19 de julio de 2009
19.07.2009

Abraham Haim: «Ni Israel ni los palestinos van a lograr todo lo que quieren y tendrán que hacer concesiones dolorosas»

Historiador e investigador de Oriente Medio y el mundo sefardí

19.07.2009 | 00:36
Abraham Haim, junto a uno de los monolitos que representan en Zamora la unión de los antiguos caminos de peregrinación a Santiago

En 1993 ejerció de guía de los Reyes de España en su visita a la ciudad vieja de Jerusalén, y se ha entrevistado con la mayor parte de los líderes políticos españoles durante sus prolomgadas estancias en el país. Su vinculación con Zamora ha llegado a través de Alfonso Ramos de Castro, con el que ha colaborado en proyectos vinculados a la Vía de la Plata. Para respaldar estas actuaciones, días atrás asistía a la inauguración de los tres monolitos que reivindican la importancia cultural e histórica de las calzadas Mirandesa, de Dalmacia y Vía de la Plata.
– Es un enamorado de la Vía de la Plata y, de hecho, colabora con la Fundación Alfonso Ramos de Castro. ¿De dónde le viene?
– Conozco a Alfonso desde 1981, cuando organizó un congreso único en aquel entonces. Luego hubo muchos otros, pero él fue el pionero. Además, trabaja en el campo de los derechos humanos, de los valores, de la convivencia y la paz€ Por eso siempre me alegro de colaborar con él y participar en sus proyectos tanto en España como en Portugal.
– ¿Qué le parece la instalación de los monolitos que simbolizan la confluencia de distintos caminos de peregrinos en Zamora?
– Esos monolitos tienen un peso en doble sentido. Un peso físico, pero también están los símbolos. Zamora fue uno de los caminos de la salida de los judíos, porque en existía una judería bastante significativa, famosa y muy importante, con sus sinagogas y sus colegios. Pero hasta finales del mes de julio de 1492 tenían que marcharse todos los judíos. Lógicamente, iban hacia la frontera portuguesa, donde podían encontrar un refugio provisional. Luego, después de algunos años, les expulsaron también. Pero en el primer instante iban a Portugal para tener un nuevo hogar.
– ¿Lamenta que no se hayan conservado más vestigios de la judería?
– La culpa no es de nadie. Es algo que corresponde a la historia de España, pero efectivamente nos quedó poco. Había muchísimas huellas que podríamos haber conservado. Me refiero a las juderías, a edificios como sinagogas€ En cualquier comunidad judía existía una sinagoga. Ahora no vemos aquellos edificios salvo en muy pocas ciudades, como Toledo, Córdoba, Sevilla o Segovia. Pero hay que aceptar lo que hay y estudiar lo que tenemos, como los manuscritos que encontramos en conventos y monasterios, o en los archivos.
– Las distintas culturas son también hoy en día uno de los principales motivos de enfrentamiento entre los pueblos. ¿La historia se repite?
– Sí, pero la culpa la tienen los políticos, no los pueblos. Yo creo que los pueblos y los hombres que representan cada religión monoteísta, y de momento hablamos de las tres religiones, la cristiana, la judía y la musulmana, sí tienen buena voluntad. Incluso en sus libros sagrados se habla siempre de una amistad, de valores de paz y de convivencia. Por eso la de Ramos de Castro es una iniciativa única. Los monolitos no se mueven, pero a su alrededor habrá miles de personas, peregrinos o no, que van a pasar por Zamora. Y cada uno de ellos es un embajador de paz.
– ¿Qué le parece que el presidente norteamericano, Barack Obama haya tendido la mano al mundo musulmán?
– Obama tiene su política, y la justifico. Quiere crear un nuevo ambiente, y es el primero que sale en Estados Unidos del ciudadano número uno, el presidente, si se compara con sus antecesores. Además, pretende crear un cambio positivo en todo lo que son relaciones internacionales. Y combinar la religión. Hubo un momento en que se identificaba el Islam con el terrorismo, con lo cual era muy negativo. Pero el Islam tiene una dimensión muy amistosa, de paz y de tolerancia. Así, Obama lo que quiere, primero, es corregir la imagen que tienen los americanos, y también los habitantes de otras partes del mundo, del Islam. Él tiene la mano tendida, y ahora los líderes correspondientes tienen que contestar, pasar de las palabras a los hechos, y lograr una colaboración. No digo que vaya a ser una colaboración al cien por cien, pero cuanto más estrecha mejor que nada, y de amistad mejor que de hostilidad.
– ¿Cómo se lucha contra personas que por sus creencias religiosas están dispuestas a inmolarse en un atentado?
– Los primeros que mandan en el mundo son los políticos, no los hombres de las religiones ni los historiadores. Pero la cultura sirve mucho, en su amplio sentido, para lograr esto. Este es el motivo de los seminarios, los congresos y las manifestaciones contra la violencia, contra la crueldad o la esclavitud, y siempre a favor de un mundo mejor. Por supuesto, el Papa lo apoya, y se publicó tras su entrevista con el presidente Obama. Dijeron que el Papa apoyó en su discurso en El Cairo una reconciliación con el mundo islámico. Hay que tener personas valientes en el mundo, tanto él como otros, que aprecien mucho este ambiente de paz y de armonía. De momento no podemos tener una igualdad o una paz en el mundo, pero hay que avanzar. Es como si uno camina en un desierto grande y ve a lo lejos un oasis para descansar, comer y vivir en calma. Tenemos que avanzar y caminar en este tipo de andaduras, pero con dimensión global.
– ¿Cuál es el futuro que depara el nuevo orden internacional al pueblo palestino?
– El proceso de paz entre Israel y los paletinos y el mundo árabe sigue irreversible. A pesar de temporadas de un bloqueo y de una crisis yo no puedo decir que hoy veo la luz al final del túnel. El túnel todavía está oscuro. Pero las negociaciones seguirán, porque la alternativa... No queremos pensar en ella. ¿Más víctimas mortales? ¿Más guerras? ¿Más luchas armadas? Es imposible. Así que no hay otro remedio que negociar. Pero las dos partes tienen que hacer concesiones dolorosas. Ninguno, ni Israel ni los palestinos, podrá lograr todo lo que quiere. Hay que comprometerse. Y la vida política es así. En realidad, la historia nos enseña a través de los siglos, que siempre hay que hacer compromisos. No se puede lograr todo. Sólo en una dictadura y actuando contra los derechos humanos y contra la civilización, pero ahora no hablamos en estos términos, sino en los de una democracia y un desarrollo humano. Insisto, hay que hacer estas concesiones.
– Usted es historiador y también israelí. ¿No debería hacer más autocrítica Israel, sobre todo cuando recibe duros reproches del exterior ante algunas de sus ofensivas militares?
– Es una impresión y una imagen que hay que corregir. En general, yo creo que el pueblo está influido por sus propios medios de comunicación. Como historiador digo que la trayectoria de los palestinos, incluso décadas antes de que se estableciera el estado de Isarael, fue siempre muy radical. Los palestinos no aceptaron la resolusión 181 de las Naciones Unidas desde hace sesenta y dos años. Se hablaba del mismo tema que estamos negociando hoy. Fue un plan de la partición, es decir un reconocimiento internacional, que ningún pueblo tiene el monopolio en toda la tierra de Palestina y hay que crear dos estados. Pero en aquel entonces el pueblo judío de Israel votó a favor, lo respaldó y lo apoyó. Recuerdo que no había aún televisión, y cuando se conoció el resultado por la radio, todo el público salió a las plazas de las ciudades para bailar y cantar. Mis padres nos llevaron a mí y a mi hermana, y eso que era muy tarde, más de medioanoche. Pero los palestinos no. Desde el primer instante se opusieron con esta teoría: vamos a tener todo o nada. Y esa fue, yo creo, una de las causas de la tragedia palestina, que todavía no han conseguido su propio estado. Luego había otros intereses, porque el mundo árabe tampoco quería crear un estado palestino, pero para mí la raíz de todo está en que no aceptaron aquella decisión de partición. No aceptaron este compromiso de que hay dos pueblos que merecen tener dos estados. Y de ahí han venido las guerras y ese lema de que hay que echar a todos los judíos al mar... No digo que en distintas épocas Israel no haya cometido errores, porque sí los ha cometido, pero no se puede comparar con la actitud de los palestinos que llegó hasta Yasser Arafat, y hoy es Hamas y la yihad islámica. Todavía no reconocen la existencia de Isarael ni reconocen un proceso de paz para dejar la lucha armada.
– Regiones y pueblos plantean reivindicaciones de independencia en distintos países a través de la lucha armada, como ocurre con sectores radicales en el País Vasco. ¿Siempre que sea posible, hay que tratar de negociar con independencia de la lucha policial?
– Ha habido ejemplos de casos que no han conseguido su independencia. El pueblo kurdo merecía tener un estado. Hoy en día hay kurdos en Irak, Irán, Turquía, en Siria y en la Unión Soviética, pero falta el estado kurdo. Están dispersos alrededor de un territorio que se llama Kurdistán. La legendaria Kurdistán que no se ha realizado. Pero sí hay reconocimiento mundial con los palestinos.
– ¿Tienen algo en común estas reivindicaciones territoriales con el independentismo vasco?
– No se pueden comparar, porque son problemas completamente distintos. Aquí hablan también del País Vasco-Francés, del País Vasco de España y de Navarra, pero es un asunto en el que prefiero no entrar. Nosotros nos referimos a dos pueblos distintos en el mismo país, que llevan muchos siglos, y ahora hay que llegar a un compromiso. Por supuesto que hay grupos judíos muy de derechas y muy radicales que dicen que la tierra es suya, se niegan con el argumento de que es la tierra bíblica prometida por Dios, y no quieren ceder parte de ella a otro pueblo. Es cierto que esto todavía existe, pero son grupos marginales.
– ¿Es optimista respecto al futuro de su tierra?
– Hoy en día, si avanzamos y si los palestinos dejan la lucha armada y el terrorismo, sí se puede llegar a una solución tomando en cuenta que ninguna de las dos partes va a recibir todo. Sin optimismo y esperanza no podemos sobrevivir. Excluyendo la posibilidad de las guerras hay que tener optimismo. Además, el himno de Israel se titula «La esperanza» y dice: «No hemos perdido la esperanza, la esperanza de dos mil años, ser un pueblo libre en nuestro país, el país de Sión y Jerusalé». Es la prueba de cómo los judíos, desperdigados en todas las partes del mundo, llevaron esta esperanza. Y al final se estableció su propio estado en su propia tierra, aunque no en toda la tierra. Pero esa esperanza es un consuelo y una lección para los palestinos, porque con buena voluntad ellos podrán también crear su propio estado.

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