El violento brote de ébola que sufren Sierra Leona, Liberia, Guinea Conakry y Nigeria preocupa a toda la comunidad internacional. Se ha cobrado ya más de 900 vidas y afecta a más de 1700 personas, entre ellas el religioso español Miguel Pajares. La cooperante zamorana Silvia Montalvo Ramos cuenta su experiencia en Costa de Marfil, limítrofe con Liberia y Guinea, que ha declarado el estado de emergencia sanitaria.

-¿Cómo ve la situación actual de los países africanos que sufren la epidemia?

-Es muy complicada, sobre todo por la seguridad de los equipos desplazados. Para la población es un riesgo inasumible. Es el mismo caso que nos encontramos con la epidemia de cólera en Haití. Conociendo el contexto, el mayor problema es el tratamiento de cadáveres porque el choque cultural es muy fuerte. Es difícil prevenir la enfermedad, ya que hay otras que sí son muy conocidas por ellos y saben cómo se contagia. Se trabajará en que la conozcan, ya que la cepa es la Zaire, la más mortífera que se cobra la vida del 90% de infectados. Se transmite por los fluidos corporales y cualquier tipo de secreción y por el contagio con los cuerpos, que pone en peligro especialmente a quien trate los cadáveres. Se hará cartelería, radio, vehículos con megáfonos? Cruz Roja ahora mismo está instalando un hospital de campaña un puesto de salud fronterizo entre Sierra Leona y Liberia para intentar parar el tránsito e identificar casos de infectados.

-¿Qué opina de la repatriación del sacerdote español infectado, Miguel Pajares?

-Es necesaria. Es un derecho, y no hay que plantearse el riesgo para el resto sino su opción de pedir que se le trate en su país. Además, ahora el único tratamiento que hay es medicina intensiva y control respiratorio, y el nivel de hospitales de allí a nivel de atención básica es escasa. Si España asume que es un país tan desarrollado como dice, no tiene por qué tener miedo. La prevención la conocemos, y es evidente que va a ser tratado por profesionales que controlen las medidas de seguridad epidemiológicas al igual que el caso estadounidense.

-¿Cree que venir a España le dará más posibilidades de sobrevivir?

-Esperemos que llegue y que sea del 10% que se salve. Es complicado, pero no imposible. Si se ha tomado la decisión es porque se puede asumir.

-Cuando estuvo en África, en Costa de Marfil ¿tenían miedo a los contagios de este tipo de enfermedades?

-Con ellos sales. Yo misma he tenido malaria dos veces. Cuando sales a trabajo de campo sabes a lo que te expones. Todos tenemos una gran preparación antes, a nivel técnico y de información interna. Pero, en muchos casos, esas enfermedades tienen cura. Tienes tratamiento y lo pasas mal, pero vives y valoras qué compensa más, si tu seguridad o el beneficio de tu trabajo. Cuando la epidemia estalló y la OMS hizo un llamamiento, la Cruz Roja española pidió voluntarios a las distintas ramas de especialización y ya están allí 12 compañeros de toda España. Yo misma dije que podía irme al terreno en septiembre.

-¿No le impone irse allí ahora mismo?

-Considero que hay que hacerlo. Es una población amenazada y no podemos lavarnos las manos mientras los vemos morir por televisión desde casa. Es un compromiso moral y ético, más en el caso de los que nos dedicamos a ellos. Es peligroso,pero hay que ir y una vez allí y tomar las precauciones debidas.

-Hay casi mil muertos por esta epidemia, pero sólo trascienden los muertos occidentales.

-Me indigna que no se hable de las personas y sí de los números. Sólo se ponen nombres y apellidos a los españoles, estadounidenses y franceses. Sólo ha muerto una persona en Nigeria y aún no hemos visto quién es porque consideramos "normal" morirse en África. Nuestra visión nos hace considerar una epidemia como algo habitual si les pasa a ellos, pero como algo muy grave si le pasa a un europeo. Es una doble moral contra el que creo que todos tenemos que levantarnos

-África es una desconocida y sólo se habla de epidemias, guerras, hambre? ¿Le marcó mucho tu experiencia en el continente?

-África es mucho más que las catástrofes que nos llegan. A mayores de trabajar allí, todas mis vacaciones y periodos de ocio han sido en países africanos. Es un continente muy recomendable para visitar porque es seguro. Hay países y zonas que no lo son, pero igual que sucede en Europa. La gente es encantadora porque pese a no tener nada, no conocen otra cosa y son felices. Nosotros tenemos una visión desenfocada de los países del sur porque nuestro modo de vida nos dice que si no tenemos cosas, pasaremos necesidades y angustias. Y eso es otra manera de vivir, algo normal para ellos.

-¿Cómo es vivir allí?

-Su vida urbana es muy occidental. Yo residía en Abijan y era mucho más grande que Zamora, y en ciertas cosas, tenía más recursos. El nivel de vida es muy normal, pero en la periferia sí existe el África profunda que vemos en la televisión. Claro que el choque cultural es fuerte, pero África se debe visitar.

-¿Qué es lo mejor de ser cooperante?

-Lo más bonito es la gente que te llevas y los resultados del trabajo bien hecho. No hay fines de semana y no descansas, pero lo poco o mucho que hagas tiene unos resultados tan grandes y tan prácticos que van en beneficio de la gente. Te llevas su gratitud y las vivencias de tus compañeros que te enseñan a sacarte las castañas del fuego de otra manera. Nosotros hacemos un mundo si no tenemos nuestro ordenador o nuestro vehículo? allí aprendes a trabajar sin recursos y a sacar las cosas adelante. Hace un mes me casé y vino gente de Costa de Marfil a mi boda. Y eso es enorme porque quiere decir que tienes otra familia allí.

-¿Y lo peor?

-Lo peor es irte, o querer hacerlo y no poder. También el sentimiento de impotencia que genera el ver que quieres ayudar y no puedes. Por ejemplo, en Haití, nos pidieron que nos fuéramos porque estaban tan superados por la ayuda internacional que ni siquiera les preguntaba cómo querían que se hicieran las cosas y que, cuando se acababan los fondos o los permisos, se marchaban y dejaban las cosas sin terminar. Es muy frustrante tener las ganas, los fondos, los recursos, el poder? y no poder ayudarlos porque, en su derecho, no quieren.

-¿Qué se puede hacer desde aquí para ayudar a los que están en estos países?

-Sobre todo, desde la ciudadanía internacional, lo primero es no olvidarles. Que nos interese de verdad lo que está pasando y apoyar a los equipos destinados allí, sin importar el organismo o la condición. Apoyarlos en medida de difusión, de voluntariados con dípticos de prevención? y que la gente se informe. Cuando estás allí, necesitas sentirte respaldado.

-¿Sus compañeros sienten ese respaldo?

-Sí. Se ha planteado una misión de cuatro meses, con rotaciones de un mes. El primer turno que ya está allí es el más duro, porque llegas y no sabes lo que te vas a ver. Ellos se encontrarán con una situación difícil y tienen que sentirse protegidos y valorados. En este tipo de misiones en que trabajas un mes sin descanso te derrumbas muchas veces, y es muy importante sentir esa palmada y saber que creen en que puedes hacerlo, que tu trabajo sirve porque abres camino a los que van detrás.

-¿Cree que podrá ir allí en septiembre?

-Lo veremos. Dependo del trabajo, pero pertenezco al grupo psico-social, y no hay muchos compañeros disponibles para ir allí ahora, entonces a lo mejor se presenta la posibilidad de ir allí. Lógicamente si ya existe cobertura o si la rotación está completa, no iré. Pero yo personalmente iría sin problema.

-¿La alarma entre la población española está justificada? ¿O no hay peligro?

-Que exista una alarma es normal. África está cerca, pero está todo controlado. Si Costa de Marfil está al otro lado de la frontera de Liberia y no ha habido ningún caso, que llegue a España es muy complicado. Pero la población española se asusta cuando oye que es tan contagioso. Si tenemos en cuenta que a día de hoy mucha gente sigue teniendo miedo de dar la mano a un enfermo de sida pese a saber que no va a contagiarse? Aunque venga el sacerdote infectado, va a estar aislado y controlado. Además, el pico de mortandad de las epidemias es el primer mes, cuando no hay medidas efectivas, pero confiemos en que la prevención haga su trabajo y dentro de poco esté todo bajo control.