Un joven decide romper con su novia, que continúa enviándole mensajes por el teléfono móvil y tratando de prolongar la relación.

Ambos estudian en el mismo centro, lo que les permite verse con asiduidad. En uno de esos encuentros el joven trata

de hablar con su ya ex compañera sentimental para pedir que no insista en enviarle mensajes. Ella no accede a mantener la conversación y él la coge por el brazo.

Compañeros del joven describieron cómo le vieron llorar porque, según les contó, la chica le había amenazado con denunciarle por violencia de género. Una amenaza que finalmente se cumplió y el chico fue procesado. El fiscal solicitaba nueve meses de prisión, un año de alejamiento de la supuesta víctima y dos de prohibición de tenencia de armas.

El titular del Juzgado de lo Penal, que celebró la vista oral, dictó una de las pocas sentencias absolutorias existentes en caso de maltrato. Para ello apreció que había por parte de la mujer «un empeño grande» con el joven y que «no admitía que la hubiera dejado», tal y como apuntaron los testigos y conocidos de la pareja.