La compañía Els Joglars se suma a los actos de conmemoración del 25 aniversario del Teatro Principal con la puesta en escena, hoy y mañana, de la obra de Cervantes «El coloquio de los perros», con la particular adaptación de este grupo teatral y bajo la nueva dirección de Ramón Fontseré.

-¿Qué nueva etapa se abre en Joglars tras la marcha de Albert Boadella y con usted al frente?

-El objetivo es seguir haciendo nuestro teatro característico y tirar para adelante, mirar para que esta historia que creó Boadella hace 51 años pueda durar mucho más tiempo. Nuestro propósito es seguir creando espectáculos con nuestra estética y nuestra ética características.

-¿Una tarea más complicada en la actualidad?

-Sabemos que no son tiempos fáciles. Hay una fuerte crisis de la administración y por lo tanto las giras de ahora no son como los «bolos» que teníamos antaño. Ahora se suelen hacer actuaciones de un día solo. Creo que antes también se vivía de una manera muy alegre y muy poco realista, existía ese efecto burbuja que nos afectaba a todos, pero ahora impera la ilógica con algunos aspectos, como el tener el IVA cultural más caro de Europa, con un 21%. Es un porcentaje un poco bestia, porque para una revista porno pagas solo un 4% y el IVA aumenta descaradamente para ver un Shakespeare o un Chejov.

-En la obra «El coloquio de los perros» que trae a Zamora es actor y director, ¿fue complicado compaginar ambas facetas?

-Reconozco que al principio sí que me costaba porque yo siempre había estado pisando las tablas y actuando. El primer día que me tocó dirigir el ensayo me sentía extraño, sentado ahí en frente en una silla. Pero me he ido acostumbrando y además tengo la suerte de contar con una ayudante de dirección como Martina Cabanas, que hace desaparecer este conflicto de tareas en los ensayos porque sabe perfectamente lo que queremos conseguir.

-Ella, junto con Boadella, realizaron la adaptación de este clásico, ¿qué han aportado a la historia?

-Es una adaptación a tres bandas, en la que también me incluyo. La estrenamos en el Centro Nacional de Teatro Clásico de Madrid y creo que aportamos una visión original, respetando el escrito de esta novela ejemplar, pero con una puesta en escena muy austera para el lucimiento del actor, porque creemos que en el teatro él es el auténtico rey. Hemos aportado el sello que venimos practicando desde hace tiempo.

-¿Qué le atrae de Cervantes?

-Sobre todo esa visión irónica y crítica que tiene de la sociedad. Por esa particular óptica es un excelente compañero de viaje. El principal problema con el que nos encontramos fue con saber cómo hablarían unos perros, se trató de un ejercicio muy interesante a nivel actoral, además de intentar conseguir lo máximo con lo mínimo, porque los elementos que salen en escena son sencillos, pero sugerentes y simbólicos.

-Los protagonistas, los perros Cipión y Berganza, analizaban la situación de la época de Cervantes, ¿qué pensarían de la situación actual de España?

-Sobre todo quedarían muy estupefactos porque son dos perros sabios que deciden hacer uso de la libertad individual en contra de la libertad de la masa. Defienden a todo ladrido su libertad individual frente a la exigida por petición ajena. En la obra también sale el tema de aceptar el destino de una manera natural, como lo hacen los animales. Además, los perros en el pasado tenían una función a través de su dueño y eso es algo que se mantiene ahora solo en el mundo rural, porque las mascotas han pasado a tener un estado de bienestar más rico y profundo que algunas personas y en ese sentido creo que nos hemos pasado. Finalmente ellos son animales que viven en medio de la naturaleza y sin embargo el hombre tiende a apartarse de ella, no ha sabido mezclarse tan bien como otros seres vivos.

-¿Es ahora más necesario que nunca mantener el papel crítico del teatro?

-El teatro primero tiene que entretener pero si en el escenario se logra plasmar esa realidad que la gente no se atreve a comentar por pereza o prejuicios, se crea una catarsis con el público muy necesaria. Cervantes, Montaigne o Séneca en el fondo fueron unos moralistas y observaban la sociedad para dar luz a sus defectos. Una obra puede ser una sátira pero en el fondo hay una voluntad de querer corregir los defectos de esa sociedad. Por eso «El coloquio de los perros» es tan actual, porque la condición humana del siglo XVII al XXI es la misma. Aunque tecnológicamente no haya color, lo que es el hombre en sí no ha cambiado tanto.

-¿Qué supone participar en el aniversario del Teatro Principal?

-Es un lujo, un privilegio y una suerte porque el Principal, que conocí el año pasado, es una bombonera. Es un espacio precioso y que siga vivo y dinámico en estos tiempos actuales es como clavar una pica en Flandes, una auténtica maravilla.