18 de febrero de 2012
18.02.2012
La Opinión de Zamora

El martirio de san Antolín sale a la luz

La recuperación del retablo mayor de la iglesia románica de La Lana permite observar la maestría de sus pinturas, obra de artistas toresanos

18.02.2012 | 20:57
Óscar Morales señala la imagen del santo en una de las pinturas del retablo.

La paciencia de los restauradores ha empujado a san Antolín a revivir el martirio en la iglesia románica que lleva su nombre en el barrio de La Lana. Retirada la suciedad acumulada con el paso de los siglos, el retablo mayor recrea con viveza el baño de aceite hirviendo que recibió el patrón palentino y la amenaza del filo de la espada que partiría en dos su cuerpo ante su irrenunciable defensa de la fe cristiana. Y es que los trabajos de recuperación que lleva a cabo el plan «Zamora Románica» en el interior del templo han desnudado la maestría de uno de los múltiples artistas criados en la escuela toresana de pintura, posiblemente Alonso de Aguilar, que recreó las escenas de san Antolín camino de los altares.
Gracias al programa de visitas gratuitas, son ya decenas de zamoranos los que conocen el trabajo que Ana García y Oscar Morales realizan con el retablo para devolverlo a su estado original. La reforma barroca de la obra en el siglo XVII dio origen a ciertos problemas estructurales que han motivado el desmontaje de todos los elementos de la mazonería —arquitectura del retablo— para recuperar las nueve tablas con una iconografía compartida por san Antolín y la vida del propio Jesús. Aquel cambio sobre la pieza original renacentista eliminó la calle central y mudó de posición las escenas bíblicas que componían los dos primeros cuerpos del retablo, aunque dejó indemne el tercero, la parte más alta, en exclusiva para el santo.
Con las piezas desmontadas, los restauradores recuerdan que el primero de los tres cuerpos narra la Natividad de Jesús y la Asunción de la Virgen, mientras las dos tablas que de la zona central son sendas escenas de la Pasión: la Oración del Huerto y la Resurrección. Entre estas pinturas y las del martirio de san Antolín existen notables diferencias que hacen pensar a los expertos en «dos manos diferentes» tras su autoría.

La reforma barroca del siglo XVII cambió el orden de las tablas, pero mantuvo al santo en la zona más elevada

«Hemos apreciado diferencias, sobre todo, en la calidad de los paisajes y de los rostros, así como en la estructura espacial», explica Oscar Morales con la paleta de pinturas y el pincel en las manos. En efecto, la secuencia del martirio descubre unos cuidados paisajes en segundo plano, con una extraordinaria riqueza en los ropajes y las expresiones faciales de los protagonistas.
Viajando en el tiempo, sabemos que aquellos artistas unían varios listones de madera con un travesaño mediante clavos y «daban una preparación de estuco en la superficie para pintar después al óleo», explica Morales. Un barniz protegería la composición durante siglos. De ahí que los óleos rescatados por los técnicos «se encuentran en muy buen estado», una vez retirada la suciedad y los barnices con disolventes específicos. Donde hay «lagunas» o grandes espacios sin pintura, Oscar Morales aplica «un estuco para dejar a nivel» la superficie. A continuación viene la parte más delicada, la reintegración «a regatino». Es una técnica italiana que consiste en pintar líneas verticales muy juntas para completar la escena, de modo que si el observador se acerca aprecie que esa zona no es original, sino restaurada. Un nuevo barniz blindará la composición para otros tantos siglos.
Mientras, en la nave central de la iglesia de San Antolín, su compañera Ana García recompone con paciencia los volúmenes dañados de las piezas que forman la mazonería, la estructura que sostiene las tablas pintadas. Son frisos, columnas y pilastras que «muestran la decoración propia renacentista, con los clásicos angelitos», explica la restauradora. Piezas de madera pintadas en el XVI con «pan de oro de muy buena calidad» y «repintadas» un siglo más tarde con un material más pobre. Oscurecido por el paso del tiempo, Ana García trata de «limpiar» y «recuperar» la materia primigenia y, de paso, su brillo.
Una vez limpiadas y restauradas, tanto las piezas como las pinturas serán colocadas sobre una nueva estructura de madera, que acomodará la obra al muro del altar mayor. Será entonces cuando san Antolín esté listo para recuperar el sitio que le corresponde en su templo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Consulta tus temas de interés

Temas

Ahora podrás consultar todas las noticias de tu equipo, de tus personajes favoritos, de las series de moda... de un vistazo a través de los tags

Neomotor

Toda la información sobre el mundo del motor

Conoce las últimas tendencias y las novedades en coches, motos y la industria automovilística.