11 de junio de 2017
11.06.2017
José Manuel López Redondo | Criminólogo, experto en analizar el comportamiento humano

"El lenguaje no verbal es el 80% de la información, pero no desvela todo"

"En un interrogatorio, miente más el que nunca ha hecho nada porque está acongojado, que el delincuente habitual, que se sabe la ley y lo que le va a perjudicar"

11.06.2017 | 06:10
José Manuel López Redondo, durante la entrevista.

"Soy muy cotilla", cualidad imprescindible para mirar, observar hasta la extenuación para conocer e interpretar gestos, movimientos del otro y descubrir qué esconden. La constancia, "la obsesión" por descifrar ese lenguaje es la clave del éxito en la interpretación del lenguaje no verbal, que esconde el 70% de la información en una entrevista, José Manuel López Redondo, experto en la materia que impartió un curso del SUP a policías en Zamora.

-¿Uno se vuelve un mirón cuando analiza el lenguaje no verbal?

-Sí, pero llega un momento en el que dejas de mirar para mirar más profundamente. Ya no miras fijo a una persona ni estás constantemente a ver qué captas, no hace falta, tu cabeza interpreta el gesto de forma instintiva, solo te llama la atención el gesto que no encaja.

-¿Cuándo se está analizando a una persona, se tiende a alargar la conversación para que se olvide de que se la observa?

-Sí, claro, aunque no necesariamente. Si la persona tiene un discurso, la dejas que hable, tarde o temprano va hacia donde te interesa. Uno de los errores en interrogatorios es cortar las conversaciones, provocas que se olvide de lo que estaba hablando, pierde el hilo y pasa a menudo. Si no le dejamos hablar, no conseguimos nada.

-¿No por mucho preguntar se llega a la verdad?

-Hay que saber preguntar, las preguntas tienen que ser muy concretas, coherentes, cortas y muy precisas, muy claras, que el entrevistado las comprenda perfectamente; y si la respuesta no te convence, irte a otra pregunta, retenerla en la memoria y volver a plantearla en el momento oportuno. No se puede ser agresivo, solo consigues que la persona se repliegue sobre sí misma y no diga nada. Se mete en un bucle mental: "no me acuerdo", "no sé" y la has perdido.

-¿Hay que generar confianza para derrotar al interrogado?

-Es importante, pero hay que generar empatía, una interrelación honesta, sin darle la razón. Si ha cometido un delito, no te puedes poner de su lado, tiene que quedar muy claro. Puedes empatizar para que se pueda sentir mejor o peor, vas jugando sobre la marcha, con preguntas, viendo sus gestos y en función de ellos vas preguntando y analizando constantemente.

-¿Existe un método para extraer de esos gestos lo oculto?

-Es imposible. Se trabaja sobre el "no consciente", algunas veces el semiconsciente. El consciente no interesa porque son gestos aprendidos, solo eso, y no son comunes en todas las culturas ni en todos los lugares, puede ser el mismo pero con diferente significado. Hay que buscar los básicos, que parten de la ira, del miedo, del rechazo, del asco, son el principio de todo lo demás y comunes al ser humano.

-El entrenamiento es tremendo.

-Desde que te levantas hasta que te acuestas, es obsesión, te tienes que obsesionar para lograrlo, si no estás perdido porque, tras ese trabajo diario, llegas a casa e indagas. Estás comparando constantemente. Cuando veo un gesto que no conozco y sé qué ha provocado esa reacción, me quedo con él, no lo aplico, lo busco en la observación diaria de la gente y cuando veo a muchas personas que lo hacen siempre en el mismo entorno o por la misma causa, ya sé qué lo provoca, si no lo ignoro.

-El detenido está en posición de defensa, con una coraza, ¿el policía cómo derriba ese muro?

-Cualquier persona está a la defensiva y, normalmente, más el que nunca ha hecho nada. El que está acostumbrado a delinquir se sabe sus mentiras, la ley, lo que le va a perjudicar; el otro está acongojado, metido en sí mismo y sin saber qué hacer, cree que le van a crujir. El policía debe vestirse de paciencia. El interrogatorio es un conflicto de intereses, una lucha de energías, el poder pasa de uno al otro, se da y se recibe, cuando lo pierdes y lo tiene el otro, tienes que esperar la oportunidad de cogerlo. Ese es el juego: "yo me dejo para conseguir después lo que crea conveniente sin que te des cuenta".

-¿Hasta qué punto el lenguaje no verbal es más importante que el verbal en esas situaciones?

-Un gurú del lenguaje no verbal dirá que solo con ver la gestualidad lo sabe todo. Eso es mentira, no sabe nada, nada. El proceso de comunicación engloba el lenguaje no verbal, el verbal, la imagen, la cercanía y la lejanía..., el no hacer gestos también es un gesto, una forma de estar y cuando hay verbal por medio sabes qué motiva el no verbal. Se trabaja con los dos, esta es la base en entrevistas e interrogatorios. Si trabajas solo con uno de ellos, las patas de la mesa están partidas.

-¿Son un 50% de la información que recibimos del otro?

-El lenguaje no verbal es el 70% como mínimo, incluso casi el 80%; el resto es verbal, y van asociados, debemos saber qué provoca el gesto, ahí entra la palabra. Los gestos hay que interiorizarlos, sentirlos, no basta con aprenderlos. Cada gesto se corresponde a un estado de ánimo, alegría, tristeza, asco, rabia, sorpresa, miedo. A un mismo gesto, un contexto determinado ofrece una interpretación, es algo positivo o negativo según el contexto, que puede ser una frase, palabra o pensamiento o lo que ves.

-¿Qué diferencia hay entre interrogatorio y entrevista?

-En el interrogatorio, la persona está imputada, por lo demás, no hay diferencia. Si eres imperativo, una persona impulsiva, agresiva verbalmente o gesticularmente, no consigues nada en absoluto. Es básica la pregunta, el qué decir, cómo; nunca poner síes y noes o verdades y mentiras en la boca del otro. Si le dices "¿a que estuviste en tal sitio?", te dirá que sí porque es lo que tú quieres oír y aunque sea mentira ya no hay vuelta atrás porque el que miente una vez, lo mantiene hasta hacerla su verdad.

-Hay personas que no transmiten nada, impasibles, ¿la estrategia con esas personas es intentar sacarles de quicio?

-No, no, porque entonces se meten en su bucle personal, en el "no me acuerdo", le agredes verbalmente, y ya no te van a decir absolutamente nada. Diálogo, la empatía, tiene que estar ahí. Hay una parte antagonista, un contrario, y el punto de vista de quien está enfrente y el tuyo, ambos contrarios, pero después hay un punto empático con el que tienes que jugar. Si no gesticula tanto, hay que buscar cuándo lo hace.

-La tortura no sirve.

-Sirve para que la desazón y la impotencia de la persona sea tan grande que diga que es culpable sin serlo. El síndrome de Otelo refleja esa reacción, el personaje de Shakespeare era un celotípico, está convencido de que su mujer le engaña y la presiona de tal manera que ella se hunde no porque le haya sido infiel, pero él lo interpreta así y la mata. Hay países donde es habitual: palizas, golpes de todo, claro, ¡cómo no vas a cantar!, dices lo que sea para que no sigan pegándote. Habrá quien desee hasta la muerte para no seguir sufriendo.

-¿Por qué se confiesa?

-Porque tienes una necesidad imperiosa de quitarte la carga de encima. Todo el mundo, salvo personas con rasgos psicopáticos que carecen del sentimiento de culpa, tiene su corazoncito, su parte de culpa. Moralmente, cuando cometemos un delito, no nos lo podemos guardar, lo tenemos que contar siempre a alguien que tenemos de escudo. La confesión no es otra cosa diferente, además, a sabiendas de que no lo va a contar, es el ideal, eso pasa en el cristianismo.

-¿El delincuente es un mentiroso compulsivo?

-No necesariamente, aunque quien comete un delito y quiere evitar la condena va a mentir. El psicópata es un mentiroso compulsivo, pero esos rasgos se valorarán a través de la psiquiatría, hay unos tests, no se puede saber si lo es solo con verle. El psicópata no tiene una gestualidad característica para identificarle.

-Dice usted que la mentira es consustancial al ser humano.

-Mentimos todos absolutamente, los datos estadísticos dicen que al cabo del día decimos como media diez mentiras. La mentira es innata en el ser humano. Resulta que todo el mundo está obsesionado con la mentira y los mentirosos, pero a esos nunca se les pilla, es muy difícil.

-¿Para qué mentimos?

-Para sobrevivir simplemente, mentimos para evitar un conflicto, un problema, para conseguir algo que queremos, para que se genere un entorno adecuado a lo que nos interesa a nosotros. No tiene por qué ser una mentira despiadada, puede ser cualquier tipo, mentimos a nuestros padres, a nuestros hijos, ellos a nosotros. No podríamos vivir sin mentir, creo. El omitir algo que sabes, también es mentir.

-Hay personas que cuentan situaciones vividas que no tienen nada que ver con lo ocurrido.

-Claro, pero, cuidado, a lo mejor eres tú la que estás confundida, no se sabe. Se da la circunstancia de que, por ejemplo, entre hermanos, uno le cuenta a otro una situación y, a lo largo de los años, a quien se lo han contado la hace suya hasta el punto que lo defiende a capa y espada: "es que yo estaba allí". Y la persona que se lo contó dice "¡pero si quien estaba era yo!". Analizas a uno y otro y no hay mentiras en ninguno.

-Hay personas que se apropian de tus vivencias, las cuentan como si ellas las hubieran protagonizado, ¿por qué?.

-Hay personas que te vampirizan, mucha gente. Es un problema de identidad, se identifican tanto contigo de tal manera, les gusta esa parte tuya tanto, que lo quieren vivir ellos y lo hacen contándolo como si fuera su experiencia. Pero están convencidos de ello y luchan por defender que lo que ellos cuentan ocurrió, aunque quien lo vivió realmente se lo rebata.

-La mentira se convierte en verdad a base de repetirla, dice, ¿por eso las primeras horas de interrogatorio son decisivas?

-Cuando a la persona ya se le ha interrogado muchas veces y en la misma línea, si mintió la primera vez ya no puede volver atrás y decir que eso era mentira porque le pillan. Se genera su propia verdad hasta el punto de que los gestos que acompañan a sus palabras son de verdad, creíbles, dejan de ser mentira porque se remiten a la versión ya construida, al momento en el que dijo la mentira por primera vez. La hace suya hasta el punto de que hay personas que cuentan partes de su vida con hechos que no han existido nunca, pero convencidas de que sí ocurrieron.

-¿Y cuando el delito lo comenten más de uno persona, cómo saben que mienten?

-Si consiguen ponerse de acuerdo en qué decir, siempre dirán lo mismo, se creerán su mentira. Sabes que es mentira porque todos coinciden y eso es imposible, nadie ve ni vive la situación igual que el otro, se confunden caras, colores, aspectos situación, la izquierda y la derecha, lo alto y lo bajo.

-¿Por qué no pueden ser idénticas las versiones?

-En un hecho inesperado, el cerebro analiza la situación, el problema es que, cuando hay lagunas, no puede entender esos vacíos y los rellena con algo que inventa y esa es tu parte de la historia, aunque la persona no es consciente. En un accidente de tráfico, si preguntas a los testigos, hay diferencias sobre cómo eran los coches, las personas, etc. Ahí hay que buscar la congruencia, las coincidencias en las versiones. Hay gente que tiene una capacidad de visión extraordinaria; y otra, de inventar extraordinaria por afán de protagonismo.

-¿Es muy difícil llegar a la verdad?

-La verdad es lo único que no nos interesa en un interrogatorio o entrevista, para descubrirla hay que ignorarla. Cuando analizas, el cúmulo de información que te viene es tan grande que hay que discriminar lo que te interesa y lo que no. Lo que ya sabes que es verdad lo apartas para no perder tiempo. Te interesa lo que oculta, hay que sacar "lo no dicho".

-¿Cómo se sonsaca esa verdad sin presionar?

-Hay que invitar a la persona a que te diga aquello de lo que pueda acordarse, "puede que no te acuerdes, pero hay alguna parte que me pudieras contar por muy pequeña que sea". Así entras en su bucle, le dices que le crees pero que habrá algo que recuerde, ese pequeño trocito de memoria es el hilo para tirar. Si sigue con que no se acuerda, vas a otra cosa, esperas hasta que te cuente lo que sea. Es un juego de minutos o de muchas horas o días, a veces, es un agotamiento físico y mental importante.

-¿Ese juego no dará ningún resultado con el psicópata?

-Claro, es un mentiroso compulsivo y lo que te dice se lo cree. Tiene mirada muy fija porque tiene que saber que la mentira te está llegando. Tiene mucha verborrea, pero no dice nada, es un vende humos y te envuelve en su grandeza, tiene un importante atractivo, si consigue envolverte, estás perdido. Tiene facilidad pasmosa para adaptarse a todo el mundo porque no tiene capacidad física de adaptación. Es dios, puede hacer lo que quiera porque no siente nada, quiere el poder para él, pero tiene una carencia esencial, la empática.

-¿Hay psicópatas que llevan una vida normal?

-Bueno, normal dentro de su psicopatía, pero hay médicos, delincuentes sofisticados, ladrones de guante blanco, artistas, los hay de todos los colores. Claro que te relacionas con ellos, seguro que hablamos con alguno, nosotros podemos serlo. Un 2% de la población lo es.

-Me viene a la memoria el caso de Marta del Castillo, Miguel Carcaño, El Cuco, han dado mil vueltas a sus versiones, ¿es ya imposible arrancarles la verdad?

-Pienso que no, conozco el caso solo por la prensa, ¿eh? Lo que ocurre es que es muy difícil, muy, muy difícil porque han conseguido dominar su miedo y sus mentiras, su juego es hacer variables sobre una mentira. Empiezan con una entrevista en la que se ponen de acuerdo sobre qué decir y ya no hay marcha atrás. Se trazan un objetivo, que el cuerpo no aparezca, porque alguien les ha podido decir que les interesa para que se den palos de ciego.

-Pero hasta ahora la policía no ha logrado que confiesen.

-Habría que sacarles de su bucle a cada uno por un lado. También tienen su vida y su mundo y se debería atajar por ahí porque el que hace algo y lo siente, lo cuenta. Alguien tiene que saberlo, pero quizás es demasiado cercano a ellos y está en ese bucle de complicidad.

-¿Los terroristas son psicópatas?

-No, pienso que no. Hay un componente social, en mi opinión personal. Es un problema derivado de sus circunstancias, de dónde han vivido, de la cultura en la que viven, de la forma en la que les han socializado, puede ser por una secta o por una religión, todo llevado a su extremo es malo. Si ser vegetariano es bueno, comer lechuga todos los días de tu vida, solo lechuga, no puede serlo.

-Los que mueren pensando en alcanzar el paraíso, ¿qué sienten en ese momento?

-Hay personas que se inmolan en nombre de alá, de alguien, están tan radicalizados y convencidos de que lo que hacen es bueno que lo llevan a cabo, pero no podemos ver sus caras en el momento del atentado, que probablemente serían de pánico. No creo que sea de tranquilidad extrema, no saben a qué se enfrentarán por mucho que les hayan contado lo que van a ver.

-¿Hay muchas clases de mentira?

-Sí, está la que no se dice; hay gente que oculta la verdad; la que engloba verdades; bucles selectivos en los que la persona dice que no se acuerda de algo relacionado, por ejemplo, con un crimen que vio, que es complicado que deje de acordarse, en esa circunstancia no te olvidas ni de dónde estabas. Lo que no puedes decirle en el interrogatorio es ¿"cómo que no te acuerdas?, tienes que acordarte" porque se encierra, dice que no y no lo cuenta.

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