20 de abril de 2012
20.04.2012

Lucha histórica por la Ermita del Cristo

Historia de un pleito entre Zamora y Morales que busca dilucidar a qué municipio pertenece el terreno donde se construye la ermita del Cristo, al hallarse precisamente en el límite de ambos

20.04.2012 | 12:45
Lucha histórica por la Ermita del Cristo

Hasta comienzos del pasado s. XX todo aquel zamorano que se situase al otro lado del puente de piedra; además de hermosa panorámica de la vieja ciudad, vería en primer término la no menos bella Torre de La Gobierna, con amplio y pétreo escudo en la fachada sur, el cual hoy vemos incrustado en muro de ladrillo, adornando los jardines del Castillo.

Una estrecha escalera conducía a la parte superior de la torre, donde pequeño oratorio acogía a la diminuta imagen de la Virgen de La Guía, protectora de caminantes. Sin poder indicar fecha concreta, puede asegurarse que dicha imagen fue retirada de aquel lugar antes de mediar el s. XIX, originándose polémica entre vecinos de Cabañales y Sepulcro; aquellos para alojarla en el Convento de las Dueñas; no pudiendo llevar a cabo tal pretensión por ser lugar de clausura. Este pudo ser el motivo por el cual finalmente el barrio del Sepulcro recibió la Virgen. En cuanto al porqué de su traslado, parece ser que por motivos de seguridad; ya que la Torre de la Gobierna era la única puerta por donde se accedía a Zamora desde el otro lado del río.

En cuanto a la fecha de fundación de la actual Cofradía, parece ser fue después del traslado de la imagen al barrio del Sepulcro, es decir, en la segunda mitad del s. XIX; comenzando así a llevarla en procesión hasta su antigua morada en la hoy desaparecida Torre; y siempre acompañada por el tradicional sonido de gaita y tamboril. En el año 1925 fue aprobado su actual reglamento; el día 7 de marzo de 1981 sus estatutos por el obispo don Eduardo Poveda, siendo presidente de la cofradía don Alfonso Carbajal, el popular «Calero». El 24 de abril de 1987, el rey don Juan Carlos I concedió el nombramiento de Real Cofradía a esta de la Virgen de la Guía, tantas veces paseada en procesión por aquellos zamoranos en aquellos tiempos agricultores y ganaderos. Tal veneración se tradujo más de una vez en celebraciones fuera de los días habituales que marca la tradición, siendo uno de los motivos las pertinaces sequías, causa por la que organizaban rogativas, sacando a la Virgen en procesión.

Cambiando de tradición y bajando por calle San Torcuato, esquina con calle del Riego, en dicho lugar, hasta mediado el pasado s. XX estaba el pétreo hospital de Sotelo, conocido popularmente como «hospital de mujeres». Tan hermoso edificio, cuya bella portada podemos ver en viejas fotografías, además poseía una iglesia, bajo la advocación de la Divina Pastora. Hasta finales del s. XIX era tradición en la ciudad, que después de un novenario, el día de dicha santa saliese procesión con un «paso» cuya imagen iba junto a un pequeño árbol adornado con flores y naranjas. Acompañaban dicho desfile niños y niñas vestidos de pastorcillos: Ellos con un corderito de juguete a la espalda, y sombrero de paja; ellas también con sombrero, pero adornado con flores. Tanto ellas como ellos, todos llevaban agarrado de la mano su correspondiente cayado, procesionando por las calles cercanas donde estaba situado citado Hospital de Sotelo.

En el Mayo zamorano no podía faltar el festivo día del Cristo de Morales: según antigua tradición conservada por el pueblo, que habiendo venido a la ciudad unos vecinos para satisfacer un foro de trigo, vieron en la panera del receptor, entre otras viejas imágenes, la del Cristo Crucificado, que compraron y cargaron en el carro, volviendo con ella a Morales. Cuando llegaban al lugar donde está la ermita (entonces no existía), la pareja de bueyes se negó a seguir tirando del carro por más que lo aligeraron de carga, entre ella la imagen del Cristo. Esto fue considerado como un mandato de la providencia, motivo por el que hicieron dicha ermita en citado lugar.

Parece ser que los vecinos de la ciudad y del pueblo de Morales sostuvieron pleito sobre a quien de los dos pertenecía el terreno por hallarse precisamente en el límite; así que decidieron plantar un árbol a cada lado y que el templo quedase en medio. Uno de esos árboles todavía perduraba junto a la puerta de entrada cuando el pasado s. XX comenzaba su segunda mitad, aunque muy viejo y achacoso.

Como curiosidad referente a citada tradición, en la guerra contra los franceses, a causa de los desperfectos que estos causaron en el templo, el Cristo fue llevado al pueblo, celebrando allí la Romería desde el año 1811 hasta 1819.

Esta fue la breve crónica de aquel festivo día 9 de mayo de 1897: «En la romería del Cristo de Morales, mucha luz, mucha animación, mucho baile, jóvenes alegres bulliciosas y bellas, luciendo galas y donaire en sus danzas; murgas, manubrios, dulzainas, ruido ensordecedor, y sobre todo esto un espeso manto de polvo irrespirable. Los columpios sin parar; los caballos del tiovivo desbocados todo el día».

Crónica del año 1914: «Gran animación en la pradera, amenizada por melódicos bailes interpretados por la brillante banda de música de Corrales; reinando la alegría característica de este festivo día de juerguecitas, que aún añejas, viven y vivirán para solaz y recreo de la juventud. Los dueños de los carruajes hicieron su agosto, así que, si son agradecidos bendecirán al Cristo, por que el negocio resultó más que regular».

En la Guerra de la Independencia debido a los desperfectos causados al templo, el Cristo fue llevado al pueblo, celebrando allí la romería de 1811 a 1819

Resulta curioso leer ahora la crónica de aquel 9 de mayo de 1931, cuando el nuevo régimen republicano todavía no había cumplido un mes de vida; decía así: «El tiempo verdaderamente espléndido que disfrutamos; y la devoción, nunca desmentida, que los hijos de Zamora profesamos a la venerada imagen del Cristo de Morales, fueron causa de que la tradicional romería se viera concurridísima durante todo el día, reinando extraordinaria animación, a la que sin duda contribuyeron también las grandes facilidades que se ofrecieron a los romeros para trasladarse a la ermita; pues desde primeras horas de la mañana circularon para el servicio público numerosos automóviles que al progresar de los tiempos han venido a sustituir a aquellos, más o menos molestos, pero de feliz recordación para el viejo zamorano; aquellos coches de caballos graciosamente enjaezados y más que hábilmente dirigidos por los inolvidables típicos de la tralla Ricardo Pintas y Poco Fraile. En la pradera, ni un solo momento decayó la animación. En todos los bailes, las chicas netamente zamoranas y las de los pueblos comarcanos, se "jartaron" de bailar y pasar unas horas más que deliciosas, acaramelándose con nuestros más distinguidos pollitos, imagen fiel entre la última hornada de la fallecida clase aristocrática y la recién nacida juventud democrática. Las casetas agotaron comestible y bebestibles».

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