13 de noviembre de 2017
13.11.2017
Julio Gisbert | Experto en bancos de tiempo

Julio Gisbert: "Se puede vivir sin un empleo, lo que no significa vivir sin trabajar"

"Los gobiernos deben legislar para evitar que las multinacionales de economía colaborativa paguen impuestos y no supongan intrusismo o economía sumergida"

13.11.2017 | 09:24
Julio Gisbert, en el Museo Etnográfico.

Los bancos de tiempo, las redes de intercambio o las denominadas monedas sociales son herramientas que tienen a su disposición las personas que carecen de empleo para poder vivir lo más dignamente posible. Es la tesis que defiende Julio Gisbert, autor del libro "Vivir sin empleo", algo posible, pero que no significa vivir sin trabajar. Gisbert acaba de estar en Zamora, en una charla del Banco del Tiempo.

-¿En qué consiste su libro "Vivir sin empleo"?

-El libro trata es de enseñar las estrategias que existen para poder vivir en situaciones de precariedad laboral o económica con cierta dignidad. Se trata de poder intercambiar productos y servicios utilizando diferentes herramientas entre ellas por ejemplo los bancos del tiempo, las monedas sociales, las redes de intercambio.

-Vamos con esas herramientas. El banco del tiempo quizá es una de las más conocidas.

-Hay más de 200 bancos de tiempo en España, lo que significa que son redes que están teniendo una aceptación general por parte tanto de ciudadanos como de ayuntamientos, muchos de los cuales están implementando su política de voluntariado con la creación, también, de un banco de tiempo para crear estas redes de intercambio de servicios. Es verdad que el banco de tiempo tiene más un sentido social que económico porque es realmente para que la gente se ayude, crear redes vecinales, lo que antiguamente y tradicionalmente pasaba en los pueblos y que no pasa en las ciudades, y se puede volver a recuperar.

-Ahora casi ni conocemos a los vecinos.

-Exacto, y la idea del banco del tiempo es volver a reconstruir esas redes vecinales de ayuda mutua.

-¿Y herramientas más de tipo económico?

-Podemos hablar de las redes de intercambio que utilizan moneda social. Son comunidades que utilizan su propia moneda o su propia unidad de intercambio para poder intercambiarse productos y servicios sin necesidad de usar el dinero de curso legal.

-¿Es una especie de trueque?

-Realmente no es trueque, porque normalmente con esta palabra definimos el intercambio entre dos personas. Es más lo que los argentinos llaman trueque multirecíproco, es decir, utilizar una divisa de intercambio para poder hacer un trueque entre muchas personas. Es como nació el comercio, utilizar el dinero como una herramienta de intercambio, nada más. Lo interesante es que el dinero lo crean las comunidades, las personas y eso es factible, es posible.

-¿Físicamente es una moneda?

-Es dinero como el de curso legal, puede ser en metálico, en papel, digital, puede adoptar diferentes formatos. Puede seguir las mismas pautas, los mismos mecanismos de pago que el dinero de curso legal. Pero es dinero que crean las personas.

-¿Cómo se crea ese dinero?

-Hay diferentes formas. Algunas son más conocidas, porque el comercio las utiliza con mucha frecuencia, como es el dinero comercial o el dinero soportado por euros y otras que son por ejemplo muy vinculadas a los bancos de tiempo que se crean mediante el intercambio: yo te hago a ti un servicio, en mi cuenta de tiempo tengo un menos uno y en la tuya un más uno. Y con todo ese saldo que acumulas en tiempo puedes pedir servicios a otras personas del colectivo. Estás creando dinero, estás creando economía, servicios en ese intercambio, el dinero de crédito mutuo que se llama. Luego hay otras que están soportadas por moneda de curso legal, es decir, las tienes que comprar. Funcionan en Inglaterra.

-¿Qué sentido tiene usar dinero legal para comprar esa otra moneda?

-El sentido que tiene es que ese dinero solo circula en ese lugar, en esa zona, se queda en esa región. No pasa como con el dinero normal, los euros o los dólares, que se van muy lejos de tu propia economía local. Entonces, lo que haces es favorecer el comercio de proximidad local y creas empleo a nivel local. Es decir, creas una especie de protección económica de tu área más próxima donde no solo hay factores de consumo sino que también la gente que promueve este tipo de monedas propicia que se produzcan y consuman servicios localmente, con lo cual cierras el círculo económico próximo para que el dinero no fluya hacia afuera, se vaya a Japón, China, o cualquier otro país.

-¿Tiene un componente ideológico?

-Algún componente ideológico sí que hay que tener en querer transformar las cosas, porque realmente si existe el dinero de curso legal se puede seguir funcionando con él. En nuestro bolsillo hay dinero de curso legal, euros, pero también podemos tener dinero propio, que puede ser incluso también de curso legal, porque estas experiencias se están convirtiendo en legales en España ahora mismo. Es decir, que puedas tener tu moneda de curso legal local para potenciar el comercio local de proximidad o para poder ayudar a las personas que tengan problemas económicos. Ese también es el sentido, poder complementar ambos tipos de moneda o ambas economías. Tiene un cierto componente ideológico, de compromiso social, de decir, puedo cambiar las cosas próximas a mi entorno, cosa mucho más difícil en una economía global.

-Volvamos al título del libro. ¿Se puede vivir sin empleo?

-Si, perfectamente. Yo no soy el ejemplo, evidentemente, pero sí hay fórmulas en otros países por lo menos de vivir más dignamente. Y es la distinción por ejemplo en los bancos de tiempo, de empleo y trabajo. Cuando hablamos de empleo nos referimos a empleo remunerado, pero en los bancos de tiempo se valora el trabajo no remunerado le da un valor a las horas que cuesta hacer un servicio. Es el valor justo que la economía real no reconoce.

-¿La economía colaborativa está disfrazando a veces economía sumergida?

-Cuando surge el problema los políticos tienen que estar al tanto para intentar reglamentar esas situaciones, como por ejemplo pasa con las grandes multinacionales que son Uber, en el transporte o Airbnb en el alojamiento. Presentan es un dilema a muchos gobiernos que no han legislado sobre la posibilidad de que las personas puedan intercambiarse entre sí productos y servicios. Ese es el gran reto. Prohibirlo a lo mejor no es la solución, pero sí que es verdad que muchas de estas economías están sobre todo basadas en tecnologías digital y móvil. A otros sectores ya les ha pasado como el musical o de los derechos de autor, donde de repente llega Internet el intercambio P2P entre personas, le ha pasado al alojamiento al sector hotelero con Airbnb o el transporte con Bla Bla Car.

-¿Pero estas prácticas no perjudican a la verdadera economía colaborativa?

-Yo diría a la economía en general. Siempre ha habido y habrá redes informales de ayuda de este tipo, con las que tu puedas llevar a alguien en tu coche o dejarle tu casa. Parece que acabamos de inventar todo y resulta que un tipo de Aribnb, una plataforma que se llamaba CouchSurfing lleva décadas funcionando para el intercambio de alojamiento en cualquier lugar del mundo sin dinero. Eso existía ya. Lo que pasa es que al monetizarse, al convertirse en economía, son los países los que tienen que legislar para que las personas paguen sus impuestos. Los bancos de tiempo forman parte de esta economía colaborativa, pero su visión es mucho más social y tienen unas normas muy concretas para evitar precisamente el intrusismo profesional y la economía sumergida.

-¿Por ejemplo?

-Los intercambios tienen que ser no continuos, por ejemplo, y hay unas normas muy concretas y los bancos de tiempo esquivan perfectamente estos problemas de posible intrusismo o economía sumergida.

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