26 de febrero de 2014
26.02.2014
El enigmático pasado judío de la ciudad

Una llave sin partida de nacimiento

La reliquia que pudo abrir la última sinagoga local se examina en Israel con carbono 14 para datar la edad

01.03.2014 | 02:53
Una tradición familiar. El antropólogo mexicano Carlos Zarur ha reunido cuarenta testimonios de su familia para confirmar que la llave salió de Zamora en 1492.

A finales de los ochenta la reliquia más importante de la cristiandad, la Sábana Santa de Turín, fue sometida a pruebas de carbono 14 para zanjar las suspicacias sobre su verdadera edad y comprobar que, en efecto, fue el sudario que cubrió el cuerpo de Jesucristo al morir. El examen de varios fragmentos de la Síndone no solo no acabó con el debate sino que alimentó una formidable polémica al situar el sudario en la Edad Media y no en el inicio de nuestra era como se esperaba.

Aquellas pruebas dejaron la Síndone en mal lugar, pero el examen con carbono 14 sigue siendo la principal vía para conocer la edad exacta de vestigios con un largo pasado. El método deberá confirmar la próxima primavera en Israel lo que varios expertos en antigüedades ya han avanzado con un simple vistazo. La llave que pudo abrir la última sinagoga de Zamora -y que regresó el pasado verano con motivo de un congreso sobre el pasado judío de la ciudad- tiene entre 400 y 600 años de edad. Cualquier resultado fuera de este cálculo dejaría la llave en mal lugar. Como la Sábana Santa.

El sistema de datación, creado por el premio Nobel Willard Frank Libby, deberá corroborar la historia familiar rescatada por el profesor mexicano Carlos Zarur. Su estudio atribuye la llave a un lejanísimo eslabón de su árbol genealógico familiar, el señor Shelomo Kassin. El portador del singular vestigio se encontraba en Zamora cuando los Reyes Católicos sellaron el decreto de expulsión de los judíos, lo que obligó a Kassin a huir. Aquel lejano año de 1492, el hebreo tomó sus efectos personales y puso rumbo a Cataluña. Cargado con «la llave zamorana», Kassin tomó un barco que lo llevaría a Alepo, la ciudad siria donde radica una de las comunidades judías más antiguas del mundo. Como en muchos otros casos, la familia Kassin comenzó a desgajarse y cada una de sus nuevas ramas tomó rumbos diferentes. En su caso, el antropólogo Carlos Zarur heredó la sangre de los familiares que emigraron a México.

Cinco siglos después del nefasto capítulo de la expulsión judía -que pocos años después secundó Manuel I en Portugal- Zarur emprendió la compleja tarea de rescatar «la llave zamorana» cuya custodia había pasado de padres a hijos. «Nunca habrá nada que nos ayude a confirmar completamente la historia familiar. Solo volviendo al pasado o teniendo la puerta de la sinagoga que abría esa llave podríamos verificar su autenticidad», explica Zarur.

Más allá de un aval científico, el experto en criptojudaísmo asegura que el verdadero certificado de «la llave zamorana» es de carácter antropológico. Es decir, la propia tradición familiar, que «ha sido su guardiana por 500 anos y está verificada por más de 40 miembros de la familia en diferentes partes del mundo». Zarur añade que «dentro de la antropología cultural la llave tiene toda la veracidad posible». Las pruebas que se practicarán la próxima primavera en Israel ayudarán a completar la historia del señor Kassin.

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