09 de noviembre de 2018
09.11.2018

La psicodelia musical de Rufus T. Firefly florece en Zamora

El grupo reitera su romance con la ciudad en un concierto de despedida para la gira Magnolia-Loto

09.11.2018 | 14:46

Cuando Groucho Marx interpretó a Rufus T. Firefly en Sopa de ganso no podía imaginar que su personaje recorrería salas de conciertos y festivales por toda España. Ese es el nombre con el que Víctor Cabezuelo (voz, guitarra y teclado) y Julia Martín-Maestro (batería) lideran una banda que completan Carlos Campos (guitarra), Miguel de Lucas (bajo) y Rodrigo Cominero (teclado).

Hace muy poco tiempo, Rufus T. Firefly eran un desconocido grupo de Aranjuez con un sonido un tanto particular. Hoy son una de las bandas de referencia en el indie español. Una estrecha relación une al grupo con Zamora, ciudad que vuelven a visitar por cuarta vez este viernes para darlo todo sobre el escenario. Será con motivo del cierre de la gira Magnolia-Loto, oportunidad ideal para hablar con ellos sobre el momento de madurez que atraviesa el grupo.


Concierto de presentación de Magnolia en la Sala Ocho y Medio | Foto: Marcos Antón.

Unas horas antes del concierto, la furgoneta del grupo se detiene en la puerta de La Cueva del Jazz En Vivo. La banda empieza a descargar el material para la sesión de esta noche mientras Víctor Cabezuelo se acerca a la barra para comenzar la entrevista. "Será una ocasión muy especial", dice el frontman del grupo sobre el concierto en Zamora. "Parece que hay bastante expectación, por lo que hemos podido ver en las redes sociales".

Para alguien que esté acostumbrado a verle desplegar su fuerza de gigante sobre el escenario, en las distancias cortas Víctor se desenvuelve con un carácter humilde y sencillo, desprovisto de la arrogancia que caracteriza a los líderes de muchas bandas. Le pregunto cómo es eso de tener que conceder entrevistas nada más bajarse de la furgoneta, de firmar autógrafos y hacerse fotos después de los conciertos, de aguantar las alabanzas y las críticas. "Nos gusta el trato cercano. Estamos acostumbrados a tocar en sitios pequeños donde la cercanía con la gente es algo habitual. Y nos sentimos cómodos ahí. Los festivales están genial, pero la gente está de paso; la realidad está en las salas".


Durante el último año, Rufus T. Firefly ha tenido que compatibilizar las salas con grandes escenarios en festivales. "Hubo un momento en el que empezamos a darnos cuenta de que esto iba en serio y a sentir responsabilidad por tener que hacerlo bien". Y es que Víctor reconoce que el grupo nació casi de casualidad, como un pasatiempo: "Por entonces, Julia y yo éramos pareja y en un momento dado decidimos que queríamos hacer cosas nuevas juntos".

Hace poco más de tres años, el grupo empezó a despuntar en algunos ambientes y a convertirse en una banda con seguidores muy fieles y apariciones destacadas en programas como Los ConcierRadio 3. Rufus T. Firefly pasó por una situación crítica cuando dos de sus componentes, Sara Oliveira y Alberto Rey, decidieron abandonar el grupo por la dificultad de compatibilizar el sueño de la música con la vida cotidiana. "Fue un momento muy difícil y nos planteamos dejarlo". Pero no lo hicieron y han conseguido convertirse en un referente nacional para mucha gente. Incluso algunos artistas tan destacados como Iván Ferreiro, Sidonie o Viva Suecia les han hecho un hueco en su escenario.

A pesar de ello, aún no pueden vivir de la música. "Ya no perdemos dinero y podemos hacer nuestros propios discos, pero tenemos que seguir con nuestros trabajos para poder continuar haciendo esto". Un biólogo, un enfermero, un óptico... Esas son las otras profesiones que se esconden detrás de los instrumentos. La conversación transcurre por una vía en la que es inevitable preguntar la relación de Rufus con la industria discográfica. "Esa relación es inexistente. Cuando necesitábamos a la industria no nos hacían caso; ahora no nos hacen falta. Somos muy celosos de nuestro trabajo y jamás aceptaríamos cambiar nuestro proceso creativo por razones relacionadas con la industria".


Rodrigo Cominero, Víctor Cabezuelo, Julia Martín-Maestro, Miguel de Lucas y Carlos Campos.


La música no solo se escucha

La negativa a formar parte de la industria es flexible, siempre que las propuestas vayan en la línea del grupo: "Quien quiera ayudarnos a sumar, bienvenido sea. Tenemos gente cercana que aporta mucho". Salen los nombres de Manuel Cabezalí o Martí Perarnau, dos referencias recurrentes en las entrevistas que concede Víctor Cabezuelo. Le pregunto por otro nombre, el de la fotógrafa Iris Banegas, a quien menciono como la "sexta Rufus". Víctor se ríe y no lo niega. "La relación entre el trabajo de Iris y el de Rufus es natural". Y después de una pausa, sentencia: "Es un error pensar que la música solo se escucha. La música también entra por los ojos".

Víctor hace un alegato de la música como parte de un todo. Y entonces hablamos de la psicodelia y los viajes musicales de Magnolia. "Magnolia no es un disco tan psicodélico como mucha gente dice, temas como Espectro o Cisne Negro son otra cosa, pero sí que hay mucha psicodelia en otras canciones". La banda es difícil de etiquetar y reconocen que eso les gusta. "Nada de lo que hacemos se puede encasillar en un único estilo". Los sonidos de 2006 han ido evolucionando hasta crear un universo propio con cautivadoras letras en castellano. "La música que escuchábamos era en inglés, pero teníamos la necesidad de expresarnos en nuestro idioma".


Aranjuez no está tan lejos de Zamora

Con Nueve, dan un golpe sonoro, pero es con Magnolia cuando gran parte de la escena empieza a fijarse en ellos. La crítica señala al disco como uno de los álbumes más redondos del año. Pero Rufus considera Magnolia y Loto como un todo: "Magnolia es un árbol del que salen muchas ramificaciones. Esas ramificaciones germinan en Loto". El segundo disco es la continuación de un viaje lisérgico cuyo horizonte es una incógnita. Después de esta gira habrá un parón y, quizás, un nuevo intento de superarse.

Una tarea complicada si tenemos en cuenta la culminación de sus últimas obras. Rufus ha introducido unos sonidos que muchos habíamos olvidado. "Es increíble que hayamos podido sacar un sonido así desde Aranjuez y estamos muy orgullosos". Es fácil comparar Aranjuez con Zamora. Dos ciudades con una población similar y repletas de un patrimonio arquitectónico fruto de una historia pasada. "Hemos combatido el aburrimiento de una ciudad pequeña y sin casi movimiento artístico actual con nuestra música; le hemos dado sentido a vivir allí". Llega el momento para una reivindicación: "Lo que las ciudades pequeñas necesitan es que se habiliten lugares para ensayar; locales en alquiler donde no se moleste a los vecinos y se potencie la creación de bandas locales". Una iniciativa que se lleva a cabo en muchas ciudades europeas, pero no tan extendida en España. "He hablado con alcaldes de todos los signos y colores, todos resaltan su compromiso con la cultura, pero todo sigue igual en esa línea".


"Queríamos convertir nuestra música en una droga"

El directo de Rufus T. Firefly es la quintaesencia de su música. El hipnótico tambaleo de Víctor Cabezuelo sobre el escenario y la energía de Julia con las baquetas transmiten los ritmos a una audiencia que despega desde los primeros compases del concierto. "Venimos a Zamora a ofrecer un viaje en directo y esperamos que la gente lo disfrute". Las referencias a esos viajes son constantes en la música de Rufus T. Firefly. "Con Magnolia quisimos jugar con la cultura de la droga de los sesenta. Nuestra intención era convertir nuestra música en algo capaz de emular las sensaciones que alguien puede experimentar con ciertas sustancias". A crear esa sensación contribuyen los sonidos y paisajes que se dibujan a lo largo de todo el disco.


Los cinco componentes de Rufus durante un directo | Foto: Iván Martínez.

Viajes que activan sensaciones muy puras y tocan temas muy diferentes. Odas al amor, paisajes cotidianos y temas oscuros se mezclan con constantes referencias a la cultura popular. Desde continuas menciones musicales o cinematográficas hasta literarias. Desde Stand Still o Juego de Tronos hasta Raymond Carver o Twitter. Letras frescas y actuales envueltas en una atmósfera psicodélica que ha tocado a varias generaciones por igual. Las comparaciones con grupos como Tame Impala, Radiohead o incluso Pink Foyd son inevitables. La voz de Víctor lo reconoce en la penúltima canción de Loto y él mismo nombra a esos grupos antes de que salgan a colación en la entrevista.

El grupo también recuerda a otras bandas españolas como Vetusta Morla, otro de esos grupos que mantiene un particular romance con Zamora (aunque esa es otra historia que merece ser contada), y a quienes Rufus T. Firefly han teloneado en varias ocasiones. Y es que Víctor, Julia, Miguel, Rodrigo y Carlos también recuerdan a Pucho y los suyos no solo por la trayectoria, sino por las ganas de comerse la escena sin renunciar a la autenticidad.

El concierto en La Cueva del Jazz es el preludio de una gira que continúa por algunas de las salas más emblemáticas del país. Desde la Sala Potemkin de Salamanca viajarán hasta el Círculo de Arte de Toledo. La 2 de Apolo en Barcelona y La Riviera de Madrid serán el broche final de esta gira. Una gira que está marcando un antes y un después en la historia de Rufus T. Firefly. Una historia que promete escribir muchos capítulos. Y tanto el grupo, como sus seguidores, esperan que en algunas de esas páginas siga apareciendo Zamora.

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