06 de diciembre de 2018
06.12.2018

Walter Astrada: diarios de motocicleta

El fotoperiodista argentino, tres veces World Press Photo, hace una parada en su vuelta al mundo sobre dos ruedas para impartir hoy un taller en Zamora gracias a La Photo Escuela

05.12.2018 | 21:53
El fotoperiodista WalterAstrada junto a su inseparable moto Royal Enfield durante su travesía por Mongolia.

A su juicio, una buena foto es la que emociona. Como las que le impresionaron a él de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República de Argentina cuando solo tenía 13 años. Al cumplir la mayoría de edad, Walter Astrada empezó a trabajar como mecánico de aviones, aunque lo que realmente le apasionaba era el fotoperiodismo. Ahorró, se compró una cámara y poco después comenzó su andadura en el diario La Nación.

Cansado de la rutina de un medio de comunicación tradicional, renunció, cogió la mochila y se puso a conocer mundo. No obstante, siguió capturando momentos para agencias como Associated Press y más tarde como freelance. Había logrado unir sus dos pasiones, la fotografía y los viajes, aunque solo había completado una parte de la foto. Durante casi dos décadas había estado cubriendo todo tipo de conflictos y haciendo reportajes documentales sobre temas sociales. Además, había ganado hasta en tres ocasiones el Word Press Photo. Había hecho lo más difícil, pero no había retratado la vida cotidiana, el día a día, la otra parte de la foto. Por eso, con el cambio de siglo decidió volver a parar para cambiar la manera de continuar. Quería dar la vuelta al mundo en motocicleta. "Continuar viendo el mundo, pero en un sentido más literal (...) Tener la posibilidad de detenerme o seguir, guiado por mi curiosidad, sin horarios y sin tiempo establecido, que la meta del viaje sea el viaje en sí mismo, más que un lugar al llegar".

Pese a lo bucólico del mensaje, solo había dos pequeños problemas: ni tenía moto ni poseía el permiso de conducir. Pero en un par de años los solventó y el 1 de mayo de 2015 puso rumbo a su aventura con la inestimable compañía de su Royal Enfield. Desde entonces, ha visitado 33 países y ha recorrido más de 105.000 kilómetros. Estaba previsto que el viaje durara dos años, pero ya han pasado más de tres y parece que va para largo. "Tengo la gratitud de encontrar cosas distintas casi cada día porque voy cambiando de ciudad, he adquirido una especie de rutina en movimiento", cuenta.

Por unos días, Astrada ha aparcado la foto en Uruguay para volver a España, renovar el pasaporte, arreglar unos papeles de la moto e impartir hoy un taller en Zamora gracias a La Photo Escuela después de dar ayer una charla en La Alhóndiga. La próxima semana volverá a cruzar el charco. En su mochila lleva un par de mudas, su Fuji X-Pro 2, varios objetivos, su computadora, una pequeña cocina y una tienda de campaña. En su equipaje emocional, la certeza de que todos somos más parecidos a uno y otro lado del planeta de lo que imaginamos. "Lo que pasa es que a quienes manejan el mundo les conviene que miremos más las diferencias que las similitudes", reflexiona.

Los miedos y la soledad también le acompañan en su valija personal. "El miedo no es ningún problema, es bastante humano y al final es el que nos hace hacer cosas. Lo que no se debe de tener es pánico para hacer las cosas, porque el pánico sí que te paraliza y no te deja hacer nada más" y "la soledad tiene muy mala publicidad". ¿En qué piensa durante tantas horas subido a la moto? "En que se va a romper y que voy a pinchar", bromea. "No, voy observando y hace bastante que no escribo, pero cuando lo hacía iba imaginando lo que iba a escribir a través de "Wa The Journey", cuenta. Gracias a la venta de sus fotos, la impartición de talleres y un "crowdfunding" (micromecenazgo), recauda fondos para continuar su viaje alrededor del globo.

Asegura que el morbo de las fotografías "que pueden herir su sensibilidad" está en quien ve la foto y no en quien la hace. "La gente se quejó de la foto de la princesa Diana y luego corrió a comprar la revista". Utiliza el blanco y negro para "borrar las fronteras" de los países que va recorriendo con el objetivo de que "el mundo parezca un solo lugar". Y trata de evitar cargar su mochila personal con las situaciones que le toca fotografiar. "Básicamente es como si pasara debajo de una catarata, y es imposible que no te moje, siempre te va a caer algo, no es lo mismo no ir a esos lugares que ir, pero hay que tratar de procesarlos de la mejor forma posible".

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