16 de julio de 2012
16.07.2012

Una operación que marcó época

El traslado de San Pedro de la Nave, dirigido por Gómez Moreno y Ferrant en los años treinta, supuso un ejemplo de protección frente al expolio y la venta de bienes

16.07.2012 | 21:14

Manuel Gómez Moreno (1870-1970) facilitó con la elaboración del «Catálogo Monumental de Zamora» la protección del patrimonio en una época en la que ventas y expolios fueron culpables de la pérdida de innumerables piezas artísticas. «Fue el Menéndez Pidal de la historia», lo califica el profesor Miguel Ángel Mateos, que llegó a conocer en persona al longevo historiador que vivió 101 años. Elaboró junto a su mujer el catálogo de Zamora en 1904 y fue publicado en 1927. Sus análisis facilitaron la declaración de monumento nacional para San Pedro de la Nave en 1912.

En plena «fiebre» de los americanos por el patrimonio europeo, motivo de un constante ir y venir de obras de arte, hay un caso en la provincia que abre una nueva época: la protección de un bien frente al olvido y el expolio. Es el caso de la iglesia de San Pedro de la Nave, uno de los escasos ejemplos del estilo visigodo de toda la península. Años después de ser declarada monumento nacional -abril de 1912- la Sociedad Saltos del Duero inicia los preparativos del edificio para poder ejecutar la construcción del embalse de Ricobayo (1930). Tras una intensa polémica sobre el destino del templo, el arquitecto conservador de zona Alejandro Ferrant emprende los trabajos de un traslado que los historiadores de hoy coinciden en calificar de «ejemplar». San Pedro de la Nave sentó cátedra en el ámbito de la protección del patrimonio, precisamente por el carácter multidisciplinar del que tanto el historiador Manuel Gómez Moreno como el arquitecto Ferrant imprimieron a la ejecución de los trabajos.


Sin duda, la iniciativa a principios de siglo pasado de realizar un catálogo monumental con los bienes de todo el país fue decisivo para la protección de un patrimonio que desde finales de la centuria anterior corría serio peligro. «En 1900 sale un decreto en el que se aprueba la redacción del catálogo monumental de la nación y se encarga a personajes variopintos, algunos de ellos no habían escrito una palabra sobre arte, pero Gómez Moreno era un hombre preparado, tenía una enorme sensibilidad y un gran ojo clínico», explica el historiador Sergio Pérez.


En efecto, tras los catálogos de Ávila y León, Gómez Moreno inicia el estudio de Zamora que todavía hoy es la base de múltiples investigaciones. Un proyecto reciente del Ministerio de Cultura ha procurado la digitalización del catálogo que el historiador redacta junto a su mujer en 1904. El volumen vería la luz en 1927 mientras otras investigaciones dormirían un largo sueño en un cajón sin llegar a publicarse.


Precisamente, la iglesia de San Pedro de la Nave es uno de los bienes que aparecen en el inicio del catálogo junto a la Catedral de Zamora o al monasterio de Santa Marta de Tera. Es Gómez Moreno quien sitúa el origen del edificio entre los siglos VII y VIII y habla, por vez primera, de su impronta visigótica: «Toda la iglesia de San Pedro de la Nave rezuma reminiscencias clásicas del arte tardorromano y paleocristiano», dice, sin observar estos elementos en ninguno de los edificios del entorno.


El informe del historiador y su reputación llevan al prestigioso arqueólogo José Ramón Mélida a presentar un «esclarecedor informe» sobre la iglesia para que sea declarada monumento nacional. Es el político zamorano Santiago Alba Bonifaz quien accede a esa protección el 22 de abril de 1912 como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, recuerda el profesor Miguel Ángel Mateos en el libro monográfico que fue editado en los años ochenta con motivo del cincuentenario del traslado.


«Aquella fue una labor ejemplar», apunta Florián Ferrero, director del Archivo Histórico Provincial, quien habla de los modernos criterios utilizados, entre ellos, la «numeración» de cada una de las piedras que habrían de trasladarse en pueblo del Campillo, marcas que todavía hoy se perciben.


El propio Sergio Pérez, historiador de Zamora Románica, compara la labor de Gómez Moreno con las restauraciones que el programa cultural realiza en la actualidad, ya en el siglo XXI. «Sienta un precedente muy importante de un trabajo multidisciplinar, diferente a lo que hacemos hoy, pero en la misma línea y que quedó plasmado en San Pedro de la Nave, La Magdalena o San Martín de Castañeda», apunta.


Claro que el traslado fue ejecutado por el arquitecto Alejandro Ferrant en una época en la que «escaseaba la literatura sobre el arte», apunta Pérez. Ferrant acomete la delicada empresa tras una cerrada polémica por el destino final de la iglesia visigoda.


Políticos de Zamora eran partidarios de situarlo en la capital e idean varios emplazamientos: el Castillo, la explanada de la Catedral o incluso la avenida de Requejo. Sin embargo, la idea contestada por el Obispado se quedó en un espejismo cuando el alcalde de San Pedro de la Nave, Anselmo Santos, reclamó el derecho de sus vecinos a decidir, ya que serían ellos quienes sufrirían «las duras contrariedades de la inundación» por la construcción del embalse. «Son los vecinos de San Pedro de la Nave y de El Campillo quienes tienen derecho a conservar ese templo», zanjó en el «Heraldo de Zamora». El templo luce en plenitud ocho décadas más tarde.

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