Desde hace unas semanas la ciudad cuenta con un museo más, el Diocesano, uno de los proyectos más anhelados por el Obispado de Zamora.

-¿Cómo se gesta la iniciativa del Museo Diocesano?

-Casi todas las diócesis tienen un museo diocesano, muchas veces unido al catedralicio. Había obras artísticas depositadas en el Obispado que tenían que ser expuestas al público y conservadas de la mejor manera posible. Siempre ha estado en el pensamiento de los obispos y de este delegado hacer un Museo Diocesano en Zamora.

-¿Cuál fue el detonante para que comenzara a materializarse?

-Llegó una donación testamentaria de una persona que quería que se destinara una importante cantidad económica a la puesta en marcha de un museo de la Diócesis.

-El Obispado eligió como sede Santo Tomé, ¿por qué?

-Teníamos un templo cerrado al culto, Santo Tomé, que tiene importancia dentro del panorama de edificios románicos. Se trata de una iglesia con una bella cabecera, unos excelentes capiteles, y que ha sido restaurada. ¡No podíamos dejarla nuevamente cerrada!

-¿Sopesaron ubicarlo en otro lugar como el antiguo convento de las Concepcionistas?

-No, siempre pensamos en la iglesia Santo Tomé, aunque es un riesgo porque es un templo que se encuentra fuera de los circuitos de turismo, pero esto sucede en otras muchas ciudades donde si se quiere ver museos e iglesias hay que ir de un lugar a otro.

-El patrimonio artístico de la Diócesis es muy amplio y las dimensiones de Santo Tomé reducidas. ¿Qué criterio se siguió para la selección de las piezas?

-Un museo eclesiástico no es como uno civil. En un espacio museístico civil se pueden presentar las obras con un criterio determinado de cronología, de autor, de estilo o bien de técnicas. Sin embargo en uno eclesiástico se muestran obras artísticas que tienen un argumento y que pertenecen a la liturgia de la Iglesia o bien a la devoción de los fieles. En Santo Tomé se exhiben piezas de importancia, pero que están al servicio de un mensaje. Entre las piezas figuran algunas que desde hace años estaban custodiadas en el Obispado, otras las hemos recibido de comunidades religiosas que se han disuelto, otras proceden de parroquias donde no estaban fuera del culto o que era muy reducido y otras donadas por particulares.

-Santo Tomé acoge 134 piezas. ¿Se han quedado fuera muchas obras?

-Sí. La idea es mantener los fondos permanentes, lo que variará será la muestra temporal. En estos momentos tenemos una serie mariana de Francisco Antolinez, seis lienzos, y tras Navidad la cambiaremos, lo que hará que se renueven los fondos del museo y las visitas. Por otro lado hay obras interesantes que se mostrarán en sucesivas temporales, dado que es un museo donde no entran más piezas. A alguno le puede llamar la atención que haya un Gregorio Fernández o piezas de Pedro de Mena al lado de obras de Ramón Álvarez. Entre los elementos más importantes destacan una Inmaculada de Gregorio Fernández, que estaba en las Concepcionistas, y los dos bustos de Pedro de Mena, que procedían de las Concepcionistas y que se han mostrado en el Catedralicio. La selección de los elementos expositivos ha sido previa a la elección del marco y los hemos acomodado al espacio del que disponíamos teniendo muy presente la iluminación.

-¿Se barajó trasladar los tapices al Diocesano?

-No. El Catedralicio depende del Cabildo y el Diocesano del Obispado. Los propietarios son instituciones distintas dentro de la Iglesia. Los tapices pertenecen al Cabido y no tiene razón de ser que se trasladen a no ser que Diocesano y Catedralicio se unieran en una sola entidad, como sucede en otras diócesis.

-¿Se han barajado esa posibilidad, dado que usted dirige ambos?

-No. La fusión se descarta porque no tenemos un espacio en común. Cada uno tiene tantas piezas que tienen por sí mismos una entidad propia, aunque lo que sí va a existir es una estrecha colaboración. Por el momento estamos facilitando información del Diocesano en el Catedralicio y viceversa. En un futuro trataremos la posibilidad de hacer una entrada conjunta, pero no sabemos cuándo se podrán en marcha.

-Esa labor ¿se ha traducido en más visitantes?

-Realmente no sé. Ha bajado el nivel de visitantes a la Catedral y al Catedralicio en los últimos meses por la situación económica. En cuanto al Diocesano todavía no se ha llevado a cabo una difusión masiva y estamos pendientes de la puesta en marcha de una página web, pero ya hemos recibido visitas desde fuera de la provincia gracias a la divulgación de información por la red.

-¿El Diocesano tiene fuerza para ser un revulsivo del turismo?

-Sin ninguna duda, el Museo Diocesano tiene fuerza para impulsar el turismo y pretendemos que cada una de las entidades de la Diócesis lo tome como suyo. Queremos que lo comiencen a visitar las parroquias con los niños de catequesis y equipos litúrgicos. Quienes estén interesados deben ponerse en contacto con el Museo y se planificará día y hora. Es un servicio que la Iglesia brinda a sus miembros y a los ciudadanos para que disfruten del arte y que para capten, si desean hacerlo, el mensaje de fe que contienen las imágenes.

-El Museo Diocesano está en La Horta, apartado del centro, ¿han tomado medidas adicionales de seguridad?

-Un museo debe tener sus medidas de seguridad y las hemos adoptado, independientemente de su ubicación. Ni tan siquiera la seguridad del Catedralicio se reforzó a raíz del robo del Códice Calixtino. Siempre hemos tenido medidas contra el fuego y el robo con cámaras de grabación.

Zamora, 1960

Su vocación por el arte sacro comenzó en Bachillerato de la mano de la profesora María Dolores Gómez. Tras realizar la licenciatura de Estudios Eclesiásticos en la Pontificia de Salamanca se ordenó sacerdote en 1990 y cursó la licenciatura Historia del Arte en la Universidad de Salamanca. Su memoria de licenciatura versó sobre la platería foránea en el arciprestazgo de Sayago, estudio que contó con una beca del Instituto de Estudios Zamoranos «Florián de Ocampo», institución que también le ha apoyado en múltiples investigaciones científicas. Es párroco de San Frontis y cura encargado de Carrascal. Desde el año 1995 ocupa el cargo de delegado diocesano para el Patrimonio y la Cultura. Un año más tarde le nombraron director del archivo y de la biblioteca diocesana así como miembro de la comisión mixta Obispos-Junta de Castilla y León. Es canónigo del Cabildo de la Catedral con cargo de archivero y director del Museo Catedralicio desde 2008 y el obispo, Gregorio Martínez Sacristán, le ha encomendado la dirección del Museo Diocesano.

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