Se presupone que en la población escolar el porcentaje de niños superdotados alcanza entre un 1,5 y un 2 por cien. Sin embargo, muchas veces esa cifra no se corresponde con la realidad pues no se llegan a detectar todos los casos. De ahí la importancia de una detección a tiempo de este alumnado que, según la normativa provincial actual, debe partir tanto de las familias como de los profesores.

Como explican Mercedes Núñez Seoane y Cristina Andrés Parzuela, del Equipo de Orientación Educativa y Psicopedagógica de Zamora; son tres lo componentes básicos para que se pueda hablar de niños superdotados: Elevada capacidad intelectual, con un cociente superior a los 140; deben ser niños que tengan un elevado interés y motivación ante las tareas y un elevado nivel de creatividad.

Según explican las especialistas, la primera fase para llegar a la detección del alumnado superdotado consiste en la formación del profesorado para que conozcan y se familiaricen con las características antes descritas y puedan ver los indicios de que un menor posee una alta capacidad. «Los niños con superdotación intelectual se saben diferentes pero tienden a camuflarse en el grupo porque no quieren destacar y ser tratados como raros por sus compañeros». Es por ello que los profesores deben estar atentos para, si un alumno destaca por sus notas, ir más allá para descubrir otras características que puedan determinar su capacidad intelectual.

Mercedes Núñez señala que algunas de las características que presentan los niños superdotados son: Un vocabulario muy ágil, poco usual para su edad, suelen ser niños que hablan pronto, con mucha claridad y riqueza de vocabulario. Acceden a la lectura y escritura muy pequeños y sin haber tenido instrucción previa. Tienen buena capacidad de memoria. Tienen destreza para razonar y utilizan su lógica particular para resolver problemas que otros niños de su edad no pueden. Hacen preguntas curiosas, que muchas veces dejan descolocados a los padres, y no se conforman con respuestas banales. Suelen estar interesados en algún tema en particular que dominan a la perfección, por ejemplo los dinosaurios.

Es en segundo de educación primaria, cuando los niños ya han cumplido siete años, momento en que alcanzan su maduración intelectual, cuando el Equipo de Orientación Educativa y Psicopedagógica interviene realizando en todos los centros un despistaje inicial, en base a cuestionarios, que ayudan a saber qué niños de la clase tienen algunas de las características que determinan la superdotación destacando del resto de sus compañeros. «Una vez que se detectan estos alumnos se informa a la familia y se les pide autorización para realizar una evaluación psicométrica de su capacidad intelectual, en base a pruebas de cociente intelectual, de creatividad y personalidad que son las que definen finalmente si se trata de un niño con superdotación, o no», sostiene Cristina Andrés.

La respuesta educativa con la que se actúa en el caso de niños superdotados se adapta a las características de cada alumno. Las especialistas apuntan, por ejemplo, que un mito que hay que desterrar es que los niños superdotados son buenos en todo. «Un superdotado no es perfecto, puede tener algunos puntos débiles que hay que detectar para trabajar con ellos. Además, al saberse diferentes algunos no llegan a encajar en el grupo, por eso es importante tenerlos bajo observación y dotarlos de ayuda psicológica para que no se sientan inseguros o con baja autoestima».

En lo que a las respuestas educativas se refiere, sin duda, la más significativa es la flexibilización, que supone adelantar al niño un año si ha superado todos los objetivos previstos en determinado curso. Sin embargo, las psicopedagogas afirman que «esta es la respuesta más extrema y la que menos se hace. Se llega a esa opción cuando otras alternativas se han agotado». Es más, en la ciudad de Zamora nunca se ha presentado un caso, aunque es verdad que los padres de alumnos superdotados la reclaman muchas veces como la mejor solución para sus hijos. «Es importante comprender que no se trata sólo de que el alumno demuestre que tiene adquiridos los conocimientos del ciclo que supera, sino que además se tiene que constatar que muestra un equilibrio a nivel de desarrollo emocional, social y afectivo para ser capaz de empatizar, de adaptarse y relacionarse con alumnos mayores». Una situación que no se presenta a menudo. «La maduración es básica y además adelantarse un curso supone también un mayor nivel de exigencia no sólo académico sino que los mismos niños se sienten más presionados porque saben que la expectativa sobre ellos es mayor. Y lo real es que son niños y deben ser tratados como tal. Los niños lo que quieren es ser aceptados, un niño sin amigos o tratado de forma diferente no es feliz».

La actuación usual que se realiza en los diferentes centros donde hay niños con superdotación se basa en el enriquecimiento curricular. «Al niño se le dan los mismos conocimientos que a sus compañeros pero trabajados de un modo más profundo, investigando con ellos, planteándoles nuevos retos. Se valora que el niño trabaje solo y que aprenda a aprender, que es la mejor herramienta con la que pueden contar. Y lo mejor es que no se siente discriminado, pues si otro chaval acaba la tarea que el grupo esta realizando puede también unirse al niño superdotado y junto a él seguir ampliando sus conocimientos, por ejemplo, en el ordenador, lo que se convierte en un elemento motivador para toda la clase».

También puede emplearse el agrupamiento flexible, que consiste en agrupar a los niños del curso en tres niveles para el estudio de un área concreta, como pueden ser las matemáticas, y así el niño con superdotación trabajará con los el nivel más avanzado. Con este tipo de actuaciones se consigue que el menor pueda desarrollar todas sus aptitudes totalmente adaptado a su centro escolar.

Cociente intelectual de 130 a 140

Hasta hace algunos años se consideraba que para que un niño pueda ser considerado como superdotado debía poseer un cociente intelectual mayor a 130. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los parámetros han cambiado pues no son pocos los expertos que han señalado que el cociente intelectual que determine la superdotación debe situarse en mayor a los 140 puntos.

Este cambio se debe principalmente a que si antes el cociente intelectual medio se situaba en 100 ahora alcanza los 110 puntos. Un cambio originado a su vez porque los niños reciben una mayor estimulación desde que nacen, siendo sometidos a estímulos que potencian sus habilidades intelectuales, pero también, físicas, afectivas y emocionales. Además es un hecho que actualmente los menores tienen mayor acceso a la lectura y a la educación, y asimismo un acercamiento al conocimiento a través de los medios audiovisuales y la internet, lo que también ha favorecido un mayor desarrollo intelectual.