01 de diciembre de 2017
01.12.2017
Acochados y muy juntitos

Sexo con Amaranta Ratón: Los enamoramientos (Capítulo Segundo)

Un encuentro casual desata una historia de dos personas en las que una de ellas es la amante y otra de ellas la amada

01.12.2017 | 12:28
Sexo con Amaranta Ratón: Los enamoramientos (Capítulo Segundo)

Una historia inventada: Una historia en la que coincidieron dos personas que creían en el amor. Aunque no coincidieran en el tiempo, y mucho menos en sus respectivas "circunstancias". Una historia que empezó por casualidad. Una historia de dos personas, donde una de ellas fue la amante, y la otra, la amada. Una historia creada con gran sensibilidad, y aún mayor respeto, para poner de manifiesto la veracidad del romanticismo. Una historia que se asemeja a muchas historias. Una historia, que sin saberlo, fue parte de la historia de Daniel Glattauer.
Primer encuentro: 26 abril del año 2013.

Ana: "Recuerdo perfectamente el primer día: mi amiga y yo sentadas estratégicamente frente a las escaleras del segundo piso. Las órdenes fueron claras: disimular. Así lo hicimos mientras bebíamos nuestras respectivas copas. Era un plan perfecto. Gonzalo bajaba las escaleras. Vestía con camiseta blanca, en ella, estampada la bandera de Inglaterra y vaqueros desgastados. Todos estaban escondidos, mirándonos, comprobando la efectividad con la que actuábamos (yo creo que lo bordamos, el disimulo es lo nuestro). Estábamos en su cumpleaños. En el cumpleaños de ese tío al que no conocíamos de nada. Yo, al menos, que solo había oído hablar de su persona en contadas ocasiones y, por diferentes motivos, sin reparar en él anteriormente. Era aquel al que teníamos que sorprender dentro del formato de fiesta cumpleaños. Él también había oído hablar de mí. Ambos contábamos con amigos comunes.

Después de la sorpresa (objetivo cumplido con efectividad) intercambiamos algunas palabras. Pocas. Aunque las suficientes para deducir que él era un apasionado de las casualidades. Yo sin embargo, de las decisiones".

Segundo encuentro Mañana del 27 de abril del año 2013:
Una famosa plaza de Barcelona.
Ana: "Volví a verlo gracias a un amigo que, por entonces, tenían en común. Tomamos unas cañas. Él tuvo dos "momentazos". El primero, no lo voy a mencionar. El segundo fue cuando se levantó las gafas de sol y se dirigió a mí: "Por cierto, he oído hablar mucho de ti, y muy bien siempre. La famosa Ana, ¿no?"
Y, fue esa chulería con clase la que hizo, que ella se fijara en Gonzalo".
Se buscan por facebook y después de varias conversaciones vía chat, se intercambian los teléfonos.
Tercer encuentro. 29 de Junio del año 2013.
Ana: "Esta vez fue en otra plaza de Barcelona. Nos saludamos y Gonzalo menciona la casualidad del encuentro entre tanta gente. Yo estaba con varios amigos. Gonzalo con una chica mucho más joven que él, que me llamó la atención por sus maneras, un tanto ordinarias, a la hora de "marcar territorio". La escena me pareció un tanto cómica. Y la casualidad finalizó entonces". En septiembre, Ana se puso en contacto con él por un asunto laboral y, desde entonces empezaron a tener comunicación vía Whatsapp. Al principio, simplemente, se saludaban de forma correcta y educada, sin darse cuenta que entre ambos comenzaba a despertarse cierta curiosidad que podía confundirse con una incipiente atracción.
Ana: "No recuerdo muy bien en qué momento surgió el tan famoso y llamado "feeling", pero era inútil negar que entre nosotros existía".
En diciembre, los mensajes de idas y venidas eran semanales y, con el tiempo, aumentaron su prodigalidad hasta hacerse diarios. Las conversaciones, a veces, se prolongan horas y horas combinándose en otras ocasiones, con aquellas que podían durar tan solo unos segundos, o varios minutos. Esas conversaciones se basaban en la felicidad, en el morbo, en aquello que se hace llamar química entre dos personas, en el amor, el desamor, en sus proyectos, en cómo ella soñaba con él, en la seducción, en "Paz", en la séptima ola
Gonzalo le contaba todos sus viajes de trabajo y de ocio. Le mandaba fotos familiares, fotos personales. Le hablaba de su familia y le contaba algunos de sus secretos. Ana estaba encantada con toda la confianza que Gonzalo depositaba en ella. Le fascinaba que fuera zurdo, que fuera bilingüe en francés, que dominara perfectamente el inglés, que le descubriera canciones (con las que Ana viajaba imaginando que bailaba con él o que, simplemente, las escucharan desayunando unos churros), que le recomendara libros.
Ana se inventa historias (la gacela del retiro) para él, para hacerle reír. Ella le regaló algunas copas de vino y algún sentimiento con carta que él puso en el cuarto pequeño, aceptando todos sus piropos.
Pero había algo que a Ana le desconcertaba. No sabía, ni se atrevía siquiera a pensar, que él pudiera tener pareja. Tenía la sensación de que no era así, que Gonzalo no tenía pareja, pero se equivocaba por completo ¿Qué fallaba en un hombre en el cual la genética hizo una "buena faena"; culto, con buen trabajo, con sentido del humor, elegante y educado? No fallaba nada. Ana se había enamorado sin darse cuenta de un hombre que tenía pareja. Un día, sin saber por qué, se armó de coraje y le preguntó por su estado civil " soltero y con pareja" -Le contestó él.
Su afirmación fue un golpe de aquellos que te pillan en estado de relajación. Aún así, Ana se armó de valor y las buenas conversaciones entre ellos continuaron. Gonzalo le mostraba sus escritos "abriéndose en canal". No dejaba de abrirse emocionalmente para ella. A Ana le entusiasman sus relatos hasta que llegó el día en que Gonzalo, dejó de hacerlo.
-Ana: " ¿Me mandas algún relato tuyo?"
-Gonzalo: " Ya no".
Cuarto encuentro, febrero del 2014.
Ana tenía la necesidad de verlo, quería que Gonzalo supiera que Ana era un ente físico y que aún vivía como tal. Esta vez no hubo coincidencias, quedaron una noche para tomar algo. Él acompañado por su pareja y algunas amigas de su pareja. Ella fue sola. No pararon de hablar en toda la noche, parecía que sólo existían ellos dos. Ana estaba muy nerviosa pero encantada. A Gonzalo se le veía feliz.
Quinto encuentro, febrero 2014.
Al día siguiente quedaron para comer los dos solos y después dar un paseo. Él le invitó a una exposición. Él no paró de hablar. Ella lo interrumpía, lo escuchaba, imaginaba. Se despidieron con un abrazo.
A finales de Febrero o principios de Marzo.
Ana le propone a Gonzalo un viaje. Los dos juntos. Le plantea varios lugares. Pero a Gonzalo le llama la atención uno de ellos: Cuba. Parte de su familia desciende de allí. Gonzalo cree que es buena idea y acepta. Durante días bromean de si tienen que alquilar una moto o un tractor y de quién debe conducir. Un día por la noche, Gonzalo le dice a Ana que acaba de tener una "discusión doméstica" con su novia:
-Gonzalo: "Acabo de tener una discusión doméstica a causa de mis conversaciones contigo y del posible viaje y no me parece justo. Entiendo su postura, aunque pero también la mía".
-Ana: " ¿Y qué ha pasado?"
-Gonzalo: " Realmente hemos discutido por el viaje, que no le parece normal, que me plantee siquiera irme contigo de viaje. De viaje los dos solos".
-Ana: "Prometo no meterte mano".
-Gonzalo: "Imagino que es eso lo que le preocupa y no lo entiende el por qué de todo esto".
-Ana: "Ya entiendo. Bueno, si eso a ti te va a suponer algún problema pues no se hace. Me jode, pero me aguanto. Y, lo intentaré entender".
-Gonzalo: "Pero, no se trata de renunciar. Ella tiene un punto de vista y una opinión de la historia".
-Ana: " Yo respetaré tu opinión, sea cual sea".
-Gonzalo: "No he tomado ninguna decisión".
-Ana: "Tengo claro que sea cual sea, la respetaré, no quiero que sea un problema para ti".
-Gonzalo: "Las decisiones no se toman por si te traen problemas o no. Y a ella no le hace gracia ni le hará. Y lo entiendo porque a mí me haría regular. Otra cosa es cómo lo asumiría o qué actitud tomaría. A mí hay cosas que no me hacen gracia y me las trago".
-Ana: "Pues la decisión la tomas tú. Yo aquí no puedo considerar nada".
-Gonzalo: "¿Y por qué no puedes?".
-Ana: "Porque es algo entre tu pareja y tú. A mí claro que me gustaría hacerlo, pero no es de mí de quien va a depender".
Después de entrar en bucle
-Ana: "Entonces... ¿lo vas a meditar? ¿Vas a meditar el viaje y me dirás algo cuando lo hayas meditado?".
-Gonzalo: "Por supuesto".
Se despiden con un beso.
Acochados y muy juntitos
2 Amaranta Ratón (Sexóloga)
Los enamoramientos
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