01 de junio de 2018
01.06.2018

A corazón abierto

El escritor Daniel Múgica reivindica en su última novela, "La dulzura", un sitio en la sociedad para las personas con enfermedad mental

02.06.2018 | 05:02
El escritor Daniel Múgica en el exterior del Colegio Universitario.

Considera que esta novela llega "como a todo escritor de 50 años con cierto talento, el que fuese en mi caso, y con, debido al oficio de treinta años, en un momento dulce, en el que se escribe en plenas facultades".

Daniel Múgica fue ayer el protagonista del Club LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA con su última obra, "La dulzura", de la editorial Almuzara, que ya ha sido galardonada con el Premio Jaén de Novela. "Es un reconocimiento a treinta años de creación literaria, con sus buenos y malos momentos. Además, siendo uno de los premios importantes, lo he recibido con muchísima gratitud y con mayor humildad. Faltaría más", subraya.

Gadea es la protagonista de esta historia, una mujer que sufre una enfermedad mental. El autor tenía claras las características de su heroína. "Me asquean las injusticias. Tengo una buena amiga con una enfermedad mental y percibo que demasiada gente los trata casi como apestados, cuando es al contrario. El enfermo mental no se rige por las reglas de la sociedad ni de vistas a la galería. De ahí que sus palabras salgan del corazón sin cortapisas, lo que le da brillo y candor", describe.

La historia se complica aún más si se tiene en cuenta que transcurre durante los atentados del 11-M en Madrid. "En un trasfondo trágico, donde se asesina a inocentes desde la infamia, me marqué los siguientes objetivos: que yo me enamorase de Gadea para que el lector también lo hiciera y que sus amigos, familiares y novio se viesen obligados a mirarse en el espejo y ahondar sobre sus virtudes y defectos; que tuviese un ritmo fluido; que tratase de las emociones y no de las reflexiones; que fuera un homenaje a la mujer en su más bonita acepción, el motor del mundo; que fuera intimista y que, sobre todo, que se contase una historia de manera hermosa, lo que al parecer he conseguido. Algo que clarifico con humildad pero sin modestia", resume.

"La dulzura" llegó a Zamora tras presentarse en Madrid, donde contó con un padrino de excepción: Alfonso Guerra. Su apoyo es algo que el escritor agradece especialmente. "Dijo que la novela tenía una cálida humanidad, con un intelectualismo de acero, y aseguró que yo era capaz de crear grandes atmósferas con pocas palabras", agradece. Para Guerra, la obra es una "buena novela, un libro de obligada lectura, lo que me ruborizó, me sentí desbordado y muy emocionado", confiesa.

A tenor de las ventas -que vislumbran ya una próxima segunda edición- la visión de Alfonso Guerra es compartida por muchos otros lectores. Una gran acogida que el propio autor achaca a que las personas que acercan a esta historia "se sienten identificadas con los personajes, porque estos hablan a corazón abierto". Aun así, aconseja a aquellos que no se hayan sentido atraídos tras pasar la página sesenta "tiren mi novela a la basura. El lector tiene el mismo derecho a que no le guste que yo a edificarla", argumenta para finalizar.

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