El Puente de Piedra de Zamora retrocede 120 años

El pretil histórico que sustituye a la barandilla de principios del siglo XX comienza a tomar forma como parte de la gran remodelación del viaducto románico de Zamora

Aspecto que poresebtabab las obras el Puente de Piedra, con parte del pretil recuperado ya visible. | Ana Burrieza

Aspecto que poresebtabab las obras el Puente de Piedra, con parte del pretil recuperado ya visible. | Ana Burrieza

Han pasado casi 120 años y, como si la historia fuera cíclica, el Puente de Piedra de Zamora, el más emblemático de la ciudad y único durante siete siglos, comienza a recuperar el murete de piedra que le fue mutilado en las obras del año 1905.

Entonces se acometió la gran remodelación del viaducto que daba paso a la modernidad y hoy en día se concluye la siguiente gran rehabilitación, que marca una nueva era del Puente de Piedra, despojándolo de su imagen urbana contemporánea, para retrotraerlo a sus orígenes de trazas románicas y a su carácter primigenio.

La anterior gran reforma costó 1.900 euros y la actual ha valido 1,3 millones

La última gran reforma del viaducto más fotografiado de Zamora está a punto de concluir tras una inversión cercana a 1,3 millones de euros que el Ayuntamiento encargó a la empresa Rearasa. La fecha marcada en rojo en el calendario es el domingo 18 de agosto, aunque sus características y antigüedad han exigido un lento proceso de rehabilitación que puede hacer que se alargue ese plazo, ya demorado en dos meses por la infraestructura de abastecimiento encontrada bajo el asfalto.

Las obras se iniciaron en octubre del año pasado y con ellas se da un salto atrás en la historia de ese paso clave sobre el Duero que fue testigo y en muchas ocasiones protagonista de la historia de Zamora.

Puente de Piedra en su orilla izquierda, al finalizar el derribo de la torre de Gobierna en el año 1907. | Archivo

Puente de Piedra en su orilla izquierda, al finalizar el derribo de la torre de Gobierna en el año 1907. | Archivo / Alberto Ferreras

Se está recuperando su antiguo pretil, ese que conservó hasta 1905 y que ya es visible de nuevo en el tramo más cercano a Cabañales. También se vuelve a la fisonomía del pasado con el suelo de cuarcita y granito que sustituirá el asfaltado anterior y que está en consonancia con el que se pisa en el casco histórico de la Bien Cercada. Y un tercer punto destacado de la remodelación: la nueva iluminación que en vez de farolas utiliza una luz más natural que se proyecta desde el interior del murete. Las luminarias estarán empotradas en el propio pretil y darán luz desde dentro y no desde lo alto para distorsionar menos la vista del entorno.

"Creo que va a quedar un puente más para el disfrute, va a estar más integrado en la propia historia de la ciudad", indica el autor del proyecto de rehabilitación, el arquitecto Francisco Somoza, que subraya el objetivo de "recuperar el carácter" del Puente de Piedra y tomar esta remodelación como "un primer paso" de cara a futuras intervenciones.

Algunas de esas actuaciones por venir son necesarias y cualquiera a simple vista puede observar, por ejemplo, que en algún momento habrá que trabajar en los tajamares. Otras no responden a la necesidad sino que son fruto de la memoria colectiva del pasado, como la posible recuperación de las torres. Fueron el elemento más característico del puente hasta principios del siglo XX y salen a colación cada vez que se habla de la fisonomía del paso más antiguo sobre el Duero de Zamora. El derribo de esas torres, una situada a cada lado del puente y la más alejada del casco urbano coronada por la veleta de La Gobierna, se remonta a un mes de agosto pero del año 1905, cuando comenzó la anterior gran remodelación. En nombre del progreso se enterró el decimosexto arco del puente, se derruyeron las torres de entrada y de salida y se suprimió el pretil que protegía a viandantes, carros y los incipientes automóviles de caer al río para ganar casi un metro y medio de anchura.

La ambiciosa reforma de aquella época tuvo un gran objetivo: hacer sitio para que la nueva modernidad se abriera paso en el acceso a Zamora a través del río. El Puente de Piedra ya no solo era utilizado por peregrinos de la Vía de la Plata o campesinos que llegaban con su grano para venderlo en la ciudad tras pagar el portazgo en las torres. Se estaba gestando un nuevo tiempo marcado por el coche y para hacerle sitio el viaducto requería más espacio y un acceso más cómodo al casco histórico. Se elevó la cota de la calle de acceso al puente en lo que hoy es la confluencia de las avenidas del Mengue y de Vigo. Se tapó el último arco de la margen derecha, se remodelaron otros, se tiraron las torres que en otros tiempos sirvieron para defender la ciudad y se sustituyó el pretil por la barandilla que ha sido testigo del crecimiento del casco urbano durante más de un siglo.

Trabajadores intervienen en la actual obra de remodelación del viaducto. | Ana Burrieza

Trabajadores intervienen en la actual obra de remodelación del viaducto. | Ana Burrieza / Alberto Ferreras

Aquellas obras se prolongaron hasta 1907 y tuvieron un coste de 322.078 pesetas de entonces, menos de dos mil euros al cambio actual, según precisa un estudio del profesor de Arquitectura de la USAL Francisco Javier Rodríguez Méndez y otros autores sobre “El puente medieval de Zamora a comienzos del siglo XX. Un estudio del alcance de la intervención del ingeniero Luis de Justo (1905-1908)”. En él se apunta el destino de las antiguas losas del puente que se quitaron en aquella gran remodelación. Los zamoranos siguen pisándolas hoy en día, ya que se recolocaron en la parte central de la bajada de Balborraz.

En ese trabajo se alude igualmente al planteamiento de la recuperación de las torres del puente que ya puso sobre la mesa en el plan director de las Murallas de Zamora. "¿Por qué no ambicionar la reconstrucción de las torres y pretiles desaparecidos, una vez que la causa que motivó esta desaparición ha, a su vez, desaparecido?", indicaban los autores de ese estudio publicado hace quince años. También advertían que "el puente que hoy conocemos conserva del anterior únicamente las bóvedas de los arcos y las pilas, aunque éstas muy reformadas" mientras que el resto de los elementos de su estructura fueron renovados a principios del siglo XX "hasta tal punto que podemos concebir la actuación como si de un cambio de piel en un ofidio se tratara: solo permanece el esqueleto".

Por el momento, el pretil ya asoma de nuevo y, sobre las torres, el arquitecto Francisco Somoza admite que él es partidario de levantarlas porque "más complicado fue reconstruir las aceñas de Olivares y ahí están", aunque reconoce que en caso de decidirse acometer esa actuación habría que estudiar cómo hacerlo y atender también a las prescripciones y la opinión de la Comisión de Patrimonio.

Esas torres se identifican a lo largo de la historia del puente y con el paso del tiempo se fueron modificando según los gustos artísticos de cada época como ocurrió en otros elementos del viaducto.

Los orígenes del Puente de Piedra se fechan en el medievo, entre los siglos XII y XIII, y desde el primer momento contó también con el pretil de piedra, que primero fue almenado y posteriormente liso hasta que fue sustituido por la barandilla férrea de principios del siglo XX.

El Puente de Piedra antes de la reforma de 1905, con las dos torres y el pretil, visto desde la calle Peñasbrinques. | Archivo

El Puente de Piedra antes de la reforma de 1905, con las dos torres y el pretil, visto desde la calle Peñasbrinques. | Archivo / Alberto Ferreras

De la historia del emblemático viaducto de Zamora da cuenta Fernando Javier Prada Antón en el libro "Zamora. Cómo hemos cambiado", en el que incluye instantáneas históricas de la anterior fisonomía del puente y detalla como las embestidas del río condicionaron las sucesivas reformas. "Durante siglos fue el único paso del río en la ciudad y a lo largo de su historia ha experimentado sucesivas intervenciones debido por un lado a los numerosos desperfectos que causaban las crecidas del Duero y por otro al gusto estético del momento", ha explicado el geógrafo e historiador Fernando Prada. Del mismo modo, alude a episodios en los que el viaducto, más que testigo, fue casi un protagonista de la historia.

La rehabilitación abre de nuevo el debate sobre la posibilidad de reponer las torres

De hecho, jugó un importante papel en la guerra de sucesión de Enrique IV. "Gracias al grito dado por Valdés y Mazariegos desde sus torres –Zamora, por Isabel y por Fernando– se decidió la suerte de España y puso en la cabeza a doña Isabel la Católica la corona de Castilla", explica en el libro Prada Antón, que recuerda que en 1493 los Reyes Católicos concedieron a la ciudad 300.000 maravedís para reparar el puente.

Disputas bélicas y crecidas motivaron también en los siglos siguientes la reparación del que fue el único viaducto sobre el Duero de acceso a la ciudad hasta el año 1900. Como ejemplo del primer caso, se puede citar la destrucción de un tramo cercano a Cabañales para evitar el paso a la ciudad por el Puente de Piedra en la Guerra de la Independencia. Del segundo hay ejemplos en los sucesivos siglos de grandes avenidas de agua que afectaron a la estructura del puente y obligaron a su rehabilitación y su refuerzo en los tajamares.

El avance de la rehabilitación es laborioso porque hay que atonar la piedra del pretil

Aún así la piedra del viaducto ha resistido el paso del tiempo y el tono que ha adquirido con el avance de los siglos es el que se quiere dar ahora al nuevo pretil, para que apenas se diferencie al del resto de la estructura. Para ello, ha sido necesario instalar una compleja estructura de andamio que se descuelga por la pared del puente con el fin de que los restauradores evalúen desde el exterior sin riesgo las condiciones que debe tener la nueva piedra del pretil, cuya fábrica y colocación resulta laboriosa. "Es una obra bastante compleja, no es solo poner una piedra y otra", advierte Somoza.

Lo cierto es que piedra a piedra, el viaducto románico está a punto de concluir una nueva etapa en su vida, con la recuperación de parte de su idiosincrasia en forma de murete y el debate de las torres sobre la mesa.

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