban Emiliano Mangas y mi tío Luis a buscarlos y por mi cuenta me repasé la historia de la literatura universal y española. Cualquier libro que me iban pidiendo, entonces se demandaba en libros muy clásicos, ya empezaba a ubicarlos. Al mes de estar trabajando cuando venían a por algún libro ya se lo daba yo a mi tío. Con el paso del tiempo me ha gustado mucho agradar al cliente, me ha gustado mucho que la gente se sienta bien y ver la cara de satisfacción y agradecimiento de una persona que tiene interés por un libro cuando se lo consigues, por lo que no me ha costado tanto el trabajar cara al público. No he tenido en cuenta las horas dedicadas. Algunas veces dar con un libro me he llevado más de una hora porque había que localizarlo en editoriales, en otras librerías.... y me encantaba porque muchas veces eran clientes que venían rebotados de Madrid, de Salamanca y para mí era una satisfacción lograr ese volumen.

–¿El librero es un oficio vocacional?

–Yo no era vocacional, pero me enganchó la magia de los libros. Las librerías antes eran negocios y daban dinero. Ahora es más costoso, pero siguen siendo un negocio. En una librería no puedes entrar pensando solamente en el dinero sino que tienes que pensar que tiene que ser tu forma de vida. No hay nada más bonito que un trabajo que te guste y que además puedas vivir de él.

–Usted ha vivido la época del franquismo con los libros prohibidos.

–Fue una época rara. En la librería se formaban tertulias, fundamentalmente los sábados, que era el día en el que más trabajo había porque la gente venía a conocer las novedades. Las tertulias eran esporádicas y participaban desde políticos, curas o profesores, se ponían en los extremos de la librería donde no molestaban. Además, nosotros vendíamos libros que nos encargaban los considerados prohibidos, leídos por catedráticos y por gente con una formación. Un buen día nos avisó una autoridad de que tuviéramos cuidado porque en una cena se había comentado que los vendíamos, a lo que se contestó que no había ningún problema porque con los listados de los libros estaba el nombre de las personas que los adquirían (esboza una amplia sonrisa).

–¿Cómo recibían los títulos prohibidos?

–Era muy de película porque cuando venía el distribuidor Martínez se cerraba la librería, se apagan las luces y nos metíamos en el almacén de atrás. De repente oíamos golpear los cristales, salíamos corriendo, se abría el almacén y hacíamos una cadena humana para mover cuanto antes los paquetes grandes que se dejaban y se cerraba. Al día siguiente se venía de madrugada, se quitaban los libros que estaban en primera línea y se metían estos detrás empaquetados y avisábamos a quienes nos los habían pedido.

Usted comenzó en un negocio familiar que contaba con varias librerías y vivió el cierre de algunas.

–Yo he pasado varias crisis. La primera de ellas en la librería no se notó. Una posterior correspondió a la entrada de las grandes superficies en Zamora con personas más preparadas allá en los 90. Fue una crisis muy fuerte para el comercio establecido porque entró una competencia que hasta entonces no había. Hubo comercios que se adecuaron y otros que no, como el nuestro, pues eran negocios que estaban hechos a base de personas. En aquel momento el Bazar J empleaba a 40 personas en total en la sociedad, lo que era inviable. Más tarde yo le pido a la sociedad que me traspase la librería y aprovechando el cierre de Clarín y del Bazar J en Zamora hubo una cuota de reparto muy grande de la que fui uno de los beneficiarios. Otro momento fundamental fue la entrada de España en la UE, un momento en el que empezó a entrar mucho dinero y comencé a meterme en todos los sitios que pude y conseguí que hasta la librería Semuret figurara entre las diez librerías de España que más vendían.

–Y convirtió la librería en un establecimiento cultural de referencia.

–Ha sido el trabajo. Por entonces me llamaban de la Feria del Libro de Castilla y León que se celebra en Valladolid y yo allí iba porque sentía que había que difundir los libros. Yo hacía la feria del Libro en Puebla de Sanabria, dejaba depósitos... me movía.

–Incluso participó activamente en la toma del cuartel Viriato.

–Por supuesto. Estuve muy metido representando a la patronal. Pasamos allí encerrados un montón de días y fue muy bonito porque se vio que Zamora se podía unir.

–¿Lo echa en falta?

–No puedo culpar a nadie. La gente ahora está un poco a "qué hay de lo mío". La gente ahora cuando hace algo solo busca su beneficio particular, no se es capaz de ver que hay un colectivo en el que pensar. La gente primero piensa en ella, luego en los demás.

–Usted ha defendido durante muchos años a un gremio desde su cargo de presidente de la asociación zamorana de libreros.

–Toda mi vida al hacer las cosas siempre he pensado antes en los demás. Si en Zamora somos pocos libreros y nos llevamos bien entre nosotros es mucho mejor, al final a todos nos corresponde lo que nos quiera dar la gente.

–¿Cómo ve ahora el comercio en Zamora?

–Tenemos unas competencias brutales en las ventas on line y las grandes superficies. A mayores seguimos sin intentar captar a los compradores de Zamora. Poco a poco se van a ir cerrando comercios pequeños y no nos damos cuenta de que para comprar una botella de aceite vas a acabar teniendo de coger el coche para ir a una gran superficie, con lo que Zamora se empezará a convertir en una ciudad incómoda para vivir. No somos conscientes de lo que va a pasar porque pensamos que con el dedo (la compra on line) se va a solucionar.

– Y en el caso específico de las librerías...

–Desde mi punto de vista se han recuperado bastante, ya que la venta del libro de lectura ha caído a lo máximo que se podía caer pero parece que empieza a subir. La Feria del Libro de Madrid ha cerrado sus puertas con un 14% de incremento en la venta en papel. Ahora los que están luchando son los de iBook cuyas ventas han disminuido muchísimo. El sector del libro ha subido, pero tenemos el problema de que si no somos atractivos el cliente no te compra de manera física, te lo compra de manera on line. Una persona llega a una librería, que no puede tener todas las referencias, pero si se lo tienes como máximo en dos días, ganas un cliente de por vida. Además, yo siempre digo que no se debe quitar la sonrisa de la cara. No olvidemos que somos librerías de barrio, comercio de proximidad que estamos en una ciudad. El trato cercano es lo que nos diferencia de otros planteamientos comerciales. Si las librerías seguimos cuidando un poco al zamorano, las que están podrán seguir adelante porque cada uno tenemos una diversificación distinta.

–Usted asegura que son viables, pero la suya echa el cierre lamentablemente porque a día de hoy nadie se ha hecho cargo del traspaso del negocio.

–Mi mujer y yo habíamos decidido que en cuanto ella cumpliera los años de la jubilación era el tiempo de hacerlo. Yo llevo 51 años de trabajo y es hora de cerrar una etapa. Hace varios meses ya anunciamos que traspasábamos la librería, la editorial y la distribuidora. Fue en enero y pensábamos que en dos meses aproximadamente lo lograríamos. Empezaron a pasar los días, pasó muchísima gente interesada... pero nada cuajó. Finalmente hace aproximadamente un mes decidimos poner fin porque era la sensación de que te han pegado un tiro y te estas desangrando lentamente. Estar en el establecimiento sin libros es criminal, lo pasas fatal cada vez que entran y te preguntan por títulos que no tienes, dado que no puedo pedir nuevas referencias. (Hace una breve pausa). Me quieren comprar hasta los muebles y eso significa que el día que yo me vaya no volverá a haber ninguna librería. El día 1 de julio no abriremos con todo el dolor del alma. Nuestro mayor interés es que la librería no se cierre porque son 119 años y que me toque a mí cerrarla me duele mucho porque he estado 51 años pegándome por el libro en todos los sitios.

–¿Qué va a pasar con la editorial que puso en marcha y la distribuidora?

–La distribuidora la abandonamos y la editorial inicialmente prosigue en otras manos. La editorial ha tenido como buque insignia la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana, gracias a la Diputación de Zamora. José Luis Bermúdez, que la ha potenciado mucho, se dio cuenta de la importancia que tenía cuando periódicos nacionales le dedicaban páginas enteras a los libros que se editan o que el Consejo de Investigaciones Científicas hacía una reseña de una página porque la consideraban la mejor biblioteca de etnografía de España.

–Ha e stado vinculado durante muchos años a la cultura en esta ciudad. ¿Qué le falta a Zamora?

–En Zamora, como casi todas las ciudades de España, la cultura se ha diversificado una salvajada. En Zamora antes había una presentación de un libro a la semana para pasar a tener ahora tres y hasta cuatro actos culturales en una misma tarde. La diversificación es positiva porque se puede elegir, el problema es que somos muy pocos para elegir. Sería ideal poner en marcha una coordinadora de todas las asociaciones y organismos que organizan actividades culturales para formar un grupo que conjugue las fechas, unir fuerzas a la hora de publicitar y divulgar las actividades para llegar a más gente. Somos pocos, pero si nos unimos conseguiremos más visibilidad y dar más realce a las actividades culturales que se programan porque es una tristeza que vengan expertos de primera fila o escritores relevantes y vayan siete personas al acto.

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