09 de abril de 2018
09.04.2018
Primera romería de la capital

Romería de Valderrey en Zamora: "¡Que llueva a partir de mañana!"

El tiempo desapacible reduce la asistencia a la romería de Valderrey

09.04.2018 | 12:07
Romería de Valderrey en Zamora: "¡Que llueva a partir de mañana!"

La mañana desapacible, con sol a primera hora y cielo encapotado e intenso frío a media mañana e incluso la presencia esporádica de algunas gotas de lluvia, ensombreció ayer la romería de Valderrey que contó con menor afluencias de zamoranos que en años anteriores.

Tal y como estaba previsto, a las 09.30 horas alrededor de un centenar de cofrades y algunos romeros acompañaron al Cristo en procesión desde la iglesia del Espíritu Santo rumbo a su ermita. "A la salida había pocos romeros, se nos unieron más en el descanso en el pago de Valderrey, un momento en el parecía que iba a comenzar a llover, pero finalmente nos respetó", testimonió el presidente de la Cofradía del Santísimo Cristo de Valderrey, Antonio Martín Alén quien lamentaba que "el tiempo no acompaña nada para un día de romería".

Mientras que algunos romeros y cofrades se guarecían del frío en algunas de las cuatro casetas instaladas en la pradera, otros comían las tradicionales avellanas a las puertas de la ermita y otros, distribuidos en pequeños corros en la zona de las mesas donde un grupo de Tradición y Música Popular animaba con música y baile, esperan la conclusión de la misa de las doce. "Llevamos unos años sin suerte y además hoy hace mucho frío... ya solo falta se ponga a llover. ¡Mejor que lo haga a partir de mañana!" decía un hombre mirando al cielo poblado de nubes deseosas de descargar.

En la ermita el sacerdote José María Diego celebraba la eucaristía ayudado por las nuevas tecnologías, dado que olvidó el misal y recurrió a una aplicación que tenía descargada en su móvil, lo que sorprendió a la feligresía. "Un cura de su tiempo", comentaba alguno al conocer la anécdota.

La maratoniana jornada dominical del cura José María Diego Pascual, párroco del Espíritu Santo y del Olivares, obligó a suprimir la segunda eucaristía y a celebrar la bendición de campos al concluir la primera misa.

Para sorpresa de muchos de los presentes en la pradera, minutos antes de las 13.00 horas, del interior de la ermita salía el estandarte y el pendón de la cofradía. "¿Ya es la bendición?" preguntaba alguno en voz alta, mientras que se hacía un pasillo por donde discurrió la comitiva integra por cofrades, el Cristo y cerrada por autoridades y los mayordomos del año. En el crucero, antes de la realización de la bendición, el presbítero bromeó. "Este año ha llovido copiosamente, hoy queríamos un poco más de sol pero... las ganas de fiesta nos han podido" dijo, un comentario que despertó sonrisas cómplices entre los presentes. Acto seguido pidió el "don de la lluvia", dado el carácter de rogativa de la romería recuperada por 20 agricultores en 1864, e instó a los reunidos a "recibir también nosotros la bendición para que no seamos una maldición para la naturaleza porque lo que nos rodea es vida", remarcó, antes de esparcir agua bendita con el hisopo.

La comitiva retrocedió sobre sus pasos. En la ermita entre varios cofrades situaron al Crucificado en el altar y muchos eran los devotos que accedían para asistir a la eucaristía y se enteraban de que no iba a tener lugar. "Es normal, tiene tanto jaleo hoy el cura que no da abasto", decía una resignada mujer que tiene por costumbre oír la segunda misa el día de la romería de Valderrey. "Nuestro capellán no puede presidir una segunda eucaristía porque tiene que celebrar misas en sus parroquias y no ha encontrado más que un sustituto para una de ellas", aseveró un comprensivo Antonio Martín Alén.

La afluencia a la pradera aumentaba según se aproximaba la hora de la comida, sin duda, gracias a la salida del sol. La zona de las casetas, animada por un grupo de gaiteros, comenzó a estar de bote en bote. Los más rezagados comenzaban a llegar con bolsas y neveras con las viandas. "La Policía Municipal nos ha obligado a dejar el coche en la carretera de la Hiniesta, pese a venir con carritos de niños", comentaba con indignación una mujer a otra en las inmediaciones de uno de los diez puestos de venta de frutos secos.

El termómetro, más elevado que por la mañana, y el sol propiciaron que muchos optaran por quedarse hasta la tarde en las casetas.

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