Más que tablas, un bosque entero
Más de 400 personas han pasado por el grupo de teatro «Juan del Enzina» durante sus 50 años de vida

Una representación del último montaje: «Toda esta noche larga». / Foto facilitada por «Juan del Encina
N. Sánchez
El taller de encuadernación de la calle Ramón Carrión que regentaba José María Alejandro era un punto de encuentro y de tertulia por donde pasaban a diario desde intelectuales, artistas a trabajadores con diferentes ideologías políticos y supuso el lugar de gestación del grupo de teatro «Juan del Enzina» hace medio siglo.
La compañía arrancó oficialmente en octubre de 1959 con una treintena de integrantes entre los que figuran, entre otros, Julián Hernández Prada, Ana María Hilario Tundidor, Amparo Bienes, Concha González San Pedro, José María Alejandro Diego, Antonio Pedrero, Luisa Rojo, Benita Jambrina, Ubaldo Santos, Ricardo Flecha Valle o Pedro Roda Formariz, quien con 12 años comenzó en la formación de la mano de su padre, Pedro Roda Vicente, que era el coordinador de las lecturas de obra. Tal importancia tuvo esta modalidad que hasta en el acta oficial de constitución del grupo figura «como grupo de teatro leído o representado».

Más que tablas, un bosque entero
Con escasos medios y a las órdenes del director artístico Julián Hernández pusieron en escena «El diario de Ana Frank», pieza que tras estrenarla en Zamora representaron en el teatro de Toro «un 30 de diciembre que hacía un frío horrible», rememora Luisa Rojo que para el papel que interpretó tuvo que pedir prestado un abrigo de piel. «Había bastantes necesidades, pero se suplía todo con la armonía que reinaba, pues éramos como una gran familia», mientras que Antonio Pedrero, que había visto la obra en el Teatro Español, recuerda que confeccionó un decorado «muy parecido a como se hacen en la actualidad. Se daba la vuelta y presentaba un corte trasversal de una habitación de una casa».
En la década de los 60 se sucedieron «El águila de dos cabezas», de Jean Cocteau, «El cartero del Rey», de Tagore, teatro leído como «María Magdalena», piezas experimentales como «Proceso a Jesús», e incluso textos para teatro radiofónico como «Vagabundo», escrito por el integrante del grupo Julián Hernández, «que hicimos en Radio Zamora unas Navidades», menciona Roda Formariz. El artista Antonio Pedrero evoca un montaje que trabajaron «de especial manera» y que finalmente no llegó a ver la luz: «Enrique VI». «El personaje central lo interpretaba Ricardo Flecha Valle y hasta planteé la escenografía en distintos bocetos». Por su parte, Roda Formariz, que tuvo que abandonar el grupo por su trabajo, precisa que «en el grupo, al igual que otras asociaciones de carácter intelectual, nos dedicamos a remover conciencias porque recuerdo que tuvimos la osadía de representar a Lorca, Alberti, Machado en «Educación y Descanso» y no tuvimos problemas con la censura» y sostiene que la experiencia en «Juan del Enzina» le va marcado posteriormente para su vida profesional y en su paso por la concejalía de Cultura.

Más que tablas, un bosque entero
La carencia de problemas con el Régimen también la esgrime el actual director de la compañía, Antonio Sastre, que comenzó en el grupo en el año 1974. Incide en que «aunque pertenecíamos al Sindicato Vertical y el 18 de julio teníamos que representar unos textos «Juan del Enzina» estrenó todas las obras prohibidas como «El Juglarón», de León Felipe o «¿Fuiste a ver a la abuela?» de Cabal, donde se celebra la muerte de Franco».
En los 70 la formación teatral, una de las tres existentes entonces en la capital, «carecía de problemas de actores porque venían desde estudiantes de Magisterio a fontaneros a electricistas que se desplazaban hasta 30 kilómetros para ensayar», precisa Sastre.
Eran años de un montaje anual y visitas a diversos pueblos, muchas veces con escasos medios -«focos de coches viejos y bombillas de las de casa suponían la iluminación»- y miles de anécdotas como cuando en una salida a Béjar los actores tuvieron que subir el puerto a pie porque el autobús «era tan nuevo que no podía con nosotros en las cuestas», dice entre risas Paloma San Frutos.
Pese al esfuerzo que supone la puesta en escena en las pequeñas localidades, desde gestiones de tipo administrativo, montaje a lo que se unen las horas de ensayo, «es donde realmente se coge tablas», sentencia Almudena San Frutos, una de las más veteranas que lleva 25 años en el grupo y que se queda con su papel de «Medea», reconoce la desciende de los cómicos de Venialbo que junto con sus hermanas comenzó en la escena con un grupo de zarzuela en el barrio del Espíritu Santo.
«En teatro es vital trabajar en equipo», recalcan las hermanas San Frutos al tiempo Marta Izquierdo, de 16 años y con tres años en la compañía, en la que abunda más el sexo femenino, menciona que «tan importante es la labor que se efectúa la escena como la que hay detrás».
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