19 de mayo de 2019
19.05.2019
Elena Santiago | Escritora

"El escritor tiene que mantener un encuentro con la persona que le lee"

"En muchos volúmenes no se localiza fácilmente la creatividad, la presencia de un sentimiento, de una vida o de unos mundos que te sobrecogen y te transmiten"

18.05.2019 | 20:45
Elena Santiago.

La polifacética autora Elena Santiago regresa al ámbito literario con una nueva propuesta bajo el brazo.

–"Los delirios de Andrea" supone su última novela, pero ¿qué se esconde detrás de este título?

–Se esconde el personaje de Andrea que tiene un sueño del que estaba pendiente día y noche desde el convencimiento de que iba a llegar a vivirlo y lo iba a tener muy cerca. Tiene una vida de mujer con su casa, con su familia con amores fuera y dentro. Todo ese amor que era tan importante en ella le ayudó a soñar. Andrea tiene un entorno de personas a las que quiere y a las que no tanto, como sucede en la vida miles de veces, pero ella insiste en su sueño, que realmente a mí me parece fantástico, y ella alcanza cosas muy interesantes.

–Del resumen que nos ha hecho se desprende el pensamiento de luchar por lo que se quiere.

–Hay que dar a veces pasos definitivos para encontrar aquello que te puede suavizar la vida.

–¿Se trata de una novela femenina?

–No, no. Es una novela de la vida y de sus personas. A veces cuando empiezo a escribir tomo como personaje a un hombre, otras veces a una mujer, pero a mí lo que me interesa es la intensidad de la vida, de lo bueno y malo, de la luz y de la oscuridad. Me interesa lo que es vivir, pero en la vida también entran los sueños y la realidad que son necesarias plasmar con las palabras que cada uno va asimilando. Todas mis novelas realmente están cuidadas de una manera muy cercana a la verdad y lo que es el engaño, lo que existe en la vida, cada una desde su mirada, sus sentimientos y sus pensamientos.

–¿Cómo concibe los sueños?

–Cuando hablo de sueños me refiero a algo que es un poco mágico o fantástico. Es una necesidad de encontrar algo o a alguien.

–Este volumen representa su novela número quince, pero ha publicado más de una veintena de títulos de distintos géneros.

–Yo empecé a escribir a los doce años. A esa edad hice mi primer cuento, nunca olvidaré que mi padre se emocionó. Ya había entonces algo en ese texto que estaba escrito con mucha soltura, pero ni me planteaba escribir de manera profesional. En aquel momento me escondía a escribir y ocultaba lo que creaba porque sentía una especie de pudor. Me ponía tan cerca y tan lejos de mis sueños y de lo que yo vivía que me provocaba esa reacción. Proseguí escribiendo hasta, que siendo ya una jovencita con 15 años, un buen día leí en una revista o un periódico, no recuerdo dónde, que convocaban un premio, un ámbito para mi totalmente desconocido. Opté por mandar tres creaciones a tres certámenes distintos y mi sorpresa enorme, entre infantil y mayor, fue que gané los tres. Y a partir de ahí seguí escribiendo siempre, aunque los años se me van acumulando. He escrito mucho a lo largo de estos años sin dejar de vivir.

–¿Llega a la escritura por la lectura?

–Sí, yo leyendo me quedaba con la sensación de que qué magnífico decir palabras y acertar, por lo menos, en algunas (risas). La lectura te puede comunicar con algo, te puede manejar la fantasía que ha impresionado distintas cosas... puede ser un paisaje, puede ser una persona o puede ser un encuentro o puede ser un vacío. Todo eso supone unos pasos que hay que dar y que hay que materializar a través de la escritura.

–Esa materialización ha sido fructífera a decir de la ingente cantidad de premios que ha recibido, entre los que se encuentran el Rosa Chacel al conjunto de su obra, el Premio Provincia de Valladolid a su trayectoria literaria y es una de las pocas mujeres que ha logrado el Premio Castilla y León de las Letras.

–Sus concesiones me han permitido llegar a personas muy importantes en el mundo de la literatura tanto en España como en el extranjero donde se interesaron pronto por mi obra. Los cuentos y las novelas los he escrito con una verdadera entrega de tal forma que la escritura pasó a ser parte de vida, además de la real que era lo primero. Contar y buscar la intensidad o que se sienta el frío y que se sienta el calor fue saliendo de mí de una manera muy natural, como los escritores que tienen una confianza profunda en las palabras.

¿Y siente que ha establecido esa estrecha unión con las palabras?

–(Breve silencio) Te confieso una facilidad, pero no una facilidad que conlleve una prisa sino una facilidad donde realmente se esté vivo o se tenga que estar en la situación que vaya a darte el propio texto, pero siempre con pensamiento, sentimiento o un vacío que esté claro y que llegue al lector, circunstancia que al principio no pensaba porque yo escribía porque necesitaba contar cosas pues tenía que paliar una necesidad.

–¿Cómo concibe ahora la escritura?

–Creo que a mí me pasa que tanto mi cabeza como mis sentimientos tienen una sensibilidad especial, con lo que no quiero decir que para escribir haya que tener una recepción especial. A mí me sucede que un paisaje me puede llegar muy dentro o que me traslada lejos o me atrae. Quizá mi cabeza y mi mirada se extiendan demasiado casi diariamente.

–Lo califica de demasiado, pero es una cualidad maravillosa.

–Efectivamente para mí es maravilloso, pero tiene que existir un encuentro con la persona que te lee. Es una satisfacción que te deja contenta. Jamás he pensado qué bien escribo, pero soy consciente de mi entrega y desde dónde he partido.

–¿Es exigente consigo misma?

–Sí. Tengo una salida muy fluida de correr en algunos momentos, de ir más despacio en otros. Lo que escribo tiene que pasar necesariamente una criba, aunque para mí es importante que las palabras se deslicen las que son intensas, intensas y las que son lisas, lisas pero que sea de una manera pulida a su propio ritmo. Su lectura me tiene que despertar un interés, tiene que ser conmovedor y todo tiene que encajar y que me provoque algo.

–En el extranjero se han fijado en su producción. Su creación ha sido objeto de estudio en el marco de congresos de literatura contemporánea y hasta ha protagonizado una tesis doctoral.

–Muriel Tajan hizo un estudio sobre mi obra porque ella encontró en mi obra el asombro y tuvo la necesidad de entrar y de quedarse en ella. Vino a conocerme y a hacerme muchas preguntas. He tenido la suerte de tener comunicaciones fuera muy bonitas. Además, he recibido invitaciones de universidades de América y de Inglaterra cuando yo tenía a mis niños, aunque eran un poco mayores, pero no me atreví a irme tres meses.

–Usted cultiva la novela, la poesía y hasta la literatura infantil. ¿Por qué se aproxima a géneros tan dispares?

–Para los pequeños he hecho cuentos extensos y también para adultos. He creado mucha poesía porque tiene una mágica escribir de esta manera las palabras. La poesía me llevaba, pero nunca me ha preocupado sacarla pues me parecen una creación más íntima. He publicado tres o cuatro poemarios, pero lo mío es la novela y el cuento. Muchas formas de expresar entre personas o a solas.

–Sus dos últimas publicaciones han visto la luz en una editorial pequeña asentada en León. ¿Ese es el futuro de la edición puede ir por esta línea de firmas modestas frente a los colosos editoriales?

–Yo he estado en editoriales más grandes y con otra forma de trabajar un poco por costumbre, pero nuevamente he querido publicar con Eolas porque se entusiasmaron conmigo y con este proyecto. Yo ahora veo muy mal el mundo de la literatura (hace un breve silencio). A todos nos ha llegado un freno porque las editoriales, que antes podían decirte que no les interesaba lo que hacías, ha llegado un momento en el que no tenían interés por ciertos autores, por ciertos libros y desaparecía la literatura.

–Echa en falta dentro del mundo de la literatura...

–Lo primero, el amor que había por escribir, por contar, por publicar un texto y que este viera la luz, que generara comentarios, lo que te facilitaba un camino mejor. Además, había una creatividad.

–¿La sigue encontrando actualmente en los textos que firman autores de generaciones posteriores a la suya?

–Hay libros, bastantes, donde sí aparece, pero también están publicando tal cantidad de jóvenes o no tan jóvenes donde no. Hay personas se han empeñado, lamento decirlo así, en escribir y no hacen literatura. Hoy en día todo el mundo quiere escribir y hacer cine cuando no se siente una vocación. Ahora se escribe, se envía y se publica con otra fijación. En los libros no se encuentra fácilmente la creatividad, la presencia un sentimiento y de una vida o de un mundo o mundos que te recogen y te llegan.

–¿Qué tiene que tener un libro para que cuente con el aprobado de Elena Santiago?

–Lo que me conmueve, me llega y me queda de la lectura es lo que hay de belleza en las propias palabras. Quien sabe sentirla y hacerla sentir es lo hay que hacer.

–Usted es leonesa tierra de grandes autores como Juan Carlos Mestre, José María Merino, Julio Llamazares, Luis Mateos Díez, Victoriano Crémer, Antonio Colinas o Antonio Gamoneda. ¿Qué tiene la vecina provincia para dar firmas tan destacadas en la literatura nacional?

–Desde luego tiene que ver mucho el ambiente y las personas que hablan de una manera o de otra. Ellos tienen una sensibilidad hacia el mar o la montaña, como me pasa a mí. Yo he hablado con ellos muchísimo y siempre les estoy admirando. Ellos entran en la historia que tiene un fondo y que tiene soledad si es necesaria, si tiene que estar quieta, lo está, y que te emociona y te asombra porque configura un gran libro.

–¿Cómo ve la lectura en las nuevas generaciones usted que es abuela y que escribe para los más pequeños?

–En este asunto los padres desde que el niño puede entender unos dibujos o unas palabras y necesita más porque le ha gustado, deben aportárselo. Yo he hecho un par de cosas a mis pequeños nietos para lo que he recurrido más a la forma de la poesía que a la propia palabra. Son unos lectores a los hay que cuidar y buscar siempre su asombro.

–Su libro favorito es?

–Yo he pasado desde lo más clásico hasta todo aquello más actual. Hay escritores magníficos, aunque prefiero no dar nombres (risas) y los habrá siempre, empezando por Miguel de Cervantes. En lo clásico me fui creando a mí misma. Desde siempre he leído porque la lectura te descubre que hay mucho que aprender, pero no que dos y dos son cuatro sino por la sorpresa de lo que se pueden encontrar.

–Desde recientes fechas los artistas y creadores españoles podrán mantener su pensión de jubilación y cobrar los derechos de autor.

–Era una medida necesaria desde hacía bastante tiempo. Ha sido una petición muy demanda por algunos autores serios y rigurosos.

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