02 de mayo de 2009
02.05.2009
Mis apuntes sobre la Guerra de la Independencia en Zamora (II)

Saqueo y ocupación

Tras Villagodio, los franceses estudiaron tres días las defensas de la ciudad antes de asaltarla

02.05.2009 | 02:49
Conmemoración de una batalla napoleónica en La Guareña

En esa fecha, la ciudad, libre, momentáneamente, de invasores, quiso rendirles el homenaje que la presencia extranjera había impedido realizar hasta entonces. Con las limosnas de los zamoranos se hicieron tres funciones de ánimas los días cuatro, cinco y seis de dicho mes. Las dos primeras por todos los difuntos de la guerra, y la tercera, especialmente, por los muertos en Villagodio y en la ciudad. Al fervoroso homenaje asistió la ciudad presidida por el Ayuntamiento y predicaron don Félix Lemus, párroco de S. Leonardo, el rector de los capuchinos de Toro, y don Nicasio Pérez Vime, catedrático de la universidad de Salamanca, natural de Zamora.
De los valientes que lucharon en Villagodio tenemos algunas noticias posteriores al combate:
El 14 de julio de 1809 doña María Alonso, viuda de Manuel Carrillo, tutora de sus hijos, Manuel y Benito, menores de edad, dice que, por orden del gobernador de la plaza, Arnaud, se dispuso encarcelarla por la fuga de su hijo Manuel, contra lo dispuesto por el gobernador de la Alta España. Se ofreció su hijo Benito para sustituirla y lo encarcelaron varios días hasta su traslado a Valladolid. En la cárcel le hicieron compañía don Diego González de Quirós, don Tomás Vallecillo, don Manuel Hernández del Corral y don Francisco Amaya quienes corrieron con los gastos de Benito hasta que fueron trasladados a Valladolid, "cuidándole aquellos con todo esmero con igualdad a sus mismas personas procurándole su alivio y libertad como para sí la apetecían". Conseguida ésta y vueltos a Zamora, hicieron cuentas de los gastos de los que alcanzaron a Benito 2.738 rs. No teniendo posibilidad de pagar, lo afianzó a su madre, que agradece el favor a "don Tomas Vallecillo y consortes" y se compromete a abonarles la mitad del sueldo que cobra Benito como dependiente de Rentas Reales, hasta concluir el pago, o antes si se reparte en Moneo (Burgos) la herencia de su padre.
La acción generosa de los compañeros de Vallecillo merece ser elogiada aunque queda un tanto deslucida al saber que el día 8, estando en Valladolid, Benito Carrillo se había comprometido notarialmente al pago de los gastos de su estancia en prisión utilizando su herencia y la de su hermano "como quien ha dado motivo a la prisión, gastos y extorsiones que estoy sufriendo".
Todas las historias citan a don Francisco Amaya como uno de los zamoranos que más destacó en los sucesos de Villagodio, donde recibió once heridas. No será excesivo el suponer que los otros compañeros de Benito Carrillo también serían compañeros de armas de don Francisco.
Otra noticia hallada en los protocolos notariales nos sitúa a Amaya el 10 de octubre de 1810 firmando un recibo de 60 rs a Bartolomé García Cobos por atender la última enfermedad de su esposa, Teresa S. Román.
Otros posibles combatientes no tuvieron un comportamiento tan ejemplar como los reseñados:
Jerónimo Otero, Manuel González, Antonio Casado, Alonso Alvarez y Silvestre García fueron acusados por Guillermo Rodríguez, vecino de Cubillos, de robarle ropa de su casa cuando estuvieron en ella prisioneros de las tropas francesas. Para exculparse pusieron como excusa haberlo hecho por orden de los dragones franceses. Esto sucedía antes del 5 de abril de 1809, cuando los ahora acusados ya estaban libres.
Las fechas en que ocurrieron estos hechos y el lugar donde estuvieron presos me hacen pensar que pudieron ser capturados en Villagodio y conducidos a Cubillos antes de ocupar Zamora pues, tras la toma de la ciudad, utilizaron el castillo como prisión.
"Hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra"
No dudo de la capacidad imaginativa del poeta pero, en el caso de Zamora, no es necesario utilizarla. Una vez más, la realidad supera a la imaginación. Permitiéndome poner una nota humorística en tema tan serio, interpreto al pie de la letra cuando leo que se pagaron 8 reales por enterrar "un cadáver que mataron las tropas Imperiales". El extraño "zombi" estaba medio enterrado el 5 de octubre de 1809, según relata el mayordomo de la parroquia de santo Tomé, cuya jurisdicción se extendía sobre las tierras de Villagodio. (No consta en los documentos que este cadáver asesinado por los gabachos diera ningún grito; pero es muy posible que su último pensamiento antes de morir, fuera una solicitud guerrera de venganza).
Tras lo ocurrido en Villagodio, los franceses permanecieron tres días estudiando las defensas de la ciudad y el día 10 del mismo mes, a las once de la mañana, iniciaron el asalto a las murallas de Zamora. Sin mucho esfuerzo, entraron en la ciudad utilizando la brecha que su artillería abrió "por el lienzo de muralla y ángulo de la Puerta de San Pablo que mira al río". Aún puede apreciarse la recomposición realizada en esta parte del muro y en las proximidades de lo que fue Puerta de San Pablo.
Después de la entrada en la ciudad, cuentan los historiadores que los franceses se dedicaron al saqueo de casas privadas y públicas, no respetando ni la de Dios. El expolio, probablemente, iría acompañado de malos tratos a los vecinos, y, quizás, de la violación de alguna vecina. No abunda la documentación de casos particulares sobre estos hechos. Concretamente, conocemos el caso del fabriquero de San Leonardo, quien, al rendir las cuentas del año, dice que "el día que entraron en Zamora" le robaron los franceses 525 reales que tenía "encima de una mesa" (Extraño lugar para guardar el dinero en esas circunstancias. Me recuerda los tiempos de mi infancia cuando, al llegar los "húngaros" al pueblo, los ladrones locales aprovechaban para robar las gallinas a sus convecinos sabiendo quiénes cargarían con las culpas).
Pese a casos singulares, la violencia contra personas y domicilios particulares debió de realizarse en menor medida de lo que nos han contado. No conocemos víctimas mortales en el asalto y son pocos los testimonios hallados que nos hagan pensar en un saqueo excesivamente violento y rapaz. Entre los datos hallados está lo ocurrido a Francisco Fernández, mayordomo de la parroquia de Santa Lucía, que el día del saqueo se vio obligado a pagar 96 reales a los franceses por dos ollas de aceite que precisaba para la lámpara del Santísimo de su iglesia. Resulta extraño que los soldados dispusieran del aceite, y lo vendieran tan barato, si no se hubieran apoderado gratuitamente de él en otra iglesia o comercio.
Otro caso que nos hace pensar en la colaboración que algunos zamoranos prestaron al saqueo se dio el 5 de mayo del primer año de ocupación, cuando los hechos estaban recientes: Mª Bernarda Barjacoba acusó a Eugenia Calvo de tener en su poder ropa y otros ajuares de los que le saquearon en su casa. Se los pidió y le devolvió algunos de poco valor exigiéndole lo que había pagado por ellos. Registrada la casa de Eugenia, encontraron varios efectos y alhajas de plata además de 8.000 rs.
En 1811, al hacer el reparto entre sus herederos de los bienes dejados por el arquitecto Pedro Castellote, descuentan 18 fanegas de trigo "en atención a haberlas extraído a un mayor número de fanegas en el saque que padecieron al tiempo que entraron en esta plaza las tropas francesas".
La casual coincidencia de estar realizando el inventario de los bienes que dejó al morir don Pedro Medina, del comercio de Zamora, nos permite conocer datos sumamente curiosos y valiosos, al menos, por dos aspectos. El primero es conocer la actividad comercial y las relaciones familiares de este zamorano hijo de don Miguel Hernández de Medina y de doña Angela Fernández, vecinos de León. El segundo aspecto nos permite conocer, dada la escrupulosidad con que registran todos los datos los inventariadores, algunos de los gastos que realizaron los invasores en los primeros días de su estancia en nuestra ciudad.
De la vida familiar del comerciante daré breves datos pues no es este el tema a tratar, aunque bien merecería un comentario mucho más amplio. Basta decir que su hijo, Mateo, se hallaba estudiando en Soreze (Francia) y que mantenía relaciones comerciales con Havcksley and Sons, de Sheffield; Mr. Gaillar, de Lion; varios comerciantes de Alemania, Mr. Martelli Leonardo, de Paris; Clemente Canel, de St. Ettiene, y otros de Madrid, Birmingham, Bayona, Santander y Córdoba. De nuestra ciudad tenían abierta cuenta en su establecimiento, entre otros muchos, el obispo, el marqués de Villagodio y –ya entonces ocurría– su principal deudor era el Ayuntamiento.
Al hacer el meticuloso inventario de sus bienes, de las variadísimas existencias de su tienda de la Plaza Mayor y de los almacenes en diversos lugares, las valoraron en casi seiscientos mil reales, sin incluir las hijuelas paterna y materna. En numerosos escondrijos distribuidos por casa y tienda hallaron más de 54.000 rs de los que 1.120 estaban en moneda portuguesa, 704 en luises franceses y 756 en monedas inglesas.
Volvamos a nuestro caso y veamos las compras que, mediante bonos de la Municipalidad, realizaron los franceses, especialmente para la burocracia y mesa del señor gobernador, entre los días 15 de enero y 28 de febrero de 1809:
36 botellas de licor,
12 botellas vacías?,
7 ½ mazos de plumas,
21 candados,
4 ½ libras de café (al carísimo precio de 20 rs/lb. Un jornal andaba por los 4 rs)
10 cortaplumas
4 navajas de afeitar, para el cirujano del Hospital
2 compases medianos
4 vasos
2.300 alfileres
7 cajas de obleas
1 ½ docenas de lapiceros
200 agujas y un papel con agujas
2 tinteros de tornillo
2 libros en blanco de medio pliego y 200 folios
2 manos de papel
8 machones
25 tablas de 7 pies (¿Para hacer ataúdes?)
6 vigas de 22 pies
6 machones de cuarta en cuadro
Suman estas compras más de 1.600 rs que los herederos nunca llegaron a cobrar pues se lo descontaron de los 15.000 que le habían correspondido en el reparto de los cuatro millones impuestos por los franceses a la provincia de Zamora como contribución.
Otros gastos realizados por los franceses los conocemos por los libramientos de pago que hace la Junta Municipal de Propios durante el año 1810. Entre ellos escogemos:
Al intérprete Luis Bonifaz se le pagan 186 reales. Compra de papel por valor de 234 rs. para los escritorios de los generales franceses. Otros 1.400 rs. para gastos menudos de la mesa del gobernador y 105 para 428 cargas de agua con el mismo destino.
Durante los cuatro años largos que duró la ocupación de la ciudad, los zamoranos debieron de realizar una resistencia pacífica contra los invasores. Mostrarían su descontento pero contribuían, aunque de mal grado, a pagar lo mucho que los franceses les exigían tanto en dinero y comestibles, como en prestaciones personales de trabajo y utensilios para realizarlo. Sólo he encontrado referencia a una muerte violenta durante el periodo de ocupación. Nos la relata el párroco de Santa María de la Horta el 17 de febrero de 1811 al anotar el entierro de Ignacio Santiago, natural de Madridanos, "que murió afusilado en la plaza del cuartel, territorio de dicha iglesia, por orden del Sor general de Tropas francesas y gobernador de esta ciudad". "Se le hizo entierro de caridad según se acostumbra con los afusilados".
Tras el forzado sometimiento de los zamoranos llegó la distribución de las tropas invasoras por cuarteles, que resultaron insuficientes, por conventos, y por las casas particulares. También a los potentados les correspondió sufrir esta carga que para algunos sería muy llevadera dada la simpatía que gran parte de ellos sentía por todo lo francés. En las mejores casas fueron hospedados los jefes y oficiales del Ejército Imperial. Al marqués de Villagodio le correspondió alojar a monsieur Bertheleout, ayudante mayor del regimiento de los Dragones Verdes. Como era costumbre en la época, los soldados de todos los rangos viajaban acompañados por su familia y ese era el caso del ayudante mayor. Pero madame Bertheleout disfrutó poco de su estancia en nuestra ciudad. El 24 de abril murió en casa del marqués y recibió sepultura en la iglesia de S. Ildefonso.

isauroperez@hotmail.com

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