"Toponimia de la provincia de Zamora: panorámica documental, comparativa y descriptiva" es el título de un último volumen publicado por el Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo cuya autoría corresponde a Pascual Riesco Chueca, quien repasa la génesis de este amplio estudio.

- Usted es un hombre de Ciencia, que ¿de qué manera llega a la toponimia?

-Me viene desde chico. Mi padre era profesor de Latín. Creo que a raíz de las clases del instituto me entró un doble gusanillo por un lado quería conocer más sobre los restos del leonés, dado que familia paterna es salmantina, y por otro lado, quería preguntar a los mayores del lugar los nombres de los parajes. Yo hacía encuestas con mis amigos, las hacíamos muy mal (risas), pero me quedó la emoción de recoger estos nombres que me llamaban mucho la atención, sobre todo, los nombres medievales o que enlazaban con el leonés.

-¿En qué momento empieza con una investigación más rigurosa?

-El punto de enlace más o menos formal fue trabajar durante un tiempo en una consulta que trabajaba con asuntos relacionados con el medioambiente. Cuando comencé a trabajar en la Universidad de Sevilla comencé a formalizar mi contacto con una institución que se llama Centro de Estudios Paisaje y Territorio de Sevilla para la que escribí textos sobre el paisaje. Poco a poco me fue interesando más en la parte cultural del paisaje porque existen unos contenidos poéticos en la geografía, la historia y la lengua? en resumen el lado cultural del territorio sobre el que se ha trabajado mucho y sobre el que están apareciendo cada vez más estudios.

-¿Qué le mueve a centrar su atención en Zamora?

-Era un lugar muy bueno porque no había tenido demasiados estudios y es muy rica al estar pivotando entre el castellano y el leonés con el gallego asomándose al igual que el mirandés y el portugués.

-¿Cómo ha llevado a cabo su investigación materializada en un amplio compendio?

-Cuando residí en Estados Unidos, ciudad a la que iba, biblioteca que visitaba y fotocopiaba material. Estuve en la Biblioteca del Congreso cuando había que haber las consultas físicamente. Mucha de mi colección de fotocopias todavía contiene materiales que no está en la red. También consulté bibliotecas en Alemania o en Holanda donde encontrarme referencias con paisajes próximos en lugares tan lejanos me quitaba la morriña. Además, uno de mis tíos fue catedrático de Paleontografía y Diplomática en la Complutense con quien conocí cómo buscar documentos que no estuvieran editados ni transcritos. Poco a poco, durante muchos años, fui reuniendo documentos, tenía fichas de cada lugar, fui acumulado variantes y testimonios documentales diversos que me hicieron tener un amplio ajuar toponímico.

-¿En qué momento decide darle forma?

-Se había corrido la voz de que tenía citas documentales de muchos topónimos, de tal forma que personas que iban a escribir unas monografías contactaban conmigo e incluso hubo un momento en que alguno me animó a publicarlo. Contacté con varios de los responsables del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo y gracias a estos apoyos, di el paso.

-¿Qué características presenta la toponimia de Zamora que difiere con respecto a otras provincias?

-Me ha llamado mucho la atención la variante de un leonés bastante personal y diferenciado que en algunos casos llega a evoluciones bastante radicales que está presente tanto en los nombres de los pueblos como en la toponimia menor, la de los parajes.

-¿En qué zonas aprecia más estos cambios radicales?

-Cuando más nos vamos hacia rincones conservadores como Sanabria, Aliste o Carballeda aparecen. El caso de Carballeda es impresionante.

-¿Por qué?

-Porque sin tener ese leonés declarado que ha sobrevivido más en Sanabria mantiene una riqueza en los nombres de lugar pequeño, en la microtoponimia, que es impresionante y que ha sido muy conservadora. Esa parte era muy placentera porque encontraba variantes muy diferenciadas y que discrepa mucho de la evolución que hubiera tenido por el conducto castellano. El aislamiento de la zona, sin duda, ha influido porque hubo un tiempo en el que se acentuara la divergencia de un sistema lingüístico. Hubo tiempo para que madurara una norma diferenciada que se ha perdido, pero que debió que ser bastante sorprendente porque es casi más radical en su evolución que algunas variantes que se recoge en León. El occidente de Sayago también me llamó la atención, pero tiene una dificultad a la hora de evaluarlo como leonés por la cercanía con la frontera con posibles interferencias con el portugués, pero es muy rico. Otro campo que me interesó mucho fue la huella de los pobladores medievales y los propietarios y la presencia de nombres personales unos de tradición germánicas y otros de tradición musulmana, como Vezdemarbán, Mogatar? hay muchos. En el libro dedico un capítulo a los germánicos y otros a los islámicos, lo que no quiere decir que la población lo fuera. La moda onomástica tendía hacia un abundante uso de estos nombres personales.

-¿También sucede en la toponimia menor?

-Muchísimo. Además, existe un hecho característico: La pervivencia de nombres de personas, de propietarios, que han quedado fijado en los encuentros de términos municipales. Muchos de estos nombres hay que buscarlos en las divisiones de términos. A mí personalmente me gusta el mucho "Entrala", un nombre femenino de origen germánico, donde hay un doblemente de encuentro de términos. Este tipo de nombres están casi desaparecidos y solos los conocen los mayores del lugar. La suerte que tiene Zamora es que no ardieron archivos y hay mucho material que está en los protocolos notariales o en documentos catastrales, pero la cuestiones es que como material vivo se está perdiendo con las variantes locales de pronunciación están perdiendo.

-¿Cuál ha sido la mayor complicación de su intensa investigación?

-La pobreza de testimonio documentales algunas veces. Algunas comarcas como Aliste o Sayago están relativamente mal documentadas porque han sido poblaciones aisladas o a veces con asentamientos de gente dedicada a la ganadería de la que no hay muchas referencias, de tal forma que a veces la primera cita es del siglo XV. He profundizado hasta donde he podido y con muchas sorpresas.

-Como cuáles?

-Pues que de repente salta un nombre de Zamora en las colecciones de la Diplomática Astur de Oviedo o incluso en Portugal con un país con el que siempre ha habido mucha relación. Las referencias más antiguas que he encontrado son del siglo X. Lo más vetusto son las piezas numismáticas, como el caso de la capital o de la propia Sanabria.

-¿La toponimia goza de buena salud?

-Hay muchos estudios y se ha avanzado muchísimo. Ahora se juega con la ventaja de que es más fácil hacer búsquedas y que no es necesario hacer fichas. Además, en Galicia, País Vasco y Cataluña ha habido un incentivo de carácter identitario. En el caso de Zamora la asociación Furmientu ha estimulado mucho este patrimonio cultural. Hay mucho material todavía enterrado en los archivos que están en los protocolos notariales, los legajos son una verdadera selva?