Hay alcorques que deben ser de adorno. Así parece, al menos, en la plaza de Santa Eulalia, donde se acusa cierta desidia. Donde hay hoyos preparados para la plantación de árboles, sólo hay rejillas. Además de echar en falta los árboles, vecinos del entorno critican la falta de mantenimiento. Ninguno de los siete ciruelos de jardín plantados el año pasado en Santa Eulalia ha resistido siquiera unos meses.

Seis se secaron al poco de plantarse, a comienzos de verano pasado. El único que sobrevivió, dicen que gracias a que lo regaba un vecino, se rompió el último día de 2007, tras sufrir el golpe de un coche, de los muchos que aparcan en las aceras, como denuncia Miguel de la Peña, presidente de la Asociación de Vecinos Barrios Bajos-La Horta.

Primero, terminadas las obras de rehabilitación de La Horta, los vecinos tuvieron que esperar ocho meses hasta que se acordaran de plantar los árboles, en esa y en otras zonas del barrio, en concreto las plazas de Santo Tomé y de La Horta, donde sí han prosperado, a diferencia de lo ocurrido en Santa Eulalia. Tras algún que otro aviso por parte de la agrupación vecinal, en abril del año pasado se procedió a la plantación. Todos los árboles se fueron secando en el plazo de mes y medio «porque los pusieron en época de calor y no los regaron». Entretanto, alguno también recibió embestidas de los vehículos que aparcaban en las aceras, durante las maniobras de estacionamiento. Sólo quedó uno, el que regaba el vecino, que se rompió hace tres semanas.

Ahora, los vecinos reclaman una nueva plantación. La asociación de La Horta pide otras especies para la zona, por ejemplo como los que hay en la Plaza Mayor, «de copa redonda y que no crecen demasiado» para no molestar así a los residentes. En otros barrios de la capital hay quejas porque las ramas rozan las ventanas de los edificios.