22 de junio de 2009
22.06.2009

Fallece José Reglero Méndez, uno de los industriales más carismáticos de Zamora

Fundó, con su familia, la emblemática fábrica de galletas que llegó a dar trabajo a 450 empleados y llevó el nombre de la ciudad a toda España

22.06.2009 | 02:31
José Reglero (años 90)

El industrial zamorano José Reglero Méndez falleció ayer en Zamora y será enterrado hoy en el cementerio de San Atilano, tras la misa de funeral que se celebrará a las once de la mañana en la iglesia parroquial de San Vicente. Era el pequeño de la saga familiar que desde una pequeña pastelería de su natal Moraleja del Vino llegó a conseguir una de las fábricas de referencia durante el pasado siglo en la capital, «Galletas Reglero», una de las pocas posibilidades de empleo de la mano de obra, sobre todo femenina, de la Zamora de entonces. El buen hacer de la firma llegó a traspasar las fronteras provinciales, y en toda España fueron apreciados sus «Mayuca», «Surtido», y otros productos.

José Reglero Méndez (Moraleja del Vino, 11 de noviembre de 1923), era el pequeño cinco hermanos – Arturo, Piedad, Ángel, Manuel y José– nacida del matrimonio de Gregorio Reglero, un confitero vallisoletano y Josefa Méndez, maestra nacional de Moraleja del Vino que no llegó a ejercer y participó en los negocios de su marido. Empezaron con una pequeña pastelería en Moraleja del Vino para posteriormente trasladarse a la capital, donde abrieron establecimiento en la calle San Pablo el 23 de mayo de 1934. José Reglero se integró pronto en el negocio familiar, y a los doce años ya trabajaba con ahínco para ampliar horizontes. El buen hacer de los Reglero pronto consiguió el éxito comercial. En 1935 abren una sucursal en San Torcuato. En 1944 fallece el padre, Gregorio, y la viuda y los hijos cogen el traspaso de la antigua confitería «La Suiza» de la calle Ramón y Cajal. El negocio sigue prosperando y a principios de la década de los 50 la familia Reglero abre una pastelería en el chaflán del edificio situado entre las calles Benavente y San Torcuato.
La expansión sigue adelante, con la apertura de una sucursal en Salamanca y la instalación de delegaciones en Madrid y Barcelona. Los Reglero realizan frecuentes viajes a centro Europa – Bélgica, Holanda, Alemania y Suiza– para conocer los sistemas más adelantados de la elaboración industrial de dulces. Al mismo tiempo sondean las posibilidades de exportar sus productos al extranjero.
En los años 60 Reglero monta la fábrica de la avenida de Portugal donde, señalaba José Reglero en una entrevista a este diario, «tratamos de hacer las mismas cosas que nos enseñó nuestro padre, pero de una forma industrial».
Posteriormente la familia Reglero cierra las confiterías para dedicarse en exclusiva a la fábrica, de donde salían productos únicos que alcanzaron merecida fama en los cuatro puntos cardinales del país: las «Mayuca», «María», «Parisinas», «Nevaditos», «Colombianos», el «Surtido» y tantas otras especialidades industriales, sí, pero con el sabor nunca perdido de lo artesanal.
La industria llegó a dar trabajo a 450 personas, aunque en la década de los 80 se estabilizó en unos 250 empleados fijos. La industria se convirtió, junto con San Jerónimo, en las referencia laboral para la mano de obra femenina de entonces, sin demasiadas posibilidades de hacerse un hueco en otros mercados de trabajo. María del Pilar, una de las trabajadoras que estuvo 21 años en la industria recuerda a José Reglero como «un empresario quizá para nuestro punto de vista actual "chapado a la antigua", pero también con cierto paternalismo». Efectivamente las condiciones de trabajo, en sueldos o descansos, no eran equiparables a las actuales «aunque eran normales para la época. Nos pagaba según lo aprobado por el Gobierno, y había muchas fiestas recuperables». María del Pilar, enlace sindical por entonces, recuerda algunas huelgas que se plantearon en la empresa para pedir mejoras, sobre todo en jornada laboral y que, claro, no sentaban demasiado bien a José: «Siempre nos decía que si tenía la fábrica abierta era por nosotras». Esta ex-empleada asegura no tener «un mal recuerdo de don José, que era el que estaba más con los trabajadores». Una obsesión del industrial, recuerda, «era la limpieza».
Los tiempos iban pasando y la industria de Reglero seguía con su trasiego de camiones en una zona muy céntrica de la ciudad. El principio del fin de la fábrica de referencia de la capital lo marcó el año 1989, cuando la familia Reglero vende el 75 por ciento de las acciones de la empresa a «Industrias Castellanas de Alimentación», que abriría fábrica en Toro, donde pocos años más tarde se iría toda la producción. Es la fábrica que ahora mismo, en poder del potente grupo Siro, sigue manteniendo una floreciente actividad, sin perder la referencia de la marca Reglero, que aún hoy sigue proporcionando el marchamo de calidad que consiguieron darle, con esfuerzo y saber hacer, sus impulsores.
Precisamente «las exigencias del comité de empresa» y la llegada de unos tiempos «para los que quizá no estábamos preparados» son las razones que adujo Reglero para la venta de la fábrica: «Te encontrabas muchas veces con las manos atadas, casi no era dueño de la fábrica, porque muchas decisiones tenían que pasar por el comité. Las negociaciones de los convenios, que llevaba yo directamente duraban tres y cuatro meses y terminábamos con los nervios hechos polvo. Yo comprendo las exigencias económicas, pero también se tenían que dar cuenta de dónde se está trabajando y si la fábrica te ofrece verdadera seguridad para continuar en ella», explicaba en una entrevista en los años 90.
José Reglero Méndez fue un hombre influyente durante muchas décadas en Zamora, aunque no llegó a entrar en política, una faceta que, reconocía «no me interesa». Sí estuvo como dirigente de la Asociación Zamorana de Empresarios (AZE) y durante cinco años presidió el Consejo de Administración de «El Correo de Zamora», una de las cabeceras que forman hoy este diario. También presidió el Patronato «Jesús Obrero», una especie de fundación formada por «un grupo de personas cristianas» que se fijó como objetivo la construcción de viviendas sin ánimo de lucro, con el fin de que los trabajadores y las personas con menos recursos pudieran vivir dignamente. Incluso llegaron a ofrecer un solar a la Junta en 1992 de 2.700 metros para la construcción de viviendas. Reglero mantuvo aún después de la edad de jubilación algunos negocios inmobiliarios o con una finca en Salamanca.

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