Inmersión lingüística y cultural

Naara Rodríguez Hernández regresa tras su experiencia educativa en Canadá con la beca Amancio Ortega

Con la mascota del equipo del instituto, los Gators. | Cedida

Con la mascota del equipo del instituto, los Gators. | Cedida

Beatriz Blanco García

Beatriz Blanco García

Naara Rodríguez Hernández es una de las zamoranas que este curso ha podido disfrutar de una beca de la Fundación Amancio Ortega. Su destino para estudiar 1º de Bachillerato ha sido la localidad de Cambridge Station, en Nueva Escocia (Canadá). Con solo 700 habitantes, es mucho más pequeña que Benavente, donde reside y estudia, en el colegio San Vicente de Paúl.

Los nervios de los primeros días se evaporaron en poco tiempo y, una vez que se acostumbró a horarios y comidas —"mucho menos saludables que en España", apunta— ha disfrutado de cada experiencia, comenzando con las que ha compartido con su familia de acogida y su "host sister" alemana, con la que compartía casa. "Muchos fines de semana, si no hacía mucho frío, nos íbamos al bosque o a la montaña a dar un paseo, también a cenar a algún restaurante o ver películas", pone como ejemplos.

Avistar ballenas

Además, ha podido cumplir con uno de sus sueños: avistar ballenas, una de las excursiones que más ilusión le hacía desde que supo el destino que le había tocado. En este curso, ha aprendido muchísimo de la cultura canadiense y de su gastronomía. "Algunas de las nuevas comidas que he probado han sido el "poutine", una comida típica canadiense que consiste en patatas fritas con salsa de carne y bolas de queso. Y también he probado la carne de alce", describe.

La alumna del colegio San Vicente de Paúl (tercera por la izquierda), con compañeros en una excursión. | Cedida

La alumna del colegio San Vicente de Paúl (tercera por la izquierda), con compañeros en una excursión. | Cedida / B. Blanco García

De lo que también confiesa que ha disfrutado es de la nieve: ha esquiado por primera vez, ha patinado en un lago congelado, ha hecho muñecos de nieve, se ha tirado en trineo y ha visto partidos de hockey "principalmente del equipo del colegio, pero también del universitario e incluso uno profesional".

Diferencias notables

Por lo que respecta al sistema educativo, las diferencias entre España y Canadá son más que notables. "Hay más libertad para elegir asignaturas e incluso se pueden coger de otros cursos. Además, los centros son menos estrictos con los móviles y la comida en clase y es común ver a los compañeros utilizando el teléfono en clase o con un café o unas patatas fritas encima de su mesa", explica.

En su caso, ha cursado Matemáticas, Historia Canadiense, Biología, Inglés, Economía, Yoga Sociología y Música. Estas tres últimas han sido sus favoritas. "Música me pareció muy entretenida, porque nos dedicamos principalmente a tocar y no había muchos deberes ni exámenes. También hemos tenido la oportunidad de ir a tocar a varias residencias de ancianos y de hacer un pequeño concierto para nuestras familias", señala.

En la nieve, donde más ha podido disfrutar. | Cedida

En la nieve, donde más ha podido disfrutar. | Cedida / B. Blanco García

Esta inmersión total en el día a día canadiense le ha ayudado a mejorar mucho su inglés. "Cada vez me sentía más cómoda con el idioma y me resultaba más natural. Ya no tenía que pensar en cómo traducir lo que quería decir y podía hablar y escribir directamente, sin tener que pensarlo. Aun así, otros estudiantes decían que tenía un acento muy fuerte y hay veces que nos les entendía", confiesa.

Estudiantes internacionales

Por otra parte, no se sentía una extraña en el instituto, pues es normal que haya estudiantes internacionales —doce en el primer semestre y ocho en el segundo—, aunque reconoce que hacer amigos canadienses "no es nada fácil", aunque no se sintió sola nunca.

Con su madre de acogida y la estudiante alemana. | Cedida

Con su madre de acogida y la estudiante alemana. | Cedida / B. Blanco García

En definitiva, una experiencia que recomienda a todo el que tenga oportunidad. "Es una buena manera de conocer personas y costumbres de otros países, mejorar el inglés y aprender a ser más independiente y responsable", resume. Personalmente, considera que este curso le ha hecho "cambiar para mejor. El hecho de estar fuera de casa hace que te puedas mirar a ti mismo y a tu país desde otra perspectiva y darte cuenta de cosa que siempre habían estado allí. Vivir lejos de España también me ha hecho apreciar mucho más la comida española y apreciar lo afortunada que soy de tener a mi familia cerca", agradece.

"Definitivamente, es una experiencia por la que estoy muy agradecida y no me arrepiento de haberla vivido", concluye.

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