Las obras de consolidación de la estructura de la iglesia de San Antolín y la esmerada recuperación del retablo barroco que luce el altar mayor -el más importante de la ciudad- hacían aconsejable la apertura de puertas de un templo que no estaba incluido en el programa regular de visitas, tal y como llegó a demandar el párroco responsable de San Vicente, José Álvarez. La incorporación al plan de monumentos llega ahora, aunque por iniciativa de los miembros de la Cofradía de la Concha y por tiempo limitado: viernes y sábados por la tarde durante los meses de julio y agosto, de 18.00 a 20.30 horas.

La colaboración del Obispado con la hermandad ha permitido igualmente la edición de trípticos que constatan los datos históricos más relevantes de este templo, erigido en el siglo XII y que «ha sabido conservar el calor de la religiosidad popular» por su vinculación a la patrona y que perdió la categoría de parroquia a finales del siglo XIX para quedar vinculada a San Vicente hasta hoy. Quizá las sucesivas transformaciones se llevaron la traza románica de uno de los templos más antiguos de la ciudad, que conserva casi toda su impronta medieval en la cabecera.

Pese a estar cerrada al culto durante los últimos años -o precisamente por ello- el programa Zamora Románica apostó por la recuperación del edificio, lastrado por los males estructurales de la cubierta y de la espadaña. La consolidación de este característico elemento y la solución a las permanentes humedades sirvieron de prólogo a la restauración del notable retablo mayor. La Junta de Castilla y León accedió a financiar la intervención tras recibir la alerta de la Delegación de Patrimonio del Obispado. La falta de mantenimiento, el humo de los cirios y el incendio sufrido años atrás hacían casi invisible la estructura del siglo XVI diseñada por Juan Falcote y ejecutada por Alonso de Tejerina.

El desmontaje del retablo permitió estudiar la reforma llevada a cabo en el siglo XVIII, que modificó el orden de las pinturas -y de las escenas representadas- además de añadir elementos clásicos del incipiente estilo barroco de la época. También dio la oportunidad de apreciar las notables creaciones atribuidas da Alonso de Aguilar, referidas a los momentos del Nacimiento, Asunción, Oración en Getsemaní, Resurrección o el propio martirio de san Antolín, decapitado tras pasar por una olla de aceite hirviendo.

Aunque es el elemento más interesante, el visitante podrá atender otros argumentos artísticos. Entre ellos, la pintura atribuida a Antonio Hernández que relata, precisamente, la llegada de la Virgen de la Concha a Zamora y su juramento como patrona en el año 1.100. La otra pintura, atribuida al mismo autor, refleja el momento del hallazgo de la primitiva imagen y el traslado a Palencia, inspirándose -apuntan los expertos- la procesión del Corpus del siglo XVII para representar el cortejo oficial.

Los visitantes hallarán, no obstante, todos estos datos en el tríptico informativo que le entregarán a la entrada. La Concha asume esta labor -dentro de la iniciativa para poner en valor el templo- para «compartir el legado patrimonial e histórico» clave en la evolución de la cofradía zamorana.