María Redondo acaba de aterrizar desde Haití tras seis meses de trabajo voluntario. Su intención no es narrar su experiencia personal, sino tratar de explicar cuál es la situación de los niños haitianos que viven en la extrema pobreza, muchos de ellos en la calle, a los que su asociación trata de ayudar.

-¿Cuál es la situación de los niños que viven en su asociación?

-La mayoría de los niños que tenemos vienen de vivir en la calle, en situaciones de riesgo, expuestos a todo tipo de violencias físicas, agresiones sexuales, como esclavos muchos de ellos... Es una situación muy complicada. Son niños que nunca han tenido nada y se merecen una oportunidad de salir adelante. Lo que procuramos es que salgan de la extremada pobreza y para ello intentamos ofrecerles todo lo que podemos.

-¿Con cuántos niños trabajan en Haití?

-Ahora tenemos 30 niños internos viviendo con nosotros y relación con otros 15 a los que cubrimos asistencia médica y alimentación. De hecho, muchos vecinos vienen también a comer a casa, porque la situación es muy complicada allí.

-¿Qué les hace falta a estos niños haitianos para mejorar sus condiciones de vida?

-Lo que más urge es mano de obra cualificada. Los niños que nosotros acogemos tienen numerosos problemas por la vida que les han obligado a llevar, la mayoría de ellos vienen de la calle y necesitan un tratamiento psicológico que nosotros no les podemos dar de manera profesional. Lo cierto es que son auténticos supervivientes por las situaciones que han tenido que vivir.

-¿Cómo se encuentra el tema sanitario para las personas acogidas?

-Complicado. En la zona donde trabajamos, el único hospital que hay es público pero de gestión privada. Es decir, están cobrando por dar a luz o por las consultas, por ejemplo. Entonces, las personas de nacionalidad haitiana lo que hacen es cruzar la frontera e ir al hospital de Pedernales, que se encuentra en República Dominicana. A la asociación nos llegan muchos casos de gente que se encuentra fatal y vienen a nosotros porque somos lo único que tienen, pero claro, nos hacen falta más médicos voluntarios.

-¿Cuentan con suficientes apoyos y fondos para desarrollar su labor humanitaria?

-Se hace muy complicado porque no pertenecemos a ninguna organización. Es decir, somos nosotros, sin ningún tipo de ayuda. Así que tenemos que buscarnos la vida como podemos.

-¿Y cómo lo hacen?

-Aquí en Zamora, por ejemplo, unos amigos organizaron un concierto y lo recaudado nos lo enviaron. Una de las fundadoras, que es de Santander, hace lo mismo. Mucha gente nos da donativos que, aunque pequeños, pueden ser un mundo para los niños. Cualquier ayuda es buena. Como no tenemos una infraestructura muy sólida en este aspecto, todo lo realizamos de este modo, casi a título individual. Así vamos consiguiendo el apoyo económico necesario para que los niños puedan tener unas condiciones dignas.

-¿Qué hay de esa asociación?

-La asociación se llama «Ayitimoun Yo» y nació hace 20 meses, de la mano de una chica española y un chico francés que fueron a Haití para colaborar y ayudar en un proyecto de reforestación. A día de hoy estamos establecidos en la frontera entre República Dominicana y Haití, en uno de los puntos fronterizos legales que hay al sur.

-De acudir a reforestar, a fundar una asociación. ¿Cómo fue ese paso?

-En la visita que ellos hicieron para reforestar se encontraron con cinco niños que vivían en la calle, en el lado dominicano. Estuvieron investigando junto a otras asociaciones y organizaciones locales que formaban parte del estado para ver quién debería hacerse cargo de estos niños y nadie quiso saber del tema. Evidentemente no podían marcharse de allí y dejar a los niños en la calle, así que alquilaron una casa en el lado de Haití, al otro lado de la frontera, y fundaron la organización.

-¿De cuánta gente disponen para trabajar?

-Hay 16 trabajadores locales, de los que cobran sueldo. Existen también los voluntarios fijos, que son los dos fundadores y yo, en cuanto tenga la oportunidad de volver, y el resto que van y vienen. También hay gente que va a otra cosa, les llama la atención y se quedan. Ha ocurrido que gente que acudió a Haití a otras labores, conocieron «Ayitimoun Yo» y este año han vuelto para ser voluntarios con nosotros.

-Y usted, ¿cómo llegó hasta Haití?

-Siempre quise ir de voluntaria a ayudar donde me necesitaran. Soy maestra de vocación y también voluntaria de vocación. Los dos últimos años estuve investigando mucho para colaborar en un país en vías de desarrollo y fue muy complicado encontrar un lugar donde necesitaran mi ayuda, porque yo no soy doctora, ni soy enfermera, ni tengo dinero, ni soy religiosa, que son los «handicaps» que funcionan para esto. Al final, de entre los cientos de correos electrónicos que había enviado, me contestó una chica española que estaba en Haití, hablé con ella por teléfono y decidí irme para allí a realizar lo que siempre quise.

-¿Por cuánto tiempo?

-Estuve seis meses. Acabo de llegar a España y mi intención es hacer también trabajo desde aquí. Es decir, dar a conocer el proyecto y recaudar dinero para estos niños que realmente lo necesitan.

-Volverá.

-Por supuesto. Estoy muy comprometida con el proyecto y mi intención es volver cuando recaude todo lo necesario para los niños. La situación no puede ser más real, son niños que lo necesitan y no debemos dejarlos en la calle.

Zamora, 1986

María Redondo es Diplomada en Educación Infantil y Primaria por le Universidad de Salamanca en el Campus de Zamora. Tras terminar la carrera universitaria, esta joven zamorana comenzó un periplo por diferentes partes del mundo que le ha llevado desde los Estados Unidos hasta Australia. A finales del año pasado, recibió una oferta de trabajo voluntario en Haití que no pudo rechazar. Su vocación, aparte de la de maestra, siempre fue la de ayudar a los demás. Y ahora, por fin, ha conseguido su propósito.