04 de febrero de 2019
04.02.2019
Ernesto Fernández-Xesta y Vázquez | Historiador especialista en la época medieval, autor de la sesión de apertura del Florián de Ocampo

"La investigación local representa la cuna de toda la labor de búsqueda"

"El Motín de la Trucha tuvo lugar diez años más tarde de lo que se piensa, en 1168, y el noble Ponce de Cabrera no perdió a ninguno de sus hijos en el incendio de Santa María""

03.02.2019 | 20:24

El medievalista Ernesto Fernández-Xesta y Vázquez impartió el pasado viernes la lección de la sesión académica del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo. El historiador profundizó en el episodio del Motín de la Trucha y la implicación de Ponce de Cabrera.

–¿Por qué "A vueltas con el Motín de la Trucha" como tema de su ponencia?

–Uno de los aspectos más importantes dentro de mis estudios medievales corresponde al linaje de los vizcondes de Cabrera, antes de Gerona. Los catalanes suelen decir que hay un vizconde que se le ha perdido y que nos encontramos en Zamora como Ponce Girado de Cabrera.

–Ponce de Cabrera ¿cuándo llego a Zamora?

–En 1129 acompañando a reina Berenguela. Era uno de los grandes prohombres del conde de Barcelona y llega a Zamora acompañando a la monarca. También llegó Ponce de Minerva, con quien algunas veces se le confunde. Sobre 1132 ó 1133 comenzó a tener tenencias y a ser un personaje poco a poco importante en la Corte hasta llegar a ser el hombre más importante incluso por encima de su propio señor, el conde Urgell. Murió en 1164, posiblemente, o en Zamora o en sus alrededores y se dice que lo enterraron en Moreruela, una teoría que respaldo porque era una de sus posesiones. No obstante, en la Catedral de Zamora aparece un epitafio suyo con una estatua.

–¿Qué implicación tuvo en la revuelta?

–El motín señala que el acontecimiento tuvo unas consecuencias tremendas porque se le murió un hijo en el incendio de Santa María. La realidad es que nunca tuvo lugar en las circunstancias que dicen sobre don Ponce, pues no murió ninguno de sus hijos. El primero que falleció fue su hijo mayor Grau, que fue vizconde que lo hizo defendiendo a Fernando II contra los salmantinos en 1161. Nada permite pensar que don Ponce causara tanto miedo a los zamoranos y exigiesen al rey que castigaran al noble. Además, se habla de un perdón real por parte del rey a Ponce de Cabrera y a otros nobles que se habían escapado en las Paces de Sahagún, cuando en ellas no se menciona en ningún momento ese perdón sí se cita que Fernando II de León tendrá que poner determinadas tierras bajo la vigilancia de don Ponce que a finales de 1157 estaba en Castilla ayudando a Pedro III contra el rey de Navarra.

–Por todo lo que está comentando ¿cree que el Motín de la Trucha podría haber sucedido en otra fecha?

–En todas partes los documentos nos hablan de 1168 y algunos estudiosos, de una forma u otra y sin justificar, lo datan en 1158 pero yo lo adelanto una década y Ponce de Cabrera no podía estar presente, pues falleció en el 1164. Otros factores que hay que tener en cuenta es que entre 1159 hasta 1173 tuvieron lugar las guerras de Fernando II de León contra los portugueses y no se podía permitir que los zamoranos le amenazasen con irse a Portugal. Además, hay que tener presente que en la leyenda coexisten tres personas, un papa, un rey y un obispo que solo coinciden en sus tareas en unos años muy concretos y en esa franja no está el año 1158. Todo esto me hace defender que la revuelta tuvo lugar en 1168.

–Y ¿por qué ha pasado de manera generalizada con una fecha errónea?

–Desde mi punto de vista creo que porque había que unir dos hechos por un lado el posible Motín de la Trucha, que no niego que pudiera ocurrir si no tal y como se dice de una manera muy similar, y por otro está la marcha de los zamoranos a la raya con Portugal y su retorno. De ahí que se adelantara, a un momento en el que sí vivía Ponce de Cabrera que, según la leyenda, quería venganza al morir dos de sus hijos en la iglesia de Santa María.

Además, algunos estudiosos han concluido que nada permite ver que hubiera un incendio en ella. Yo no llego hasta este punto, pero en mi opinión el Motín sí existió, está actualmente novelado por lo que no hay datos exactos y tuvo lugar una década más tarde.

–A la luz de los nuevos datos que aporta, ¿el primer libro que publicó sobre Ponce de Cabrera, cuyo linaje estudia desde 1985, podrá reeditarse actualizado en el Florián?

–Yo estaría encantado. Si el Instituto de Estudios Zamoranos estuviera interesado yo haría por publicarlo. Yo ya tengo una edad y me gustaría que mi último libro estuviera dedicado al linaje completo de los vizcondes de Cabrera desde el año 850 hasta el momento actual.

–¿En unos tiempos en los que prima la globalización hay que fijar más la atención en la investigación local?

–Sin duda. La investigación local es la cuna de toda la investigación. Muchas veces el gran investigador mira solo a un tema concreto, una batalla importante, el reinado de?. y sin embargo todo eso está hecho a base de pequeñas historias que ven la luz gracias a los centros locales. Los centros de estudios locales son fundamentales y las investigaciones que impulsan los investigadores locales ayudan a llegar a conclusiones mucho más ciertas y reales.

–Usted es el presidente de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales (Cecel) que agrupa a 58 centros en el territorio nacional. ¿Cuáles son los mayores retos que afronta esta institución nacida a principios de los 80?

–Son varios. Lo primero, trabajar unidos porque es cada centro es normal que trabaje con una autonomía, pero las personas que integramos en la directiva estamos tratando de que la Cecel y los centros hagan trabajos y actuaciones conjuntas. Otro aspecto es el mantenimiento del estatus que tenemos con el CSIC, nuestra casa madre, porque somos una entidad de investigación encuadrada en el CSIC. Hemos tenido varios altibajos en la relación con él en los últimos años por problemas en la subvención que manteníamos. La aportación del CSIC no se ha perdido, pues siempre nos han dado una pequeña cantidad que queremos poco a poco puede aumentar.

Como el CSIC tiene una serie de cambios periódicos cada vez que cambia su cúpula, la Cecel no tiene más remedio que volver a hablar con los nuevos cargos para explicarles quiénes somos, qué hacemos y qué precisamos. A mayores tenemos el frente de la visión de la sociedad sobre la Confederación Española de Centros de Estudios Locales, que no solía aparecer mucho. Sin embargo, recientemente nuestra revista ha recibido un premio nacional, hemos sido nombramos miembros del Comité Español de Ciencias Históricas? e incluso yo estoy mantenido reuniones con directores de centros agrupados para ver cuáles son sus problemáticas para tener un contacto permanente.

–¿Para mantener la actividad científico-cultural a un primer nivel?

–Sí y dejar claro que la Confederación Española de Centros de Estudios Locales no solo son humanidades sino que hacemos una investigación multidisciplinar, un aspecto muy desconocido por la población pese a que entre nuestras publicaciones hay materias de todo tipo. Así tenemos proyecto de la cultura del olivo, de la cultura del vino absolutamente multidisciplinares. Ahora mismo estamos siguiendo líneas de trabajo sobre los hospitales en España desde todos los puntos de vista e incluso en algunos de nuestros libros sobre heráldica o genealogía también hablamos de los sistemas de información geográfica.

–¿Corren buenos tiempos para la investigación que llevan a cabo?

–No, realmente no. La investigación que hacemos puramente humanística no suele tener excesivo recorrido. Normalmente investigamos por nuestro propio criterio y prestigio o por nuestro propio gusto. Es un poco frustrante, pero los investigadores tenemos una forma de ser distinta. Si tú encuentras algo y lo puedes dar a conocer a los demás, ya nos vale. Muchas veces en estos estudios cuando tiras de una pieza es como cuando tiras de una cereza que te empiezan a salir muchas detrás. Llegas a la alegría que tu suposición era correcta o bien que era incorrecta y que tienes que darle otro enfoque.

–Usted lleva décadas dedicándose a la investigación humanística ¿percibe un relevo?

–Me he dado cuenta de que en los últimos doce años ha aparecido una cantidad tremenda de tesis doctorales sobre aspectos diferentes de los vizcondes de Cabrera, incluso en alguna universidad francesa e incluso escritos en inglés. Buscamos que gente de 30 -35 años se sume a esta corriente. El caso es despertar un interés poder tener unos discípulos a quienes les puedas indicar un camino y que busquen su propia senda. Ahora mismo los temas genealógicos están muy de moda. A veces los historiadores no tienen mucho conocimiento de esta rama y abogo por la inclusión de heráldica, genealogía o paleografía dentro de los planes de estudios.

–¿Cómo puede sobrevivir la investigación, sobre todo la humanística, en el siglo XXI?

–Por desgracia solo a través de subvenciones. Nosotros cobramos a cada centro 200 euros de cuota anual, vendemos lo libros que podemos a un precio nada elevado y ahora hemos logrado que además del poco dinero que da el CSIC cobrar una pequeña ayuda del Ministerio de Educación, 1.800 euros de los 35.000 euros que se dieron el año pasado para reales academias y similares de carácter nacional pues se supone que las comunidades autónomas y las diputaciones otorgan subvenciones a los centros, cosa que no es siempre así. Mi Academia Matritense carece de subvención por parte de la Comunidad de Madrid desde 2007. A mayores, tenemos el problema de las sedes. Se lucha por tener una ubicación que luego genera una serie de gastos. El investigador continúa con voluntad y gracias a las alegrías que te llevas cuando investigas.

–¿El mecenazgo sería una salida?

–Podría, pero... quién apoyaría a personas que no investigamos sobre el cáncer o sobre cómo llegar a la Luna. No es un tema comercial. A veces cuando hay autores que quieren publicar textos de calidad nosotros ponemos nuestro logo y es una manera de apoya la edición sin gastar fondos.

–¿La Confederacion de Centros de Estudios Locales, Cecel ha visto mermada su cifra de socios en los últimos años?

–En los últimos ejercicios varios centros dependientes de diputaciones han ido desapareciendo. Otros no pudieron pagar la cuota de 200 euros y a pesar de ofrecerles todas las fórmulas posibles no contribuyeron y otros, con autorización de la junta de gobierno, se propuso a la asamblea general su baja porque no solo no pagan su cuota sino que no acuden a las asambleas?Hemos dado de baja o se han dado de baja por desaparición unos siete centros, pero de manera paralela todos los años hay un centro nuevo que quiere ingresar, unos seis centros , mientras que cuatro están pendientes de su ingreso.

–Con su presencia en Zamora también ha respaldado el homenaje tributado por el IEZ Florián de Ocampo a Pedro García Álvarez quien durante 14 años estuvo al frente de la institución cultural zamorana y quien fue vocal en la junta directiva de la Confederación Española de Estudios Local.

–De Pedro García Álvarez destacaría su dedicación al Institutos de Estudios Zamoranos. A pesar de muchos problemas logró que el centro siguiera hacia adelante y ha sabido dar el relevo a gente joven con ganas de hacer muchas cosas, algo no muy frecuente porque unos no tienen gente joven y otros porque buscan a gentes de su entorno en donde apoyarse. Además, sobre su papel en la Cecel, a pesar de las dificultades del IEZ y de su vida personal, porque todos las tenemos, supo apoyarla y darle su entusiasmo y luchó con todos los demás. Para mí ha sido un apoyo permanente y es un amigo desde que coincidimos en la directiva. Tenía pendiente volver a Zamora a hablar sobre el Motín de la Trucha y Ponce de Cabrera, tras mi intervención años atrás el primer congreso de historia de Zamora y ¡qué mejor ocasión que en el tributo a un amigo!

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