08 de diciembre de 2018
08.12.2018

Poner una pica en Los Pelambres

Sesenta figurantes escenifican una espectacular encamisada y un sobrio desfile de antorchas a orillas del Duero como preludio a la recreación histórica del milagro de Empel que tendrá lugar hoy

07.12.2018 | 21:46
Poner una pica en Los Pelambres
Los hombres del Tercio Viejo interrogan a un prisionero capturado y atado a un árbol.

Arcabuceros, mosqueteros, piqueros y rodeleros del Viejo Tercio de Zamora tomaron ayer la playa de los Pelambres de la capital para tender una emboscada a las tropas holandesas. Casi sesenta figurantes, cuarenta llegados de todos los rincones del país y veinte voluntarios zamoranos, escenificaron los primeros actos de la nueva recreación histórica organizada por el Ayuntamiento y la asociación Imperial Service.

Iñaki Zalabardo, de 52 años, cogió el coche a las nueve y media de la mañana del miércoles para recorrer los 800 kilómetros que separan a la capital del Duero de Barcelona. Arqueólogo de profesión, es presidente de una asociación de recreación histórica en la ciudad condal centrada en el periodo tardorromano, aunque los siglos XVI y XVII siempre le habían interesado. "Por eso me he venido aquí ni corto ni perezoso con mi propio equipo y sin previo aviso a iniciarme", explicaba bandera en mano.

Compartir la pasión por la historia, instruirse y volver a disfrutar de la ciudad fueron algunos de los motivos que también llevaron a un comercial murciano de 43 años a realizar otro largo viaje para no faltar a la cita, en esta ocasión desde Yecla. "Zamora es un entorno mágico, tiene un patrimonio histórico brutal", confesaba.

"Es importante recrear con rigor para entender la manera en la que vivía la gente en el Siglo de Oro", apuntaba la estadounidense Amanda Lapuerta, de 25 años, natural de Virginia y afincada en España. La joven, maestra de profesión y aficionada a la sastrería histórica, llegaba a Zamora ataviada con sus ricos ropajes, confeccionados totalmente a mano con lana pura, pasamanos metálicos, brocados de seda y lechuguilla almidonada para meterse en el papel de una poderosa marquesa, ya que la representación no solo contó con militares, sino que también con nobles, civiles y hasta clérigos. A mediodía, los actores asistieron a la misa de campaña oficiada en latín por un cardenal y un obispo situados frente al improvisado altar y de espaldas al público, fieles a la realidad de aquella época.

A primera hora de la tarde, los integrantes del Tercio Viejo de Zamora asentados en la playa de los Pelambres representaron una emocionante encamisada contra las tropas holandesas. Una especie de maniobra militar nocturna en la que los soldados españoles solían atacar a los enemigos mientras dormían con las camisas colocadas por encima de toda su vestimenta, táctica que perseguía varios objetivos, como identificar a los compañeros, evitar el reflejo de la luz de la luna en la armadura, y alcanzar el campamento rival sin ser descubiertos.

Tras esta emboscada, el elenco cruzó el puente de piedra para recorrer el centro de la ciudad en un emotivo desfile de antorchas que iluminó las calles de la ciudad ante la atenta mirada de los cientos de espectadores que arroparon la singular procesión. Hoy, 8 de diciembre, coincidiendo con el Día de la Inmaculada Concepción, la ciudad se convertirá a partir de la una de la tarde en la isla de Bommel para obrar el milagro de Empel y, parafraseando el dicho de origen militar de Flandes, poner una pica en Los Pelambres.

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