Celia Gabarri es gitana, la quinta hija de seis hermanos. Nacida en una familia de padres dedicados al negocio de la chatarra y la venta ambulante, Celia también es licenciada en Educación Social por la Universidad de Salamanca y en Antropología por la Uned, y esas son dos historias, de vida humilde y futuro brillante, perfectamente compatibles. Así lo demuestra con orgullo esta palentina que ha impartido en el colegio zamorano de La Villarina la conferencia «Mujeres gitanas en el siglo XXI. Otras miradas», dentro de las terceras Jornadas Familia-Escuela que desarrolla estos días el centro educativo.

«Era la única gitana de mi entorno que quería estudiar, me decían que me estaba "apayando", y por el otro lado, en el instituto y en la universidad, también tenía que explicar y defender mi cultura, porque era la única gitana entre mis compañeros», explica la educadora social. «Ha resultado un camino duro, pero ha merecido la pena. Ahora las personas de mi entorno, que miraban mis pasos con recelo, están encantadas, y son muchas las gitanas de mi edad las que me dicen que quieren que sus hijas estudien, me animan y me piden ayuda», señala Gabarri. Y es que el reto y la ilusión de Celia es que la comunidad gitana se adapte a los nuevos tiempos, «que no se quede estática, porque una cultura que no se mueve se muere, porque eso no está reñido con ser gitano, ni significa dejar de lado las tradiciones. Si yo conociera otra manera de integración y de promoción integral lo diría, pero hoy por hoy la educación y la formación es la única, y con ellas se puede llegar a muchos sitios», asegura Celia Gabarri, que busca, trasladando su experiencia, que otros gitanos sigan sus pasos, «no tiene por qué ser una formación universitaria, cualquiera es válida, peluquería, fontanería... pero siempre hay que tener lo mínimo que es la ESO, porque si no no se llega a nada».

La adaptación de la educación a las tradiciones de la comunidad gitana es algo que Gabarri pondera con delicadeza, «adaptar la educación no es pintar el colegio con lunares, ni hablar de mercadillos en las sumas y restas, pero sí tiene que haber un proceso de adaptación y no decir que no sirves desde el principio, sino buscar más la motivación, porque eso engancha», asegura.

Que esta mujer gitana pueda mirar ahora, con 31 años, su vida con perspectiva y con orgullo, no significa que no haya tenido que trabajarse sus éxitos, y convencer a su familia de que su apuesta por estudiar era al caballo ganador. «Lo mío fue un proceso de aprendizaje. Todo lo que supone un cambio asusta, pero aunque mis padres nunca se han opuesto a que estudie, siempre he intentado negociar para que fuera lo menos brusco posible, y si iba al bachillerato nocturno y mi padre quería venir a buscarme los primeros días, yo lo permitía. Y en cuanto mi trabajo en el secretariado gitano me empezó a suponer muchos viajes, al primero me acompañó mi padre para que viese que no pasaba nada. Esos procesos de aprendizaje paso a paso son muy importantes», explica.

La integración de la comunidad gitana en un colegio como el de «La Villarina», con un 95% de los alumnos de esta etnia, es complicada, porque «¿con quién se van a integrar?», se pregunta el director del centro educativo zamorano, Juan Ramón García, aunque en el día a día los logros son palpables y alentadores. «Se ha empezado a hablar de integración en las aulas con la llegada de los inmigrantes, que me parece perfecto, pero la comunidad gitana llevamos aquí toda la vida y solo desde hace 25 años tenemos programas de adaptación, un tiempo en el que ha habido muchos avances, por ejemplo, cada vez hay más mujeres gitanas con estudios universitarios, el absentismo escolar se reduce...», asegura la educadora social Celia Gabarri, «culpable» de darle al botón de inicio del «efecto multiplicador que supone que una chica o un chico gitano alcance estudios postobligatorios, eso hace que los modelos de familia cambien».

Gente empeñada en cambiar las cosas, que encuentra cada vez más eco en sus esfuerzos.

«La comunidad gitana tiene que adaptarse a los nuevos tiempos, y hoy por hoy la única forma de integración es la formación y la educación»

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Educadora Social y licenciada en Antropología