10 de agosto de 2018
10.08.2018

Arte a pie de calle

El muralista zamorano Woka sorprende a ciudadanos y turistas con sus originales grafitis, que pueden contemplarse en distintas fachadas de la capital

10.08.2018 | 00:07
El artista Woka junto a una de sus últimas obras, las manos de la Soledad.

Un gorila, un tuareg o las recién pintadas manos de la Soledad. Estos, entre muchos otros, forman parte de la variada cantidad de murales que decoran las calles de la capital. Uno de sus artistas, Woka, vive un momento muy especial gracias a estos proyectos con los que ha conseguido sorprender a todos los viandantes, zamoranos y turistas que, entre sus visitas a monumentos románicos, descubren una práctica nueva y diferente a lo que quizá esperaban encontrar.

En los últimos años, el arte urbano en la capital ha vivido su mejor momento. Así, cada vez está más presente en las fachadas de los edificios de sus distintas vías, decoradas con obras muy llamativas. Quizá hasta hace poco este movimiento era menos visible, pero "cada vez hay más porque empiezan a hacerse grandes murales que estéticamente quedan bien y eso ayuda al turismo, ya que hay otras ciudades a las que la gente va por ese motivo", señala el artista zamorano Woka.

El muralista comenzó a pintar desde muy pequeño. Pero fue en su adolescencia cuando se inició en el grafiti, influenciado por otros chicos mayores que él. Posteriormente, decidió formarse en pintura mural porque, según recuerda, "era lo que me daba más satisfacción". Tiempo después, no es extraño encontrarse con sus obras terminadas dando un paseo por las calles de la ciudad. En algunas ocasiones, los viandantes tienen incluso la posibilidad de visualizar en directo el proceso de creación, lo cual suele atraer sus miradas. "Es bonito que la gente se pare mientras pinto y dé su opinión, también por eso me gusta", comenta el artista. Y es que, el punto de vista de la población suele ser muy favorable a la pintura urbana, "mi trabajo suele generar reacciones positivas porque no intento llamar la atención con cosas desagradables", añade. Pese a ello, la casualidad no siempre propicia toparse con un mural en plena calle. Por ese motivo, el hecho de que cada vez se hagan más en la ciudad da la opción a los artistas de dar a conocer su trabajo. Pero "la mejor oportunidad es poder pintar y expresar lo que me gusta; más que la gente me conozca o no, es la satisfacción que produce", indica.

A todo esto, hay un añadido: la oportunidad gratuita que tienen los zamoranos y visitantes de recibir algo de la contemplación de un mural, que no siempre coincide con lo que el artista pretende promover. "A veces trato de transmitir algo, pero el espectador ve otras cosas. Está bien que cada persona saque un significado y es bonito saber lo que piensan, y también que ellos conozcan mi trabajo", señala Woka, quien no deja de agradecer los apoyos que le llegan, sobre todo tras la finalización de un proyecto cuya elaboración en una pared puede durar un fin de semana, pero el esfuerzo y dedicación empleados en idearla y diseñarla requieren de mucho más tiempo.

Pero el arte a pie de calle tiene otras facetas. No solo es capaz de provocar sensaciones en quienes lo visualizan, sino que, como toda disciplina, a nivel personal también tiene implicaciones en su creador. "Pintar es una satisfacción muy grande, me llena muchísimo ver el trabajo terminado y que el resultado sea el que a mí me gusta, pero también a la gente", observa el artista, cuya inspiración, señala, solo puede llegar "en el momento y lugar adecuado. A veces, intento crear un proyecto, pero no sale. Otras veces, sin buscarlo aparece. No estando inspirado no lo voy a encontrar, y lo más satisfactorio es cuando vienen las cosas a la mente para llevarlas a cabo", apunta.

Las manos de la Soledad

Ante la dificultad de escoger una obra, el artista se queda con sus últimos proyectos: las manos de la Soledad en la calle Chimeneas o el tuareg en Cardenal Cisneros, "quizá son estos los que más me gustan porque he podido encontrar la técnica con la que me siento mejor". Sin embargo, no deja de señalar que hay un antes y un después en el ojo pintado en la calle Costanilla de San Antolín, a raíz del cual los zamoranos han ido conociéndolo más.

Pero Woka no solo ha mostrado sus obras en Zamora, sino que también ha llegado a presentarse en otras ciudades como Valladolid, en una exhibición. El artista señala que no le importaría llevar sus proyectos fuera, pero por otro lado cree que "en Zamora se puede hacer más porque se merece otro tipo de alicientes, que la gente no piense que no hay nada, darle vida". Precisamente, su idea actual está muy relacionada con la ciudad. "No tengo un boceto finalizado, pero sí el tema: imágenes antiguas de Zamora", confirma. Así, su trabajo artístico no tiene fecha de caducidad. Espera, de cara al futuro, poder seguir mejorando la técnica para sentirse más a gusto con lo que hace, "seguir avanzando y aprendiendo, y que se vea cada vez más".

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