La defensa del propietario de «El Elefante de Oro» presentó ayer a dos testigos, dos hombres asiduos del club cuando fue intervenido por la policía en noviembre de 2007, más que clientes de dos de las prostitutas denunciantes, para tratar de desmontar las acusaciones que estas hicieron contra Ángel E.P., su esposa y el hijo de ambos. Los dos varones, frente a la rigurosa «vigilancia» a la que las dos mujeres y cuñadas afirmaron estar sometidas en el local por la dueña y las meretrices «más veteranas para impedir que dejaran el hostal», y sobre el obligado pago de los servicios «en caja» -al club- y no a las trabajadoras, ofrecieron una versión totalmente contraria.

Ellas «salían y entraban cuando querían» y lo hacían «por la puerta principal, que estaba abierta» cuando funcionaba «El Elefante» o «por la de servicio» cuando estaba cerrado al público. «No había limitaciones» de horario para permanecer fuera del local «ni para regresar al trabajo», como denunciaron, siempre según estos testigos, uno de ellos alcalde de un municipio de la provincia y el otro un joven albañil.

En las horas de cierre, salvo entre las seis y las ocho de la mañana, «la puerta de servicio» permanecía «sin cerrar continuamente» porque a través de ella el establecimiento recibía a los proveedores del hostal, indicó el empleado de mantenimiento de «El Elefante», que también detalló el buen ambiente que había entre empleadas y dueños del establecimiento de alterne. En cuanto a la disponibilidad económica de sus amigas, los dos varones dijeron no haber detectado ningún problema: Ellas tenían su propio «dinero para comprar» y para divertirse fuera, «cuando tomábamos copas» en Zamora u otros lugares, «algunas las pagaba ella», la testigo conocida con el nombre profesional de «Diana», indicó el regidor.

El otro varón relató haber acompañado a otra denunciante, apodada «Pamela», a un establecimiento «para enviar dinero a su madre» a Argentina. Se trata de la tercera testigo protegida, cuyo paradero figuraba como desconocido hasta ayer, cuando el abogado del dueño de «El Elefante» precisó que se halla trabajando en un club de alterne de la carretera de Palencia-Valladolid, en «La Casona», El presidente de la Audiencia, Luis Brualla, ordenó su busca y captura inmediata para testificar hoy. Esta mujer «ya ejercía» en su país de origen, según le habría contado al joven con quien llegó a tener tal confianza que visitó el domicilio que compartía con sus padres.

Los dos amigos de las denunciantes pagaban los servicios «en las habitaciones» y entregaban «directamente a las prostitutas»: 36 euros por cada pase. Las dos denunciantes afirmaron que «seis euros» eran para ellas, «15 para «El Elefante» y otros tantos para los captores de Argentina». Su trabajo -declararon en sus comparecencias grabadas ante la juez de Instrucción, el fiscal y los abogados de la defensa, y escuchadas ayer en el juicio- les habría reportado entre 10.000 y 18.000 euros mientras trabajaron en el local de Coreses, pero no llegaron a percibir «nada en los primeros meses», si bien se negaron a concretar por cuánto tiempo se prolongó esa situación.

Los dos varones negaron haber visto «ningún sistema de tickets» para abonar consumiciones en la barra y «pases en caja», ni observado control sobre la actividad de las chicas por parte de Ángel; su esposa, M.J.R.M.; su hijo, O.P.R.; una camarera, las otras tres prostitutas imputadas o el taxista de Coreses que «sólo» realizaba viajes y encargos para las huéspedes de «El Elefante» porque «era el único taxista del pueblo», indicaron denunciantes y testigos de la defensa, ex trabajadoras y empleados del club de alterne.

Respecto del trato que recibían las chicas, lejos del ambiente coactivo y de exigencia expuesto por las denunciantes -«si uno se pasaba del tiempo con los clientes, tenía que pagar una multa»- , describieron un entorno de normalidad. «No vi nada raro», indicó el amigo de «Diana», a quien conoció en 2004 y que «nunca me comentó que la obligaran a ejercer» la prostitución. Fue el mismo hombre que la ayudó a salir de «El Elefante», el alcalde, «con él sabía que podía irme», dijo.